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¿Es en serio que no podemos tener 11 que juegan bien fútbol?

Jueves, 12 de Septiembre 2019 - 12:35

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Enrique Fernández Martínez

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Hablar de religión, política y fútbol siempre es un enredo, pues cada quien ve lo que quiere e interpreta y adapta  a sus intereses,  cuando se habla de estos temas se entiende en su totalidad aquella frase de que cada cabeza es un mundo.

Desafiando a los que saben de fútbol…

¿Cuál es el problema de fondo de la selección nacional? 

¿Por qué van de lo sublime como aquel primer tiempo contra Alemania en el pasado mundial, al ridículo como la goleada con Chile o el último juego vs. Argentina?

Entrenadores y cuerpo técnico, psicólogos, etc., van y vienen y siempre en el momento clave, cuando se debe de tener la ambición y el objetivo claro, se cae de nuevo en la derrota y se dice los mismo y se hace lo mismo.

¿Cuál fue la diferencia de la selección nacional que ganó la medalla de oro en los olímpicos de Londres con todas las demás representaciones nacionales? ¿Por qué en ese momento se conjuntaron una serie de factores y jugadores que vencieron a Brasil en la final? No aprendimos de esa epopeya o de plano nos la creímos y de nuevo caímos en la inestabilidad.

Definitivamente existen muchos intereses en el deporte de las patadas, la mayoría poderosos y han logrado crear una liga que si bien no está en el top mundial si tiene su encanto, para algunos es mediocre para otros es competitiva, lo cierto es que es de las pocas ligas en el mundo en el que cualquier equipo puede llegar a ser campeón y no como otras en las que solo dos o tres equipos se reparten los títulos.

¿Será eso el fondo de la selección mayor? 

¿Es falta de sistema? ¿Exceso de política interna? ¿Conformismo de los que llegan a la selección? 

Somos un país de casi 130 millones de habitantes y ¿no podemos tener 11 que juegan bien fútbol? ¿Será que no sabemos hacer equipo y que en deportes individuales como el boxeo o los clavados estamos entre los mejores? ¿Tendrá que ver el complejo del cangrejo, que en lugar de ayudarnos jalamos de la pata al que está más arriba para estar todos abajo? ¿Será herencia de la conquista? 

O en definitiva no encendemos demasiadas veladoras o nos hace falta rezar más.

La selección ha sido motivo de estudio de expertos y especialistas y hasta el momento no contamos con una explicación satisfactoria que aclare la inestabilidad de un seleccionado que, también hay que decirlo, por lo regular es como una especie de equipo espejo que juega como lo juega el contrario, si el oponente juega bien juegan bien, lo hacen bien, pero si es un equipo al que se saben superiores, normalmente juegan horrible.

Este es un gran misterio sin resolver pero que está grabado en nuestra piel como mexicanos, porque el fútbol es mucho más que un deporte, es una válvula de escape de las tensiones sociales, cada fin de semana millones de pesos entran en juego en apuestas y pronósticos deportivos, es una cadena de consumo de bienes y servicios que genera empleo para muchos mexicanos y sobre todo alimenta el ego y el espíritu de fanáticos y seguidores. 

Pocas cosas elevan tanto el orgullo, el sentido de pertenencia a una ciudad o región como tener un equipo de fútbol que sea campeón. 

Quienes le van a un equipo que ha sido campeón entenderán perfectamente de qué les hablo.


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Número 33 - Septiembre 2019
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