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En Culiacán, no somos orangutanes que aplauden la violencia…

Lunes, 28 de Octubre 2019 - 12:30

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Enrique Fernández Martínez

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Culiacán fue el epicentro de la violenta reacción del cártel de Sinaloa por la detención de Ovidio, hijo del Chapo. 

Las causas del desastroso operativo es probable que nunca las sepamos, pues como es habitual en estos casos las fuentes de información oficial generan mucha información incierta, confusa e incompleta que aunada a la vox populi, al rumor y a la información generada en las redes sociales  se teje una madeja de verdades o mentiras a medias, así entre más tiempo transcurra menos verdad encontraremos.

Tuve la fortuna de vivir en Culiacán 21 años en los que pude ser testigo, muchas veces presencial de una gran parte de la historia de Sinaloa. 

Durante esos años me tocó vivir los cambios sustanciales que ha tenido Culiacán como la creación del Desarrollo Urbano Tres Ríos por parte del entonces gobernador Francisco Labastida, ese desarrollo cambió radicalmente la conformación urbana de la ciudad de Culiacán, evitó inundaciones terribles que se vivían en colonias como las quintas o la campiña, creó un nuevo malecón que desahogó gran parte del tráfico y le dio a la capital de Sinaloa una dimensión moderna, pues hasta antes del Tres Ríos la cuidad parecía atrapada en el tiempo.

Fui testigo de la creación del Centro de Ciencias, de los Festivales Culturales de Sinaloa que en su momento fueron reconocidos entre los mejores del mundo, estuve en la carretera a Mazatlán ese fatídico día en que el Ing. Maquío Clouthier perdió la vida en un accidente, fui partícipe activo de los grandes cambios que tuvieron los Tomateros de Culiacán a partir de 1995 de la mano de Juan Manuel Ley que ganaron series del caribe y muchos campeonatos pero sobre todo el ejemplo de los Tomateros fue copiado y adoptado por muchos equipos de la LMP y del los Saraperos de Saltillo en la LMB, eso revivió al beisbol en México, del enorme cambio de Coppel como una cadena de tiendas regionales al enorme emporio continental que es hoy y de como Sukarne, del empresario Jesús Vizcarra, brincó para volverse una empresa mundial…entre cientos de eventos más que dibujan el rostro del Sinaloa de hoy.

Conozco bien a la gente de Culiacán y son muy trabajadores, creativos, echados para adelante, que cuando se proponen algo lo consiguen, es una tierra con mucho talento, con gente muy valiosa. 

En Culiacán no hay esos complejos que tiene en otras partes. Todos somos compas, todos iguales, el que se dice tu amigo lo es y se asume como tal, allá aún existe el respeto a la palabra, un amor y un orgullo por el terruño como pocos, vivir en Culiacán no es malo, al contrario es una tierra de oportunidades, de avance, dicen los Culichis y con justa razón: Aquél que toma agua del río Humaya se enamora de esta ciudad.

Culiacán y Sinaloa en general han aportado una gran cantidad de talento en muchas áreas: 

Jared Borgeti, Los Tigres del Norte, Maquío Clouthier, Lola Beltrán, Pedro Infante, María del Rosario Espinoza, Cruz Lizarraga y su banda El Recodo, Francisco Labastida, Agustina Ramírez, Paul Aguilar, Enrique Alonso Cachirulo, Anaís, Yolanda Andrade, Rafael Buelna, Omar Bravo, Roberto Blancarte, Edgardo Coghlan, Alejandra de Cima, Espinoza Paz, Iván Estrada, Rodolfo Fierro, Ángel Flores, Genaro Estrada, Ana Gabriel, Laura Harring, Teodoro Higuera, Paty Navidad, Benjamín Hill, Ramón F. Iturbe, Roberto Jordán, Dr. Jesús Kumate, José Limón, Horacio Llamas, el Travieso Arce, Lorena Herrera, Pablo Lyle, Margarito, Martha Julia, César Millán el encantador de perros, Héctor Moreno, Los Coppel, Los Ley, Jesús Vizcarra, Gilberto Owen, Diego Valadés, Pablo de Villavicencio, Gabriel Leyva Solano, José Ángel Espinoza Ferrusquilla, Antonio López Sáenz, Dr. Raúl Cervantes Ahumada,  entre muchos más que se me escapan por el momento.

En Culiacán tengo muchos amigos y un enorme cariño por esa tierra que tanto me ha dado, por eso me duele que muchos medios y personas crean que allá todos son narcos, lástima profundamente que los estereotipos se impongan a la verdad.

Aquel fatídico día nadie prestó sus carros o taxis a los violentos, les fueron arrebatados, fueron despojados de taxis, camionetas y carros, fueron robados. 

La gente de bien que es la mayoría vivió aterrorizada por los balazos, tengo amigos que tuvieron que dormir en supermercados, plazas comerciales o donde les fue posible por el terror de salir a la calle y arriesgar la vida. Una amiga muy cercana me comentó “No somos orangutanes que aplauden la violencia como forma de vida”.

Quien haya pasado por una situación como la que se dio en Culiacán o en una guerra, entiende bien lo que se siente cuando el miedo paraliza al cuerpo y la mente diseña decenas de posibles escenarios de lo que puede pasar en milésimas de segundo, es como si el alma estuviera indecisa entre abandonar el cuerpo o quedarse. 

Ojalá que nadie más pase por una situación así y que quienes hayan hablado a la ligera de la calidad moral de esta ciudad y sus habitantes se retracten y entiendan que la maldad de unos cuantos no es el espíritu de una comunidad donde el trabajo, la creatividad y el respeto son la base social de un hermoso y próspero lugar llamado Culiacán.

No nací en Culiacán, pero ahí me adoptaron con mucho cariño… amo esa tierra y a su gente.


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Número 35 - Noviembre 2019
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