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La Crisis del Arranque del Sexenio y la Corrupción Añeja

Miércoles, 09 de Enero 2019 - 14:30

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Enrique Rodríguez-Cano Ruiz

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Debemos seguir tres reglas: No mentir, no robar, no traicionar al pueblo.

Andrés Manuel López Obrador.

 

A cuarenta días de que arrancó el sexenio, existen más baches de los que hay en las carreteras federales, ni en la superficie lunar. Claro, se formaron desde la larga transición en que las ideas del presidente —que predijo hasta la saciedad en su campaña— crearon tanta incertidumbre, cuando menos en el círculo social que frecuento. Analistas políticos también lo cuestionan.

El tema del aeropuerto de Texcoco y las consultas sacadas de la manga; los despidos de tanto empleado; el estilo despectivo cómo se refiere el presidente a sus adversarios y ahora, el desabasto de gasolina produce desconfianza. La fatalidad también ha contribuido, como fue el caso de los terribles sucesos en Puebla.

Con el presidente Zedillo también tuvimos una crisis mayúscula por el llamado “error de diciembre” y la afectación económica fue severa. Sí no hubiera sido por el multimillonario préstamo de 50 mil millones de dólares que pudieron negociar, las cosas hubieran sido peores. Desde entonces el servicio de la deuda sigue afectando nuestra economía por ese “error”.

Así pues, este país tiene suficiente experiencia en las crisis de los cambios sexenales y de ello habrá que aprender. Transcribo lo que encontré:

Adolfo Ruiz Cortines tuvo que enfrentarse a la división del grupo en el poder, cristalizada en la disidencia de Henríquez Guzmán, y a la impopularidad ocasionada por el gobierno alemanista. Además de haber dado muestras de autoritarismo, se había desprestigiado por la corrupción y el enriquecimiento de sus funcionarios, desarrollados como empresarios, en tanto que el alto costo de la vida afectaba a las clases trabajadoras”

“Ruiz Cortines trató de implantar mejoras sociales y su política se inclinó por la austeridad. Llevó a cabo además una campaña de moralización para contrarrestar la corrupción del sexenio anterior. También se modificó el artículo 28, para sancionar con severidad a los monopolios de productos de primera necesidad. Con el fin de combatir la inflación y sanear las finanzas públicas, se llevó a cabo un recorte en el gasto público. La política de control de comercio y austeridad dio lugar a que en 1953 los empresarios mexicanos, al sentirse descontentos, sacaran sus capitales del país. Por este motivo, a principios de 1954 Ruiz Cortines modificó su política para generar confianza en el ámbito de la iniciativa privada”.

Don Adolfo, viejo zorro, aprendió y puso en marcha el desarrollo estabilizador. Los mexicanos vivimos un buen periodo de crecimiento hasta que volvimos “a disfrutar” de la corrupción galopante del sexenio de Enrique Peña Nieto. La población se indignó —la democracia funcionó— y Andrés Manuel fue electo presidente.

Así pues, el cambio de régimen está en marcha y con el tiempo, la sensatez y la inteligencia ganarán y habrá ajustes y cambios. ¡Eso espero!

Cualquier similitud con lo que enfrentó don Adolfo al principio de su sexenio parece que se repite ahora, con Andrés Manuel, quien está convencido de lo que dice y hace. Ofreció combatir la corrupción y al parecer, con el asunto del desabasto de gasolina se decide a enfrentarla sin miedo. No sé si es la mejor manera, pero por lo que escuché de un especialista el cierre de los ductos es la forma para saber dónde hay fugas y acabar de una vez por todas con ese problema. No había de otra.

En Pemex, la corrupción estuvo presente en todas sus modalidades; desde aviadores; sueldos gigantescos para sus funcionarios, prebendas para sus empleados y todo permitido por un “sindicato modelo”: nadie lo podría haber inventado mejor: una auténtica cueva de ladrones. ¿Quién lo duda?

Ahora se descubre lo que por años y años se conoce: el robo del combustible, el cual se hizo un magnífico negocio debido a la inmensa alza del precio de la gasolina que se aprobó el sexenio anterior—por el impuesto— y el monto de lo que se roba es impresionante. Ahora el gobierno decide enfrentarlo y tendremos que sufrir un rato las consecuencias de tanta ratería y descuido. ¿Habrá quién —de altísimo nivel— se vaya a la cárcel?

Por supuesto que hay otras dependencias en dónde no cantan mal las rancheras: el IMSS, por ejemplo, ha sido otra cueva de rufianes y sí le rascamos, en todas las dependencias públicas hay corrupción. No se diga en las licitaciones de obra pública y sobre todo en la asignación directa de los contratos, en donde el reparto de utilidades es por adelantado.

Así, la lucha contra la corrupción va a ser larga y fastidiosa. Lo que si es cierto es que no basta una conferencia de prensa mañanera para tenernos bien informados y Jesús Ramírez Cuevas —el vocero— se va a tener que aplicar. Gobierno que sin mentira informa, se aplaude.


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Número 26 - Febrero 2019
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