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El Papa Francisco de regreso en América Latina

Lunes, 06 de Julio 2015 - 18:00

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Mónica Uribe

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El Papa Francisco llegó ayer a Quito, Ecuador en su primera visita a un país latinoamericano e hispanoparlante desde febrero de 2013, cuando salió de Buenos Aires con destino al Consistorio en Roma.

De ayer al próximo lunes, visitará Ecuador, Bolivia y Paraguay, países considerados la periferia de la periferia, pero que curiosamente comparten el hecho de que en sus respectivos procesos de desarrollo reciente, han buscado incorporar a la población indígena. Y es que son países con una amplia población indígena y con serios problemas de concentración de la riqueza y, por ende, de desigualdad.

Pero también hay un detalle que escapa a los análisis sobre la visita papal: la presencia jesuítica en los tres países que visitará es innegable… a pesar de que históricamente, la provincia jesuita más importante en América fue México…

Por lo que toca a la visita a Ecuador, el Papa Francisco se encontrará con una Iglesia que de alguna manera cuestiona al presidente Rafael Correa, quien está en su tercer mandato constitucional. Correa se define a sí mismo como de izquierda y ha sido relativamente coherente. Está por presentar una legislación sobre herencias y sobre los ingresos generados por la plusvalía, lo que le ha acarreado la animadversión de las clases medias y los de mayor ingreso. Sin embargo, tendrá puntos de diálogo con el Papa por el tema ambiental, pues Correa ha presentado la iniciativa de crear una Corte Internacional de Justicia Ambiental.

La situación política en Ecuador es tensa y la Iglesia ha hecho todo lo posible por evitar la politización de la gira papal, pero Correa no dejó de aprovechar la oportunidad que le brindó la ocasión y en su discurso de bienvenida al Papa, ayer domingo, puso de relieve los temas de la injusta distribución de la riqueza y la exclusión desde la perspectiva papal. En los doce minutos del discurso, Correa cito en diversas ocasiones documentos del magisterio de la Iglesia y fue enfático en señalar que la política y la economía deben ponerse al servicio de la vida. Al respecto, dijo literalmente  "La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada". Es obvio que quiso llevar agua a su molino.

También aprovechó para recalcar que coincide con los postulados pontificios en materia de medio ambiente.

Por su parte, el Papa Francisco, en un discurso mucho más breve, sólo de cinco minutos, y de carácter teológico, resaltó que venía de regreso a América Latina como testigo de la misericordia de Dios y de la fe en Jesucristo. No por ello dejó de agradecer tantas citas a sus textos, ni de señalar que en el Evangelio se encuentran las claves para la inclusión de los más vulnerables y el diálogo para lograr un desarrollo que garantice un mejor futuro para todos. También aseguró y que Correa podrá contar con el compromiso y la colaboración de la Iglesia para servir al pueblo ecuatoriano “que se ha puesto de pie con dignidad”. Ojo, no es un espaldarazo total a Correa, pero sí un reconocimiento de que el presidente ecuatoriano algo ha hecho en beneficio de los más débiles.

El Papa llegó a las dos de la tarde del domingo 5 de julio a Quito. Tras la bienvenida, se trasladó a la Nunciatura, donde pernoctó y hoy, lunes 6 de julio, se trasladó a Guayaquil, en donde ofició una misa ante casi más de un millón de fieles, prácticamente la mitad de la población de esa ciudad que es de dos millones y medio de personas.

Pero antes se dio tiempo de visitar en Quito el santuario de la Divina Misericordia, donde rezó con dos mil personas, básicamente enfermos de cáncer, ancianos y personas de escasísimos recursos. Ahí, el Papa dijo a la concurrencia que les daba su bendición, sin cobrarles nada  - ojo, en congruencia con su reiterada petición de no cobrar los servicios litúrgicos -  pero a cambio, les pidió que rezaran por él.

En el aeropuerto de Guayaquil fue recibido por las autoridades de la ciudad y además por vicepresidente Jorge Glass y el canciller Ricardo Patiño; el alcalde Jaime Nebot, quien le entregó las llaves de la ciudad, una joya diseñada con un topacio, perlas oro y plata.

Después de la misa, que fue apoteósica por la respuesta de los fieles, el Papa Francisco se dirigió al colegio jesuita Javier donde cumplirá dos actividades privadas, con sus antiguos compañeros.

Las etapas del viaje en Bolivia y Paraguay serán objeto del próximo análisis.

Lo cierto es que el Papa no deja de sorprender y contra lo que él mismo quisiera en lo personal, se está volviendo más mediático que Juan Pablo II. Eso sí, con una diferencia, su agenda más que moral es pastoral, y su figura, más que hierática o dolorosa, es la de un auténtico pastor.


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