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Inicia el pejemandato

Jueves, 29 de Noviembre 2018 - 14:35

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El Oso Travieso

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Convive en casa una agradable personita que a sus 63 años ha logrado un desarrollo intelectual calificado con la edad de 7 años. Su discapacidad se debe a una hipoxia perinatal y hoy vive la mejor temporada de su vida, asiste a una buena escuela adecuada, hace sus tareas, dispone en su recámara de suficientes comodidades que le dan una vida tranquila dentro de lo que es posible.

Por temporadas le llegan ciertas obsesiones que acomoda a su mentalidad y la mantienen ocupada., v. gr. Su fijación actual se centra en un par de focos de alumbrado público que se activan por medio de sensores de luminosidad ambiente, su diferente orientación hace que el encendido o apagado no sea simultáneo; su activación, sin la intervención evidente de persona alguna, es inexplicable para ella, por lo que deduce que es su intención la que mantiene el encendido o apagado de los focos, largos momentos del amanecer o del atardecer permanece observando dichos focos hasta que por fin, gracias a su concentración mental y al envío de la orden telepática, el foco se apaga (o se prende) y entonces deja su estado contemplativo y puede dedicarse a otra cosa.

No hay razonamiento que le cambie la idea, esa es la verdad y a ella sujeta su accionar. Es la deducción más brillante que su limitado intelecto le permite elucubrar. Esa es su verdad y se adhiere a ella con sinceridad y fanatismo dignos de mejor causa.

A nuestro señor Pejidente le pasa algo similar.

De la misma manera que la niña elabora en su mente su propia realidad y ésta tiene toda la validez para ella ya que su capacidad intelectual y los pocos conocimientos que ha logrado asimilar no pueden dar más, ni lo podrán en el futuro, así el señor Peje, con la capacidad intelectual que le dio para titularse a los catorce años de estudios superiores con una decisión de jurado hecha más por humanidad que por unanimidad, aunada a una soberbia que al subirse a un ladrillo se marea y quién sabe que estragos puede causar en un puesto tan alto como el que hoy ocupa; trabaja también la caja de resonancia de sus fieles, reforzados por los infieles provenientes de otras ideologías, y que le ayudan a considerarse un mesías, un dios más del olimpo con la vacante del guardia presidencial que debería soplarle al humo de las antorchas y decirle al oído: “Pejecito, así pasa la gloria de este mundo”.

Esta euforia le impide ver la realidad del hartazgo de la impunidad y corrupción, de la ineficiencia y burrocracia del gobierno, de la lentitud de la justicia, de la desigualdad creciente, y de todos los conceptos que manejó en campaña y contra los cuales se pronunció, a los que nunca ofreció solución viable pero que le fueron muy útiles como paradigma en contra de todo lo que rechaza el pueblo y generadores de votos.

No señor, no fue su personalidad, ni su programa de gobierno, ni su equipo lo que lo llevó a la primera magistratura, fueron el hartazgo y el engaño al pueblo de que usted era la solución.

Hoy se ve precisado a hacer crecer las mentiras o inventar nuevas, corrompe encuestas para presentar la opinión de sus incondicionales como la opinión del pueblo, acusa a los constructores del aeropuerto en Texcoco de corruptos y trata de coludirse con ellos sin demostrar su corrupción, que con lógica no existió,  y ofreciendo una especie diferente de soborno a empresas que tenían un futuro asegurado con trabajo para el gobierno y que se ven cesadas por tiránico capricho forzadas a aceptar lo que les de cierta vitalidad mientras van retomando rumbo en esta nueva realidad.

No veo futuro promisorio para nuestro país con este gobernante, creo que lo mejor que podemos hacer es tratar de minimizar el daño que nos va a hacer, concientizando a la mayor cantidad de personas de rechazar lo mucho malo que trae y apoyar y sacarle todo el jugo posible a las acciones anticorrupción que anuncia, evidenciando las que incurra el mismo gobierno y esperar de el buen Dios no se olvide de nosotros.



Número 28 - Abril 2019
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