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La ciudad desierta

Lunes, 23 de Noviembre 2015 - 17:00

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Juan Francisco Hernández

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De Bruselas podría decirse lo mismo que Alfred Döblin escribió sobre Berlín: es una ciudad nada poética, de poco color, pero muy verdadera. La, así llamada, capital de Europa, en nada se parece a las ostentosas capitales europeas. Aunque posee grandiosos monumentos, no es en ellos donde radica su atractivo. Hay algo más. El apagavelas de la imaginación, como la llamó Charles Baudelaire, es una ciudad inabarcable, repleta de rincones y de rostros insólitos.

Lo cierto es que, con el tiempo, Bruselas ha llegado a gustarme.

Las calles de Bruselas siempre me han parecido desordenadas y un poco sucias. Bruselas es una ciudad de rostro extraño. Todavía, a pesar de haberla recorrido cientos de veces, no he conseguido definir su atmósfera. Desde hace algunos años hago street photography en sus calles. Sus múltiples paisajes urbanos y la diversidad de los seres humanos que la habitan, la hacen ideal para mi propósito: contar historias en imágenes; convertir instantes reales en realidades distintas.  

El viernes pasado, asoladas por el miedo, esas calles extrañas de la ciudad se quedaron desiertas. Y no es para menos, después de ver lo que el Estado Islámico hizo en París y en Beirut, con sus brutales atentados terroristas. Con sus brutales asesinatos.

Bélgica está en Alerta 3 y Bruselas en Alerta 4, la más alta para estos casos. La policía y el ejército no sólo patrullan las calles de Bruselas, sino que buscan terroristas por todo el país.

Algunas reflexiones acerca del terrorismo.

El terrorismo, lo sabemos, es una forma de utilizar el miedo con fines políticos. Pero, ¿qué es, en concreto, lo que estos terroristas buscan? Hasta donde entiendo, el califato de este, autonombrado, Estado Islámico, busca el apoyo de todos los musulmanes del mundo para que juren lealtad a su líder y, juntos, sean capaces de romper las fronteras entre Líbano y Jordania para, así, liberar a Palestina.

Los orígenes del terrorismo, como ahora lo conocemos, parece estar en la etapa jacobina de la Revolución Francesa, cuando se ejercía un terrorismo de estado que exhibía la violencia como una forma de gobernar sin reestricciones (tan sólo hay que leer el libro Fouché, el genio tenebroso, de Stefan Sweig, para comprender el terror que se vivía en aquella época).

Terroristas más contemporáneos fueron los marxistas del siglo XIX. Aquellos que llevaban la bandera de la revolución proletaria y que terminaron con la Rusia zarista.

Lo que hace muy peligroso al terrorista es que siempre cree tener la razón. Tiene la seguridad de que sus actos están llenos de pureza y de justicia (muchas veces divina) y utilizan la muerte de personas inocentes o de personas que consideran culpables, para poner un ejemplo al gobierno y a la sociedad. Para ellos, como dijo Nicolás Maquiavelo, el fin justifica los medios.

Muy grave es cuando los terrorista creen, además, que sus actos los salvan. Y que esa salvación proviene de su religión, que suelen interpretar de acuerdo a los intereses de su causa. Las religiones infunden miedo (miedos de todo tipo, incluyendo el terrible miedo a la condena eterna). La religión o la religión falseada, cobija a estos terroristas bajo sus alas, y no sólo justifica sus actos, sino que los impulsa a hacerlos. Matan por algo más grande que ellos, por eso también pueden matarse ellos mismos; suicidarse, inmolarse.  

Los terroristas buscan debilitar, resquebrajar la moral de la población para que ésta presione a su gobierno a ceder a sus demandas. O bien quieren, mediante sus prácticas, desprestigiar al Estado frente a la sociedad.

Pero vuelvo a Bruselas.  

Hoy es el tercer día que Bruselas cierra el transporte público y las escuelas. Que se recomienda a las personas que se queden en sus casas. A los que vivimos en Bélgica, aunque no estemos en la capital del país, nos han dado una serie de recomendaciones. Se dice que los servicios de Inteligencia han logrado obtener información sobre atentados inminentes. Quizá lo han conseguido mediante la captura de algunos yihadistas. Se dice también que que no sólo en el barrio de Moleenbek hay yihadistas (los yihadistas constituyen la rama más violenta y radical de los grupos terroristas del islam), sino que están en todo el país. Al parecer, Bélgica es un nido de terroristas.  

Los musulmanes de Francia ya se han pronunciado en contra de estos grupos extremistas. Sería absurdo pensar que el islam promueve el crimen, el asesinato. Conozco algunos musulmanes que tienen negocios o que atienden restaurantes a los que suelo ir. Tengo estudiantes musulmanes. Todos ellos, personas buenas. No sería justo generalizar. No son los musulmanes, sino una minoría de musulmanes, los terroristas. No hay religiones asesinas, lo que hay es asesinos en todas las religiones.

Europa está amenazada. El mundo también. Vivimos una disimulada angustia.

Tenemos miedo a quienes no tienen ningún respeto por la vida humana. El miedo, escribió José Antonio Marina, es una anticipación del peligro. Y el miedo genera angustia (Gobrowicz decía que la angustia es el miedo irracional a algo que no se conoce). El problema con los terroristas es que, igual que Hidra, el monstruo acuático de la mitología griega (al que cada vez que se le cortaba una cabeza, le salían otras dos) los grupos terroristas parecen multiplicarse, a medida que se les detiene.

No se habla de esto todo el tiempo. Afuera de Bruselas, las personas hacemos nuestra vida con relativa normalidad. Salimos a trabajar. Llevamos a nuestros niños a la escuela, a pesar de que hemos escuchado que las escuelas, los hospitales, el transporte público y todos los lugares concurridos, han sido amenazados por el Estado Islámico.

¿Y qué nos queda? Cuidarnos y tener valor.

Porque, como dice Marina: debemos comportarnos valerosamente, a pesar del miedo que sentimos.

Y es que en eso consiste, quizá, la dignidad humana.

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Bibliografía

Siete preguntas para entender qué es el Estado Islámico y de dónde surgió, El Mundo, 16 de noviembre de 2015.

Anatomía del miedo, José Antonio Marina, Ed. Anagrama, 2009. 


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