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El nefasto polvorín mexiquense

Lunes, 26 de Diciembre 2016 - 15:00

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Israel Aparicio

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La tragedia de la explosión del Mercado de San Pablito en Tultepec, la semana pasada, dejó 35 muertos y múltiples heridos, que por terrible que sea lea ya no es noticia, pues cada año, el mercado de pirotecnia más grande de México padece algún incidente de menor o mayor grado, provocando muertos y heridos en la zona, sin que ninguna autoridad logre resolverlo.

La cobertura periodística en el pasado 20 de diciembre, ya de por si cargada por los actos de terrorismo en Turquía, Alemania y Suiza, insertó a México en el mundo de las escenas dantescas, cuando el mercado de San Pablito volaba en reacción en cadena por las toneladas de pólvora que explotaron. Sumado a las escenas de rescate de cuerpos y heridos, producto de la tragedia, que mostró, una vez más, la incapacidad del gobierno de prevenir este tipo de desgracias.

Cuando se analiza el discurso antes de la tragedia y los hechos después de la explosión, se entienden perfectamente como la corrupción y la rapacidad es el común denominador entre autoridades y sus intereses económicos con los artesanos de la pirotecnia. En el Estado de México existe un Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, que en teoría, vigilaba que los permisos que otorga la SEDENA para producir cohetes, cohetones, palomas y todo tipo de pirotecnia se cumplan con los protocolos de seguridad y prevención de accidentes. Ese mismo Instituto aseguraba que el Mercado que explotó, estaba dentro de los más seguros de América Latina.

Lo ridículo de la funcionalidad de Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, se suma a las propuestas legislativas que buscaban proponer a la pirotecnia como patrimonio cultural inmaterial, cuando en los hechos, en todos los municipios del Edomex donde existen mercados de artesanía de pirotecnia, no se puede garantizar la mínima seguridad de sus trabajadores y clientes.

A la clase política mexiquense le es tradicional montarse en las tragedias de la forma más vil y rapaz para lucimiento personal, sin importar que la desventura ocurrida sea responsabilidad de su omisión o colusión vía la corrupción. Lo que pintó de pies a cabeza esta insensibilidad, así como su más bajo y ruin nivel político, fue la transmisión del gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, vía Facebook Live, desde el Hospital de Zumpango, donde ingresó a las áreas de urgencias en las que se atienden a los heridos por quemaduras, para presumir las instalaciones de “primer mundo” con las que se contaba en el nosocomio mexiquense.

No son nuevas estas actitudes cínicas y paternalistas ante un hecho trágico que cobra vidas de ciudadanos, baste recordar la explosión de una pipa de gas en la carretera México Pachuca a la altura del poblado de Xalostoc, Ecatepec el pasado 7 de mayo de 2013, donde después de perder el control el chofer impacto el tráiler contra las viviendas que no deberían estar cerca de la periferia de la carretera. Luego de apresurarse a limpiar y culpar a la empresa transportadora, el gobierno del Estado de México se apresuró a limpiar y pintar las viviendas de color blanco para que se olvidara la tragedia allí ocurrida.

El presidente Enrique Peña Nieto, acudió al mismo hospital de Zumpango, el pasado 22 de diciembre, para revisar el estado de salud de los heridos provocados por la explosión en Tultepec y asegurarles a los pobladores que en 2017 se volvería a reconstruir el Mercado de San Pablito, esta vez, con todos las medidas de seguridad de protección civil. Poco importó que no exista hasta ahora ninguna investigación sobre cómo se originaron los trágicos sucesos de Tultepec, ni exista responsable alguno. A la clase política priísta mexiquense le importa más que las cosas regresen a su inestable normalidad, que evitar se origine una enésima explosión en la zona.

Para el gobierno federal y estatal les parece suficiente el pagar los servicios médicos y funerarios de las víctimas de la explosión, más haya de las responsabilidades penales y éticas que deberían enfrentar por este tipo de tragedias. No conformes con tratar a los heridos y muertos como entes ajenos a su esfera de responsabilidad, los utilizan y exhiben como clientela electoral para allegar “agua a su Molino”. Clientelismos, compadrazgos, corrupción, politiquería barata y ruin son el común denominador en tragedias como esta, que a los políticos mexiquenses se les “escurre” y olvida sin la menor pena ni preocupación.

Solamente cuando los políticos regresan a los distritos y municipios en busca del voto, prometen mejorar las condiciones de seguridad, mayores condiciones de protección civil para estos mercados pirotécnicos, pero sobre todo renuevan el ciclo infinito de negligencia y corrupción que terminan pagando con la vida los artesanos de la pirotecnia y los compradores que siguen buscando adquirir estos productos a cualquier precio. Las tragedias seguirán ocurriendo mientras la clase política continúe enquistada en el territorio mexiquense, porque a pesar de las muertes y la desgracia; para los priístas del Edomex, el municipio de Tultepec es solo una zona electoral que recuerdan en campaña o durante las emergencias.


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Número 33 - Septiembre 2019
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