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El Joker que todos llevamos dentro

Viernes, 11 de Octubre 2019 - 12:05

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Enrique Fernández Martínez

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Hace mucho tiempo que no tenía la fortuna de vivir una película, resalto vivir porque no es solo ver, es sentir algo con lo que registran los sentidos.

Joaquin Phoenix logra crear un personaje complejo y simple, despliega un perfil psicológico que atrapa y un manejo corporal, no verbal, asombroso. Sin duda este filme deberá arrasar en los Óscares cuando menos en guión, dirección, fotografía, música, ambientación y por supuesto mejor actuación masculina.

Pero el Joker nos deja mucho más que una película, plantea una situación hasta cierto punto común en este mundo comandado por el capitalismo y el libre mercado en el que el nivel de importancia personal y reputación va de acuerdo al poder de consumo, al dinero en nuestra cuenta, mientras cumplamos con esa máxima viviremos en la parte amable del sistema.

¿Pero qué sucede si fallamos en este juego del monopolio?

El Joker narra de manera descarnada los resultados de vivir al margen, de ser marginado y poco a poco  vemos cómo al protagonista la sociedad lo va encerrando en sus pensamientos, se queda solo con su ingrata realidad, descubre que ni siquiera sus orígenes son lo que le han dicho, pierde el empleo y la puntilla se la da el sistema que lo deja sin apoyo psicológico y sin medicamentos.

Una persona que solo quería ser payaso, divertir, dominado por un risa involuntaria que lo agobiaba en situaciones de  tensión, alguien que quería hacer bien las cosas, se transforma en detonador y líder involuntario de un movimiento marginal que reclama, grita igualdad ante la clase dominante, descaradamente rica e insensible.

Esta película despliega una critica social acorde a los tiempos que vivimos aunque ambientada en los 70 en New York (supuesta Cd. Gótica) no deja de ser actual pues tenemos la misma situación social, quizá más grave pues somos más y los empleos son menos.

Víctima de la indiferencia, del capitalismo voraz, un buen día deja de ser un cordero y se convierte en depredador y enfrenta aquello que simbolice sus orígenes, la sociedad indiferente, la autoridad, la televisión manipuladora, al sistema. 

Sin nada que perder, disfruta de su venganza.

Phoenix logra un personaje conmovedor inocente, confiado que cautiva y poco a poco va construyendo una empatía con el espectador, que ve en él, parte de su realidad, al final es casi imposible no aprobar sus acciones o cuando menos entenderlo.

La desesperación puede llevar a cualquiera de nosotros a realizar cosas que jamás imagino, para bien o para mal. 

El mensaje es claro y debe poner la luces en ámbar en México, pues la pésima distribución de la riqueza, el retiro de programas sociales como en las guarderías, la falta de medicamentos en hospitales y centros de salud, la falta de empleo, la corrupción que a pesar de las declaraciones oficiales continúa, el recorte de apoyos al campo y a la pesca, un Pemex moribundo, la falta de oportunidades, la entrega de la educación a grupúsculos con un pasado infame, una economía que no despega, el privilegiar a la política sobre las necesidades sociales, una mayoría de malos diputados y senadores, presidentes municipales y gobernadores, funcionarios burócratas, ni siquiera investigar los casos de supuesto enriquecimiento ilícito como el de Bartlet, entre otras cosas más, son las que hacen germinar y florecer personajes como el Joker. 

Todos llevamos un Joker dentro.

Ojalá que quienes pueden hacer los cambios necesarios para equilibrar este país vean esta película con ojos críticos y sensibles para que entiendan que todo tiene un límite y que muchos, cada vez más en México no aguantan más y en cualquier momento pueden pasar a la acción. Basta con recordar cómo inició la tragedia de 1968 o la primavera árabe.


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Número 35 - Noviembre 2019
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