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El peligro de los independientes

Sábado, 13 de Junio 2015 - 10:00

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Rafael Orozco Flores

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Siempre los procesos electorales arrojan enseñanzas y nos clarifican las bondades y deficiencias de nuestro sistema político y electoral. En el caso del proceso reciente, son varias las lecturas de aprendizaje que no sólo la ciudadanía debe tener en cuenta, sino también los actores políticos y eso tan detestable que es la partidocracia.

Una sorpresa, por qué no decirlo, “grata”, ha sido la elección de varios candidatos independientes como Jaime Rodríguez Calderón, “el bronco” a la gubernatura de Nuevo León y Alfonso Martínez Alcázar, a la presidencia municipal de Morelia. El primero militó en las filas del PRI, mientras que Martínez Alcázar en las del PAN. Son pues políticos de carrera, con un historial personal en sus anteriores partidos y en su actuar como funcionarios.

Para la ciudadanía, el triunfo de los candidatos independientes representa la certeza de que es posible sacarle la vuelta a los partidos políticos y sus dirigencias. Es para el futuro, creo yo, la puerta abierta para elegir líderes con un respaldo social importante, más allá del “dedazo” del poder en turno e, insisto, de los partidos.

El peligro real de los candidatos independientes lo ven, claro, los partidos políticos a quienes se arrebata la potestad de definir personas a cargos de elección popular, que sean electos y con ello tengan la certeza de que podrán repartir el pastel de la administración pública entre sus correligionarios. Es probable que ya se estén diseñando las estrategias para tumbar la figura de las candidaturas independientes y tal vez uno de los argumentos que esgriman sea el “peligro” de que éstos sean financiados por el crimen organizado o por empresas que después les pasen la factura.

Argumento válido, si se quiere, pero que no se soporta en la realidad, cuando hemos visto casos en que se confunde la administración pública con una autoridad omnipotente con capacidad de asignar obras o repartir canonjías a discreción. Cuando desde hace tiempo la prensa nos habla y nos da cuenta de la “narcopolítica”, el ciudadano percibe la colusión entre dos entes por naturaleza antitéticos.

Es necesario decir que si bien la figura de los candidatos independientes no son la medicina que mejore la salud de nuestro sistema de representación y elección popular, sí vienen a refrescar el entramado político en que el amiguismo, el compadrazgo, las cuotas de poder y las herencias de facto, han tergiversado el principio según el cual el poder reside en el pueblo.

Votar y ser votado es el derecho consagrado en la Constitución para los ciudadanos en pleno ejercicio de sus derechos civiles. De entrada, yo saludo las candidaturas independientes. Quiero creer en ellas más que en los partidos y sus vicios. No propugno por la desaparición de los partidos como ellos, estoy seguro, lo harán respecto las candidaturas independientes.

No hay santidad en la política y es probable que bajo el cobijo de la figura en comento se cuelen corruptos y delincuentes consumados, pero estamos “acostumbrados” a ellos con los partidos. La clave está, en buena medida, en el elector no corporativo que se informa y decide en consecuencia.


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