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Groucho Marx y AMLO

Jueves, 11 de Abril 2019 - 13:25

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Jaime Guerrero Vázquez

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Se atribuye a Groucho Marx aquella frase que reza: si no le gustan mis principios, tengo otros. Haciendo un símil, el presidente López Obrador podrá decir: si no me gustan las cifras de las variables económicas, tengo otras. Y lo más curioso es que tiene tela de donde echar mano para hacerse un traje nuevo, como el de aquel emperador de Andersen.

Desde que se puso de moda hablar de la economía, de sus variables, de los vaivenes de la situación mundial, los medios se han acostumbrado a medir la marcha de la economía con variables objetivas, pero que no muestran un panorama completo. Las mediciones exponen promedios, tendencias generales, pero en general omiten algunos detalles.

En esta idea, se dice que México ha tenido un crecimiento mediocre en las dos últimas décadas. Es cierto. Los optimistas dirán que otros países entraron en crisis muy graves durante este periodo: Argentina, Brasil, Grecia, etc. Los pesimistas señalarán que el país tiene potencial para crecer más y que la culpa la han tenido los gobiernos. AMLO está en este grupo y culpa concretamente a la corrupción de priistas y panistas de la falta de empuje económico.

Lo cierto es que el mediocre crecimiento mexicano ha soslayado algunos datos menores para los analistas económicos, mas no así para el grueso de la población: 1) el crecimiento de las grandes fortunas ha sido muchas veces mayor al de la economía en general. ¿De dónde viene esa riqueza?, ¿de lo visionario de los capitalistas en México? 2) el poder adquisitivo de los salarios se ha reducido drásticamente, a pesar de que los trabajadores laboran más días y horas que en el resto de los países de la OCDE. 3) la canasta básica se ha mantenido sujeta a una inflación leve en los últimos 20 años, pero lo cierto es que ciertos productos han disparado su costo y han desaparecido del consumo de grandes sectores poblacionales. Todo esto se sabe, pero se comenta poco a la hora de hacer los grandes análisis económicos.

A la hora de que le fallen los números a López Obrador (y fallarán) sacará a colación todos estos datos para ofrecer una nueva manera de medir, ya no el “crecimiento económico”, sino el “desarrollo socioeconómico del país”. Dirá que su política de distribución de grandes cantidades de dinero entre sectores sociales necesitados les ha dado otra perspectiva, que el adelgazamiento de los gastos de la burocracia ha quitado privilegios y liberado recursos y que sus grandes obras posibilitarán el engrandecimiento del país. Se mezclarán datos, promedios y políticas para acceder a otras variables mensurables.

Si el crecimiento del PIB no es ni siquiera del 1.5 en este año, echará mano de un nuevo índice; si la inflación sube por encima del 5% (cosa poco probable, por lo demás) o un producto básico se encarece, lo exhibirá en la mañanera y su gobierno entrará al mercado para abastecer el o los productos caros; si PEMEX pierde su calificación, desdeñará a las calificadoras y pondrá sus propios números. Las estadísticas pueden decir lo que convenga. Casi todo.

El presidente podrá decir, de la mano de G. Marx: “A quien va usted a creer, ¿a mí, o a sus propios ojos?”


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Número 29 - Mayo 2019
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