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El Meollo del Asunto: La mentira es corrupción.

Jueves, 17 de Octubre 2019 - 13:05

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Daniel Valles

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Con la corrupción sucede lo mismo que con el embarazo. La mujer está embarazada o no lo está. Ergo, la persona es corrupta o no lo es. No se está medio embarazada, ni se es medio corrupto

Decía Benjamín Franklin y tenía razón por lo mismo que: “la mitad de la verdad, es una gran mentira”.

Y es que no hay “medias verdades”. Hay mentiras completas.

Mentir, es una forma de corrupción. Toda persona que miente, es una persona corrupta. Lo siento, pero así es.

La mentira es una distorsión de la verdad. De la realidad. Todos sabemos lo que la mentira ocasiona. Falsas esperanzas. Escenarios que nunca se llevan a cabo. Cambios que nunca ocurren.

La mentira es una forma de corrupción. Quién miente es una persona totalmente corrupta. No importa si no roba, o no desvía fondos. Quién permite que una mentira continúe haciendo su efecto se hace cómplice de corrupción.

No es un delito punible por la ley. Porque la corrupción per se no lo es. Es una falta moral. Un defecto del carácter.

Cuando la persona miente no es como si nada pasara en su cuerpo, en su interior. Sí pasa y mucho. Se atrofia el cerebro. No exagero.

Recientes descubrimientos neurológicos han establecido que en la parte interna del cerebro, en medio y abajo. En un área que es inoperable, existe una glándula. La amígdala. (*)

Esta es la encargada de advertirnos de que no debemos mentir. (No, no es “Pepe el Grillo”, pero funciona de esa forma)

Cada vez que una persona miente, la amígdala vibra o funciona. Segrega una neurona que le comunica al cuerpo que lo que acaba de decir es una mentira. El cuerpo se resiste a la mentira.

El cuerpo suda de la nariz. El labio superior se tuerce descontroladamente. La vista se baja hacia la izquierda y la persona difícilmente ve a su interlocutor a los ojos.

Se camina de manera sospechosa. Los hombros se pueden llegar a encoger y otras señales más.

Actualmente las empresas contratan expertos para enseñar a sus ejecutivos a “leer” las señales que el cuerpo envía cuando la persona miente y así saber qué está pasando.

Los fronterizos tenemos mucha experiencia siendo observados en cómo nuestro cuerpo reacciona a las preguntas que nos hace el oficial de aduanas, (CBP), cuando llegamos a la caseta de revisión para cruzar hacia Estados Unidos.

“¿Qué lleva hoy?’”, pregunta el agente. “¿Hacia dónde se dirige?”

Es entonces que le clavan a uno la mirada y están atentos a todos los movimientos que uno hace.

La amígdala está trabajando, nos está delatando. Hasta que se atrofia. Deja de trabajar. Entonces sucede algo peculiar. La persona se lesiona. Dañada su cuerpo de por vida. Se convierte en un mentiroso patológico.

Miente con una facilidad que asusta. Lo que le ocasiona graves problemas en su vida. ¿Por qué?

No se recuerda lo que dijo la última vez de tantas mentiras que dijo. La persona es evidenciada como mentirosa en su familia, su trabajo, en la sociedad. Nadie le cree más.

Ese es el riesgo. La persona quedó sin defensa alguna pagará las consecuencias de ello.

Como quedarían los industriales mexicanos que se han juntado para la Segunda Reunión de Industriales 2019. Esta se llevó a cabo recientemente.

En ella estuvo presente el Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República. Un hombre muy cercano desde hace muchos años a nuestro “querido” presidente. El señor, Alfonso Romo. Un industrial, él mismo.

En esa reunión, el señor Romo les dijo a los industriales que mintieran. (sic).

“Echen mentiras si quieren, para que generen un ambiente favorable y optimista porque esto está relacionado con sus empresas, sus empleos. Mientan al Banco de México para que así, bajen las tasas de interés. Mientan, porque el costo del capital es el combustible fundamental para el crecimiento”.

Octavio Paz, en su Laberinto de la Soledad establece que:

“El mexicano miente porque le encanta la fantasía, o porque está desesperado y porque quiere elevarse por encima de los hechos sórdidos de su vida”.

El comentario del señor Romo lo leí en el periódico (**), del pasado 11 de octubre y seguro era lo que pretendía. Han de estar desesperados por la falta de crecimiento en el país.

“Mientan”. Esto es inaudito, viniendo de quién sea, pero más, de un Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República.

Destruye todas las tesis de nuestro “querido” presidente. De que la corrupción se terminaría en su administración.

Mentir es corrupción. Y el señor Alfonso Romo, mintió. Está registrado.

Debería recibir una “tarjeta roja”. Ser expulsado. No castigado tres partidos, como fue el “Piojo” Miguel Herrera, por ofender soezmente al árbitro del partido Cruz Azul – América, que perdió el segundo por goleada.

¿Cómo creerle ahora a lo que diga el señor Romo? ¿Qué harán los industriales? ¿Y El Banco de México, estará en alerta contra los industriales?

No tengo las repuestas para la segunda y tercer pregunta, sí para la primera.

El señor Romo no es digno de confianza porque miente. Y además, lo hace de manera tan abierta que no cree que hace daño.

Lo mismo piensa la persona que es corrupta. No se da cuenta del daño que hace y si se da, no se inmuta, porque su amígdala ya no funciona.

Seguramente la amígdala cerebral del señor Alfonso Romo está inservible por tanta mentira que diría. Por eso dijo lo que dijo.

Lo peor es que seguirá diciendo mentiras. Está indefenso. Ahí El Meollo del Asunto.

(*)https://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/por-que-mienten-los-politicos-721490346819

(**)https://heraldodemexico.com.mx/mer-k-2/alfonso-romo-pide-a-empresarios-que-mientan-a-banxico/


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Número 34 - Octubre 2019
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