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¡El Grito…! Un posible escenario del futuro

Jueves, 19 de Septiembre 2019 - 09:30

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Enrique Rodríguez-Cano Ruiz

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Andrés Manuel López Obrador dio su primer “grito” y fue claro que los encargados del evento diseñaron un ambiente por demás austero. El presidente y su esposa caminaron por el Salón de Embajadores —imágenes que nos permitieron ver la transmisión oficial— solos, serios. En un momento imaginé que casi faltó se vistieran con un atuendo franciscano.

La experiencia se impone pues Andrés Manuel ha dado y asistido a muchas ceremonias parecidas, pero ahora sí, casi casi se podía decir —claro, estoy exagerando— que calzaba sandalias.

¡Sí…! la ceremonia del grito de la Independencia de México fue muy austera. Muy sobria. El estilo personal de gobernar de Andrés Manuel López Obrador es… inédito, suyo, muy particular y lo hizo bien.

Él, sólo en el balcón central del majestuoso Palacio Nacional da “el grito”. Las acostumbradas “vivas” se prolongan… me parece que nadie ha dicho tantas arengas que hasta a la “Fraternidad Universal” vitoreo.

¡Que Vivan… Hidalgo, Morelos, Aldama, Allende, doña Josefa, ¡Leona Vicario! En total 20 arengas que nadie puede criticar. Mmm… claro que hubo reproches como el de Vicente Fox, quien vio a López Obrador muy “solito” en Palacio. Y Felipe Calderón que en un tweet expresó: “¿Por qué distorsionar la tradición del Grito, una ceremonia que nos une a los mexicanos?, ¿se trata de hacer que también eso nos divida?”

También pude observar los “gritos” que dieron los gobernadores de algunos estados de la república y presidencias municipales del país; todos empiezan con ¡Viva Hidalgo, Morelos, Aldama, Allende…! algunos incluyeron a Vicente Guerrero al que Andrés Manuel omitió.

Y así, conforme a la tradición, el Zócalo de la ciudad de México estuvo a reventar; los “reporteros” de algunos medios de información se encargaron de difundir —y luego las redes sociales lo hicieron viral— la gran cantidad de camiones que trasladaron a los visitantes— acarreados— para asistir a la fiesta nacional. Llama la atención que no llovió, con lo cual se comprueba que el 15 de septiembre el estado mexicano tiene pacto con Tláloc. ¡No llovió!

Alguna vez, siendo joven y mi padre diputado federal (46 legislatura) asistí a esa fiesta. Era presidente Gustavo Díaz Ordaz. El champán y un bufete de manjares servido a todo dar. Etiqueta rigurosa y todo el cuerpo diplomático agasajado. En ese entonces hasta molesto me sentí, pues hace tantos años también la desigualdad y pobreza ofendían —lo sigue haciendo— ¿Para qué tanta ostentación y dispendio, pensó mi cerebro de izquierda como cargan a esa edad muchos jóvenes de este mundo?

Así pues, la idea que surge en mi larga imaginación es que, sí el cambio de régimen político que está proponiendo el presidente con su Cuarta Transformación, cumple con sus nobles propósitos —lo que deseo de todo corazón— como son acabar con la corrupción, la impunidad, la inseguridad y sacar de la pobreza a tanta gente, en algunos años nuestros nietos van a celebrar con una ceremonia espectacular.

El presidente en turno exclamará: ¡Viva Andrés Manuel López Obrador, Viva… ¿quién más? Ni modo que ¡Viva Manuel Bartlett, Viva Martí Bartes, Viva Mireles…  Bizarro, ¿no creen?


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Número 33 - Septiembre 2019
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