Se encuentra usted aquí

Hiel y Miel: De la "bella indiferencia" que padece todo México

Viernes, 06 de Febrero 2015 - 17:30

Autor

tere_vale.jpg
Tere Vale

Compartir

Pocas cosas me molestan más en la vida que los juicios facilones sobre cualquier cosa. Las opiniones superficiales, en blanco y negro, maniqueas y sin matices son el pan nuestro de cada día, en y para buena parte de esta sociedad aquejada de analfabetismo funcional generalizado. Y digo todo esto un poco (o un bastante) cansada de las descalificaciones sin ton ni son a la clase política. El rechazo a los gobernantes o legisladores, el llamar a todos ellos rateros, ineficaces o “guevones”, realmente me descompone. Y ya se que esto que digo me acarreará criticas e insultos por atreverme (dirán muchos) a defender lo que consideran indefendible. Obviamente hay políticos (como psicólogos, plomeros, vendedores de aspiradoras o empresarios) rateros, ineficaces y “guevones”…claro que sí, pero no todos, ni tampoco la mayoría. Los mexicanos queremos políticos de primera y eso requiere que seamos todos ciudadanos de primera, ¿en verdad lo somos?, bueno…¿siquiera estamos interesados en serlo?. Y como la indignación está de moda, pues yo también estoy indignada…estoy cansada de la manipulación que han sufrido y sufren los padres de Ayotzinapa, harta hasta la saciedad de la CETEG y sus desmanes consentidos por todos, asqueada del discurso elemental de los que culpan de todo al gobierno o mejor aún al presidente Peña, estoy cansada hasta la nausea de que nos regocije el desmadre, la falta de respeto a las instituciones, hastiada de los necios niños del POLI que siguen y siguen con sus tomas de instalaciones y demandas absurdas en vez de ponerse a estudiar, harta de los que se oponen a todo pero no proponen nada, de los que hablan a favor del “pueblo” mientras lo utilizan, de los “actores comprometidos” que opinan a partir de su ignorancia que todo en México está mal y eso los regocija, de los pomposos académicos que señalan lo pésimo que se está gobernando pero hacen poco por avanzar. En fin, estoy rebasada por la ignorancia, la maldad y la superficialidad. ¿No sería más bien hora de que nos pusiéramos a trabajar?. Y conste que digo esto después de haber atravesado estos últimos dos años por dificultades enormes para hacer sobrevivir a mi pequeña empresa. No, nadie me ha comprado y a lo largo de mis más de 60 años de vida nunca he dejado de trabajar incansablemente ni de ganarme la vida honestamente. No, no me paga Peña por decir esto, ni soy priísta (por cierto el señor César Camacho me parece muy escaso de luces y me molesta bastante su colección de relojes de 70 mil dólares y por si fuera poco me parece muy limitado su director de Comunicación Social). Yo como ciudadana tengo derechos, pero también tengo obligaciones políticas, y quizá la más importante de ellas es contribuir a la democracia y la libertad, ¿lo estamos haciendo los mexicanos en alguna medida?. Pareciera que a eso que llaman algunos “pueblo” no le preocupa ni los derechos humanos, ni el hambre, ni la miseria, y bueno…ni la injusticia ni la violencia. México, diría Freud, padece de la “bella indiferencia” y casi nada nos conmueve ni nos remueve más allá de los desagradables gritos histéricos. Muchos son tan ignorantes y estúpidos que se proclaman “apolíticos” o mejor aún “antipolíticos” como si serlo fuera un blasón a mostrar. El desprecio por la política es propio de los salvajes, de los que sueñan con vivir en un episodio perpetuo de Juego de Tronos, donde la barbarie y los cuchillos están por encima del diálogo, las propuestas y los consensos. Todos los que se ufanan por detestar a la política, no merecen llamarse ciudadanos, por que los gigantescos problemas de cualquier país solo pueden enfrentarse con instituciones fuertes que construyamos y apoyemos entre todos para salir adelante. Muchos políticos son un asco, sí…pero muchos ciudadanos también…Y para que se me baje el coraje mejor ahí les va la recomendación de la semana: si se les antoja una deliciosa comida francesa no dejen de visitar Arturo's en Cuernavaca 68, Col. Condesa. La atención personal de su dueño Arturo Cervantes, es exquisita y el menú tentador y delicioso. La decoración es sobria y elegante y la sopa de cebolla, la trucha con almendras tostadas y el Mousse de chocolate belga, son inolvidables. Desde luego hay una pequeña y agradable terraza para fumar. Vayan. Besitos a los niños, que espero lleguen a ser unos buenos ciudadanos…tan tan.


Leer también


Número 33 - Septiembre 2019
portada-revista-33.jpg
Descargar gratis

No te pierdas ningún artículo

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER