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La astucia de Manlio

Martes, 02 de Febrero 2016 - 17:30

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Guillermo Vázquez Handall

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En un ejercicio de comparación en el cual se tienen que considerar una gran cantidad de factores como la experiencia, la madurez, la eficiencia y la inteligencia, entre otros, en el balance Manlio Fabio Beltrones destaca como el político más completo de la actualidad nacional.

Prueba fehaciente de ello ha sido la postura de rechazar aparecer en los spots publicitarios institucionales que corresponden al partido que preside, a diferencia de Andrés Manuel López Obrador, de Morena; de Ricardo Anaya, del PAN, y de Agustín Basave, del PRD, Beltrones se niega a utilizar este mecanismo publicitario para su beneficio personal.

No hay argumento de tipo legal o político que se lo impida, es una decisión individual calculada que claramente persigue un objetivo que va más allá de su justificación, desde que asumió la presidencia del PRI, lo que automáticamente lo convirtió en precandidato, se comprometió públicamente a ser árbitro, no jugador.

Beltrones explica que el aparecer en los spots de su partido implicaría una ventaja sobre los demás aspirantes priistas a la candidatura por la presidencia de la República.

Por esa razón, de acuerdo a su compromiso inicial, establece que no será él quien genere condiciones de rompimiento, toda vez que es a él por su posición a quien le corresponde la obligación de mantener los equilibrios, el piso parejo.

A pregunta expresa de varios miembros del equipo de Radio Fórmula, entre ellos Eduardo Ruiz Healy, en el marco de una comida celebrada hace dos semanas, Beltrones se descartó como aspirante presidencial.

Sin embargo, esa evasiva es simplemente parte de una estrategia diseñada con antelación que comprende tiempos y espacios; no puede ser un descarte definitivo, como muchos lo han querido ver.

Fue Eduardo Ruiz Healy quien se lo planteó, que en todo caso no será precandidato formalmente mientras sea presidente del PRI, pero una vez llegado el momento, dejará de serlo para poder en posición de competir y obtener la postulación.

Por supuesto que Beltrones coincidió en lo que Ruiz Healy señaló, anhela la candidatura presidencial, trabaja para ello, con pragmatismo y astucia, con dominio del escenario y la coyuntura.

No se adelanta, respeta la ruta que él mismo ha trazado para lograr el objetivo; enseña gran pericia, tanto en su desempeño como en el cálculo de los riesgos y la competencia.

Beltrones comprende que hoy su obligación fundamental como presidente del PRI es ganar la mayor cantidad de gubernaturas de las trece que se disputan este año; esa circunstancia será su hoja de evaluación. Ya ganó la primera, Colima, aunque haya sido en repetición. Cuenta en su favor.

En este momento lo importante es fortalecer su posición hacia dentro del sistema priista, con resultados electorales y, derivado de ello, lograr un liderazgo auténtico.

Su objetivo primario es acercarse y convencer a las estructuras, a las de todo el país y, adicionalmente, a los liderazgos estatales y nacionales. Las campañas políticas son, sin duda, el mejor elemento para hacerlo.

Difícilmente los demás aspirantes, sus rivales, desde el gabinete federal o las gubernaturas, tendrán oportunidades de este tipo y tamaño para hacer algo siquiera similar en sus encomiendas actuales, y eso de suyo es una gran ventaja.

Precisamente por ello, desdeñar aparecer en los spots no quiere decir que no valore el impacto publicitario positivo que eso conlleva; sin embargo, en la estrategia no es el momento propicio para ello.

De entrada esa actitud lo coloca como un político de estatura, lo diferencia y en la comparación sale ganando, pero eso no solo obedece a una conducta profesional irreprochable, también es la esencia de su estrategia.

Más aún cuando hacer lo contrario seguramente provocaría rechazos y una escalada de grillas palaciegas, a las que evidentemente rehúye, porque en el ambiente cortesano de Los Pinos eso lo pondría en desventaja, no da, pues, motivo para la queja.

Lo que Beltrones quiere es lograr apoyos de abajo hacia arriba, para que cuando llegue el momento de la determinación final, su posicionamiento y fuerza sea mucho mayor a la de sus competidores.

En todo caso, su descarte anticipado es una forma de mantenerse al margen sin renunciar a su aspiración, es la expresión más pura de la institucionalidad más ortodoxa del priismo.

Se trata de convertirse en el candidato necesario, con base en alianzas internas y la simpatía de las bases, a los resultados en el desempeño; no hay nada que emocione y convenza más a los priistas que ganar elecciones.

Independientemente de lo que termine por suceder, de eventuales imposiciones, quien mejor ha definido la planeación de su aspiración para la postulación presidencial priista es Manlio Fabio Beltrones.


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Número 32 - Agosto 2019
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