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Elecciones: las lecciones

Miércoles, 10 de Junio 2015 - 16:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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En los últimos días, analistas, periodistas y funcionarios se han enfrascado en comprender las lecciones que dejan las elecciones. Este es un ejercicio sano y las conclusiones son múltiples. Las lecciones pueden ser para todos: los partidos, los gobiernos, las instituciones electorales y hasta para los ciudadanos. Por esto es importante el planteamiento y discusión de las mismas. Para quien quiera verlas y aprenderlas, la reflexión puede ser provechosa; para aquellos que las nieguen, buena suerte. Sin tratar de agotar dichas lecciones de las elecciones, tal vez sea importante detenerse en los tres sucesos más llamativos: el triunfo de Jaime Rodríguez, el irresistible ascenso de MORENA (Ui) y el resultado de la votación federal en favor del PRI-PVEM.

Se dice que el triunfo de “El Bronco” en Nuevo León es una lección para el presidente Peña Nieto y los partidos. Es un aviso de que los intereses económicos pueden “hacer” gobernadores. En parte tienen razón, pero la lección también es de vuelta: no cualquier candidato es Jaime Rodríguez ni cualquier discurso populista es aceptable. Si estos mismos intereses económicos que ayudaron al “Bronco” suponen que pueden todo con dinero, se equivocan. La lección es más compleja que eso.

Sobre el ascenso de MORENA se ha dicho que es mérito de López Obrador, pero hay más responsables: Los Chuchos y las tribus perredistas. Sí, Nueva Izquierda debía aprender la elección, pero también el resto de las tribus que, por debajo de cuerda, ayudaron al triunfo morenista. La división del PRD, sus luchas intestinas, fueron una de las causas fundamentales de la defección de algunos cuadros (se dice que de Bejarano y compañía) que trabajaron a favor de las campañas de los adversarios: MORENA, PRI y PAN. También MORENA debe aprender la lección: ganó gracias a fuerzas prestadas con las que ahora tiene un compromiso. Si AMLO supone que fue sólo su carisma, podría encarar otra derrota más adelante.

Con relación a la votación federal favorable al PRI-PVEM, hay que recomendar, primero, tecito de Tila y calmantes para La Jornada, Reforma, Sin Embargo, Aristegui Noticias y amigos que los acompañan: el presidente salió airoso de las elecciones de medio periodo, a pesar de todo. Y ese todo fue mucho: casa blanca, casas de funcionarios, Tlatlaya, Iguala, CNTE, situación económica, etc. Por supuesto, los detractores habituales se apresuran a señalar que no es un triunfo de Peña Nieto, sino que los partidos de oposición son débiles, que no saben hacer política (en serio, lo dijeron), que la gente está dominada por las televisoras y un largo recetario de cosas para apoyar su opinión. Están equivocados; el gobierno federal sacó un operativo exitoso para proteger a las elecciones, estas fueron pacíficas y además es muy probable que el PRI-PVEM gane la mayoría en la Cámara de Diputados. El presidente ganó, así, sin más. Pero la elección también va de regreso. Todos sus detractores habituales tienen razón: ganó por el trabajo del PRI en los estados, por los excesos acusatorios (y muchas veces sin pruebas) contra su gobierno, por la división de los partidos de oposición, en fin. Pero las condiciones favorables, como la suerte misma, tiene la mala costumbre de agotarse. Esa es la lección.


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