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El único muro insalvable

Viernes, 27 de Enero 2017 - 17:00

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Julio Chavezmontes Messner

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Este 11 de febrero próximo se cumplen 170 años de que el Senador Thomas Corwin de los Estados Unidos pronunciara su extraordinario discurso en defensa de México, acusando a James Polk de agredirnos injustamente y de invadirnos para robarnos más de medio territorio nacional.

Ante la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, y de la inminente aplicación de una política de deportación de mexicanos A LOS QUE SE CONSIDERA ILEGALES SIN QUE LO SEAN, es indispensable que pongamos en manos del presidente de México, de Enrique Peña Nieto, los elementos jurídicos existentes para impedir la ejecución de esas medidas para las que Estados Unidos carece de título jurídico alguno.

El Discurso Corwin tiene la virtud de ser un documento perteneciente a un legislador del país que nos invadió y nos despojó, con lo cual, su argumentación en defensa de México, cobra una mayor contundencia jurídica, moral, política e histórica.

En mi primer libro sobre la guerra de agresión desatada por Estados Unidos contra nosotros, dije algo que sigo creyendo firmemente, al dirigirme al presidente de México; al de entonces y a todos sus sucesores:

“Gobernar la mitad de la nación a sabiendas del derecho que nos asiste, sería tanto como ejercer media presidencia”.

La autoridad del presidente de México como comandante supremo de nuestras fuerzas armadas es y tiene que ser ante todo, una autoridad moral; la autoridad de un hombre que siendo jefe del Estado, tenga el valor y la entrega patriótica necesaria para predicar con el ejemplo, y encabezar la defensa pacifica de nuestros derechos, como el más humilde pero aguerrido soldado de infantería.

Tengo por seguro que Enrique Peña Nieto NO conoce la existencia del Discurso Corwin, pero quienes sí conocemos ese documento invaluable, estamos obligados a ponerlo en manos de nuestro presidente para que lo haga valer ante los Estados Unidos, con la serenidad de quien tiene de su lado la fuerza del derecho, frente al “derecho del más fuerte” que en palabras de Thomas Corwin, es el único título que detenta aquel país desde 1836 sobre nuestros territorios del norte.

Aquel 11 de febrero de 1847, Thomas Corwin dijo lo siguiente:

“You may wrest provinces from Mexico by war—you may hold them by the right of the strongest—you may rob her, but a treaty of peace to that effect with the people of Mexico, legitimately and freely made, you never will have!”.

“PUEDE USTED ARREBATARLE ESAS PROVINCIAS A MÉXICO POR LA GUERRA; PUEDE RETENERLAS POR EL DERECHO DEL MÁS FUERTE; PUEDE ROBÁRSELAS, PERO UN TRATADO DE PAZ PARA ESE EFECTO, LEGÍTIMA Y LIBREMENTE ACEPTADO POR EL PUEBLO MEXICANO, NUNCA LO TENDRÁ USTED”.

Los artículos VIII y IX del Tratado de Guadalupe Hidalgo, impuesto a México por la fuerza el 2 de febrero de 1848 (en casa de mi abuelo materno, Don José Domínguez Soberón), reconocen el derecho de los mexicanos que residían en los territorios conquistados, para permanecer ahí, y en consecuencia, el derecho de mantener su contacto con México  a traves del libre tránsito del que los llamados migrantes ejercen como el derecho de regresar a esas tierras que nos pertenecen.

Albert Schwitzer lo reiteró al pronunciar su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en 1954, al decir:

“La violación más flagrante de los derechos históricos, y por cierto, de los derechos humanos, consiste en privar a ciertos pueblos del derecho a la tierra en la que viven, forzándolos a mudarse o irse a otros territorios”.

Tambien es aplicable la Doctrina Clinton sobre los derechos históricos, como los que México tiene sobre California, Nuevo México y Tejas, cuando dice:

“DEBEMOS CORREGIR LO MEJOR POSIBLE LAS TERRIBLES INJUSTICIAS DEL PASADO; LOS DERECHOS HISTÓRICOS NO PRESCRIBEN”.

Esta concisa doctrina del presidente Clinton resume en dos líneas lo que se conoce como Jus Cogen en Derecho Internacional:

Cualquier tratado que contradiga o viole normas perentorias del Derecho Internacional; incluso las reconocidas con posterioridad a su firma, será anulado retroactivamente.

