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Está más cerca el fascismo que la revolución

Jueves, 13 de Noviembre 2014 - 17:30

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Héctor Barragán Valencia

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Es alarmante la descomposición de la vida política en México. La desconfianza y el descrédito manchan al jefe del Estado en los albores de su gobierno, como lo revela el escándalo de su Casa Blanca –cuyo valor no corresponden a los ingresos del funcionario y su esposa– que, para alentar las sospechas, está a nombre de una de las empresas que habían ganado el megacontrato público para construir el tren rápido de las ciudades de México a Querétaro, pero que ante el presunto caso de corrupción fue revocado en aras de transparencia. ¿Qué va a hacer el presidente para sacudirse tamaño lastre que dificultará la gobernación? A la vez, el gobierno tolera la violencia –que va en aumento– de grupos radicales, en menoscabo de su uso exclusivo y legítimo por parte del Estado. ¿Son síntomas de descomposición, que anteceden al colapso?

Pero claro, lo que vemos viene de atrás, tiene causas profundas. La estrategia guerrera contra las drogas ilegales hizo crisis en Iguala y en Tlatlaya, donde parece emerger un nuevo patrón que explicaría, al menos en parte, el incontable número de víctimas de esa guerra que se perdió y terminó de podrir a México: criminales y cuerpos militares o policiacos matan a mansalva a quienes les parecen sospechosos. En un Estado que perdió el uso legítimo de la fuerza los bandos rivales (fuerzas públicas y delincuentes) hacen suya aquella orden de Porfirio Díaz a Luis Mier y Terán de “Mátalos en caliente”, con la que sofocó a una rebelión de leales a Lerdo de Tejada, y que a la postre gravitó en el fin del Porfiriato. Los daños van más allá: como es bien conocido, el poder económico de las mafias compró o amedrentó a gobernadores yalcaldes, con lo que se destruyeron las frágiles instituciones provinciales.

Cierra este círculo perverso el uso de la ley y de los presupuestos públicos para favorecer a los amigos del gobierno en turno. He aquí las causas que socavan la cohesión social y la paz. ¿Qué sigue? Algunos creen que viene la revolución, pero en momentos de incertidumbre y temores por la integridad personal ocurre lo contrario: la gente clama paz y seguridad, lo que da pie a las sediciones militares y a dictaduras. Dos datos parecen señalar hacia tal dirección: el Gabinete de Comunicación Estratégica revela en una encuesta que 74% de los mexicanos repudia las manifestaciones violentas en protesta por los 43 desaparecidos. El otro es el dicho del líder de las juventudes del PRI, Luis Adrián Ramírez Ortiz, quien en alusión a las protestas dijo que esas bestiasno merecen vivir. El fascismo está más cerca que la revolución. Sin un golpe de timón de las elites perecerá nuestra defectuosa, pero preferible democracia.


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Número 33 - Septiembre 2019
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