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El PRItanic se hunde

Martes, 17 de Julio 2018 - 15:00

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Israel Aparicio

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La jornada electoral del pasado primero de julio dejó en calidad de cadáver pestilente al Partido Revolucionario Institucional (PRI) ante la debacle electoral, que minimizó su presencia nacional a niveles históricos nunca antes vistos, muy cerca de convertirse en un partido más de la “chiquillada”. La fiesta de la democracia cobró varias víctimas políticas en todos los institutos políticos y alianzas, siendo el Partido Nueva Alianza y el Partido Encuentro Social (PES), los más perjudicados al no alcanzar el 3 por ciento de la votación nacional.

Apenas 45 diputados y 13 senadores es el saldo de la estrepitosa derrota del otrora poderoso PRI, que después del proceso electoral pasó de ser la primera mayoría en la cámara alta y baja, a ser la quinta fuerza representativa, obteniendo menos diputados que el PES y el Partido del Trabajo. El expartidazo tricolor no logró ganar en una sola entidad federativa del país, tampoco ningún distrito electoral federal, perdió en todas las gubernaturas en las que participó, además perdió hasta en el estado de México, donde solamente ganó 19 de 125 municipios, igualmente perdió abrumadoramente en el congreso mexiquense, donde se convirtieron en la tercera fuerza electoral.

En números y percepciones, el desastre del barco de los sueños tricolores se estrelló contra el iceberg de MORENA que le provocó una derrota gigantesca, que podría sentenciarlo a la muerte política, o a la presencia solo testimonial en futuros procesos electorales. José Antonio Meade, el priísta no priísta, que cargó con la derrota más abrumadora en la historia del PRI (aún  peor que de la producida por la candidatura de Roberto Madrazo) nunca pudo ni quiso deslindarse de sexenio corrupto e ineficiente del presidente Enrique Peña Nieto y sus secuaces de la “nueva generación de políticos” que esquilmaron las arcas nacionales, además de ir de traspié en traspié político, ante la cólera colectiva de los ciudadanos.

El PRItanic hace agua por todos lados y navega a la deriva, pagó muy caro el dejar que la rapaz dirigencia neoliberal lo comandará al despeñadero de forma prepotente y dictatorial. El súper canciller mexiquense (pero aprendiz al fin) de don Luis Videgaray impuso al dirigente nacional, Enrique Ochoa Reza, que no cumplía con los requisitos para encabezar al vetusto instituto político, de cara a su más importante proceso de supervivencia. El “cerebro” detrás del grupo Atlacomulco llegó a dominar no solo las finanzas nacionales mediante su paso por la Secretaria de Hacienda, sino que también se le conocía como el poder detrás de la silla presidencial, debido al vacío de Enrique Peña, luego de perder la brújula política y sus múltiples lapsus que ridiculizaron su persona.

Fue el propio Videgaray quien palomeo o vetó a importantes políticos del PRI, que no gozaban de sus simpatías, en su lista de víctimas se cuenta al mismo aspirante presidencial, Miguel Ángel Osorio Chong, el expresidente del CEN del PRI, Manlio Fabio Beltrones, y hasta el mismo presidente Peña, cuando motivado por la peregrina idea de limpiar un poco la fallida estrategia en materia de política exterior, decidieron traer al entonces candidato, Donald Trump a México para intentar domar al león fascista y hacerlo declarar que no se construiría el muro fronterizo.

Pero como se recordará, el xenófobo republicano se saltó las trancas, rompió todo protocolo y terminó devorándose vivos a los “ilusos” priístas al asegurar que el proyecto del muro se mantendría sin cambio alguno. Esta acción improvisada asestó un golpe mortal al régimen que se materializó en el desastre electoral que hundió al PRI en la crisis más grave de toda su historia. Peña y Videgaray son los principales capitanes del PRItanic que lo han llevado al extremo de su extinción política, con una misión casi imposible de renovación que le permita volver a ser competitivo en materia electoral.

La militancia que traicionó hasta su mismo candidato presidencial, se volcó a votar por MORENA dejando colgados de la brocha tricolor a todos los liderazgos y funcionarios que aún creían en el voto duro y corporativo que les ha permitido sobrevivir durante tantas décadas. Los cuadros priístas formados y siempre utilizados por los candidatos en turno, son más factibles de unirse al ganador de la contienda presidencial, que regresar a rescatar a “su partido” que siempre les ha dado un trato despectivo, junto con el cómplice servilismo de cada priísta de a pie.

La derrota del PRI es producto de la soberbia y la prepotencia de sus líderes y gobernantes, es el precio por despreciar al oponente tabasqueño, que supo canalizar el enojo social, que el mismo presidente hacía referencia. La catástrofe es producto del insulto a la inteligencia de los mexicanos, a quienes les pretendieron vender un candidato ciudadano, como fórmula suficiente para perdonar la corrupción rampante, la inseguridad insoportable y el cinismo a flor de piel. Es también el desconocimiento de los “millennials” que poco les importó que el candidato priísta fuera el más joven, y se decantaron por el candidato de más edad y trayectoria. Es en pocas palabras, el ajuste de cuentas de muchos ciudadanos, de diferentes edades que decidieron por la vía pacífica y más revolucionaria, el sufragio, condenar al ostracismo al instituto político que frenó el desarrollo potencial del país, permitiendo el enriquecimiento y empoderamiento de elites y cúpulas, en detrimento de varias generaciones de mexicanos.


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Número 33 - Septiembre 2019
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