La guerra de agresión y la conquista violenta de territorios han sido condenadas por el Derecho Internacional, de manera que NO podemos dejar a nuestro presidente desarmado ante la amenaza inminente de la violación de nuestros derechos históricos, en la persona de millones de nuestros hermanos que viven bajo ocupación de los Estados Unidos de América.

De acuerdo al Derecho Internacional, California, Nuevo México y Tejas, siguen siendo territorio mexicano. Nadie puede deportar a los mexicanos de nuestra propia tierra.

Benito Juarez lo estableció claramente en su carta a Matías Romero, el 26 de enero de 1865, cuando dijo:

“Que el enemigo nos venza y nos robe, si tal es nuestro destino; pero nosotros no debemos legalizar ese atentado, entregándole voluntariamente lo que nos exige por la fuerza. Si la Francia, LOS ESTADOS UNIDOS O CUALQUIERA OTRA NACIÓN SE APODERA DE ALGÚN PUNTO DE NUESTRO TERRITORIO Y POR NUESTRA DEBILIDAD NO PODEMOS ARROJARLO DE ÉL, DEJEMOS SIQUIERA VIVO NUESTRO DERECHO PARA QUE LAS GENERACIONES QUE NOS SUCEDAN LO RECOBREN. Malo sería dejarnos desarmar por una fuerza superior PERO SERÍA PÉSIMO DESARMAR A NUESTROS HIJOS PRIVÁNDOLOS DE UN BUEN DERECHO, QUE MÁS VALIENTES, MÁS PATRIOTAS Y SUFRIDOS QUE NOSOTROS LO HARÍAN VALER Y SABRÍAN REIVINDICARLO ALGÚN DÍA”.

Los mexicanos tenemos la justicia, la razón y el derecho de nuestro lado.

NADA justificaría que nuestro presidente se arrodillase ante el atropello por el inadmisible motivo de nuestra debilidad militar ante el poderío del coloso del norte.

Invoco aquí las palabras de Don Manuel Herrera y Laso, que son aplicables en este caso:

“EL HOMBRE QUE SABE ESTAR DE RODILLAS ANTE DIOS, DEBE SABER ESTAR DE PIE ANTE LOS HOMBRES, ASÍ TENGAN ESTOS TRAS DE SÍ, LA FUERZA DE UN EJÉRCITO INVENCIBLE”.

Estados Unidos no puede darse el lujo de exhibirse como el imperio abusivo que dice no ser.

Si México ejerce su derecho soberano con valentía que no es bravata; con elegancia que no es cobardía disfrazada de prudencia; con firmeza y con claridad, estaremos salvando mucho más que extensiones de tierra y líneas trazadas sobre un mapa; estaremos recuperando la dignidad nacional en la reivindicación de los derechos humanos de nuestros compatriotas que, con su trabajo  y su sufrimiento, sostienen a millones de hogares en nuestra patria.

Los mexicanos tenemos pleno derecho de permanecer en California, Nuevo Mexico y Tejas, así como en Arizona, Nevada, Utah, y partes de Kansas, Colorado, Wyoming y Oklahoma, que fueron erigidos como estados, sustrayendo territorio de nuestras provincias conquistadas por la fuerza.

EL ÚNICO MURO INSALVABLE, ES EL DE LA INDIFERENCIA Y LA COBARDÍA.

El murito de Trump para lo único que puede servir, es para hacerle un eco creciente a la voz de nuestro justo reclamo.

La Constitución de la República ha sufrido más de 200 reformas a cual más de estúpidas e inoperantes.

El Himno Nacional no admite esa clase de modificación, ni nadie se ha atrevido a intentarlo; por eso lo invoco donde dice:

“Antes patria que inermes tus hijos, bajo el yugo su cuello dobleguen, tus campiñas con sangre se rieguen, sobre sangre se estampe su pie”.

“Si el recuerdo de antiguas hazañas, de tus hijos inflama la mente, los laureles del triunfo tu frente, volverán inmortales a ornar”.

¡LA PATRIA ES SIEMPRE Y SOLO UNA, AL SUR Y AL NORTE DE EL RÍO!

VIVA MÉXICO


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