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Esa novela policiaca llamada “El Chapo”

Lunes, 13 de Julio 2015 - 17:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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Como un defecto indeseado de la fuga de Javier Guzmán, alias El Chapo, se ha dado rienda suelta a la imaginación y malos deseos de personajes de diversos orígenes. Desde aquellos que absurdamente señalan que “el pacto” entre Peña Nieto y El Chapo no se cumplió, por lo que el capo decidió fugarse (Edgardo Buscaglia) hasta aquellos que quieren darle las gracias por exponer de “un plumazo” la corrupción (obispo Raúl Vera). Más allá de estas interpretaciones, que abundarán en los próximos días, es importante tener en cuenta:

1.- La fuga del Chapo sí es un golpe en lo personal para el presidente Peña Nieto. Y lo es porque fue el propio presidente quien así lo manejó en los medios, desde aquella declaración suya en la que señaló que sería “imperdonable” la fuga. También lo es por el hecho de que Guzmán es considerado el capo más importante del crimen organizado en el mundo.

2.- Sí, la fuga golpea de nuevo la credibilidad del gobierno en uno de los frentes que más había presumido: la captura de jefes criminales.

3.- Tiene razón el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) cuando atribuye a la corrupción la fuga. Algunos dicen que es probable que celadores y funcionarios del penal fueran amenazados. Detrás de la desconfianza para denunciar a las autoridades las amenazas, se esconde la desconfianza hacia ellas por la sospecha de que estén coludidas. Otra vez la corrupción. Si los pobladores notaron que sacaban camiones y camiones de tierra de una construcción y no dijeron nada es indiferencia, la clase de indiferencia que permite la corrupción.

4.- Pero no sólo es corrupción, también es irresponsabilidad. ¿Quién está encargado de los penales de alta seguridad dentro del entramado institucional de la Secretaría de Gobernación? Quien sea, ése se tiene que ir. No cumplió. ¿Quién más debe renunciar? El tamaño de la crisis lo dirá, pero lo peor es que el presidente Peña Nieto confirme en su puesto a todos los involucrados de antemano.

5.- El control de daños ha sido confuso, sin una cabeza visible y con medidas tardías y posiblemente inefectivas. El presidente Peña Nieto no puede hacerse cargo de la búsqueda del Chapo, a menos que nos declaremos inmediatamente una república bananera. Esa es tarea de un subsecretario o de un subprocurador experimentado y de esos hay pocos. Acaso de un mando militar, de los que hay muchos y no se aprovechan. Un mando militar fuera de toda duda, al que se le concedan amplios poderes.

6.- Con todo lo grave que es la fuga del Chapo, el gobierno no puede volverse monotemático. Hay muchos otros temas relevantes en la agenda que requieren atención: la gira presidencial, la Ronda 1, el volcán de Colima, etc. Como contaba Borges acerca de la inscripción en el anillo del Rey David: “también esto pasará”.

Foto: Cuartoscuro


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