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El reclamo pendiente

Miércoles, 10 de Abril 2019 - 13:35

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Julio Chavezmontes

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Emiliano Zapata no era un hombre que se anduviera con diplomacias ni eufemismos.

Cuando consideró en conciencia que Francisco Madero había actuado movido por ambiciones personales  y que no cumplía con las promesas de justicia y libertad por las que Zapata decidió seguirlo,  lo desconoció como presidente de la república en el artículo 2º del Plan de Ayala, que dice lo  siguiente:

2° “Se desconoce como Jefe de la Revolución al C. Francisco I. Madero y como Presidente de la República, por las razones que antes se expresan, procurando el derrocamiento de éste funcionario.”

Cuando Henry Lane Wilson  se les adelanto en el derrocamiento de Madero, Zapata no secundo a Victoriano Huerta,  sino que persistió en sus reclamos de justicia, tierra y libertad.

Cuando las fuerzas de Villa y Zapata entraron a la ciudad de Mexico el 6 de diciembre de 1914,  bajo la presidencia de Eulalio Gutiérrez, Zapata a diferencia de Villa,  ni de broma quiso sentarse en la silla reservada para los presidentes de Mexico.

Don Emiliano (que no se chupaba el dedo) observo con cuidado las maniobras del ex senador porfirista de Coahuila, que veía en Eulalio Gutiérrez,  el presidente convencionista de la Republica, un obstáculo a sus aspiraciones personales.

Una vez culminadas las acrobacias políticas del varón de Cuatro Cienegas, Zapata siguió incólume en sus principios y congruente en sus posicionamientos.

¿Qué hacer con Zapata?

Zapata no era sobornable; a él no podían apaciguarlo con una hacienda de Canutillo como hicieron con Villa.

No pudiendo granjearse la  sumisión del morelense, Carranza  encomendó al general Pablo Gonzalez el operativo ejecutado  por Jesus Guajardo aquel 10 de abril de 1919.

En este Mexico que apenas convalece de la epidemia neoliberal de los últimos 36  años, la reforma agraria quedo abiertamente revocada.

Carlos Salinas de Gortari, PRIvatizó los ejidos de manera que los “inversionistas”  pudieran comprarle a los ejidatarios sus parcelas a precios de quemazón, aprovechando su miseria y su indefensión.

El Mexico descrito por Luis Donaldo Colosio en su famoso discurso del “hilo negro”,   agobiado por el hambre y la sed de justicia,  resiente hoy mucho más agravios que hace 25 años.

La Ley de la Reforma Agraria fue derogada de plano,  lo mismo que la secretaria  del mismo nombre.

¿Y los campesinos?

Los campesinos, que se las arreglen  como puedan.

Hace 43 años fui a Chinameca por primera vez.

Desde la piedra encimada, ubicada sobre lo alto de un cerro vecino,  se aprecia el mismo paisaje que Zapata vio antes de bajar al pueblo para reunirse con Jesus Guajardo y caer asesinado bajo el arco en el que hoy se encuentra su monumento.

Hoy, a miles de kilómetros de ese sitio que amo tanto, imagino la celebración autentica y espontanea de quienes tienen el privilegio de vivir ahí, y de conocer su historia.

Yo me siento agradecido y orgulloso de haberme convertido en hijo de ese rincón de Mexico, por cuyas calles he desfilado en nuestras fiestas patrias, ¡caracterizado como el Cura Hidalgo!

Cuando son para mí las tres de la tarde, sé que Chinameca recuerda y honra su memoria;  hasta aquí llega a mi corazón el redoble de los tambores de los niños de las escuelas; escucho emocionado la voz de los clarines y las indicaciones de los maestros que los dirigen.

Puedo ver a las jovencitas vestidas con sus trajes típicos, y con las trenzas adornadas con moños tricolores.

No es como si estuviera, porque en realidad ahí estoy.

En Chinameca palpita  hoy, el corazón de México entero.

El reclamo de justicia, tierra y libertad que llevó a Zapata a la inmortalidad, tendrá que ser escuchado, atendido y resuelto.

No quedará pendiente.

 

Para Doña Sidonia Cárdenas


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Número 29 - Mayo 2019
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