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El golpismo, el Ejército, los LeBarón y Donald Trump

Martes, 05 de Noviembre 2019 - 11:50

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Alexia Barrios Gómez

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La adversidad no es casualidad, más allá del discurso del complot, el sabotaje y victimización del gobierno federal, pesa negativamente la incompetencia de varios de los funcionarios gabinete que no tuvieron capacidad de previsión y menos saben enfrentar situaciones de crisis que van en escalada desde los hechos en Culiacán y ahora se suma la masacre de una familia estadounidense en Sonora, en el mismito pueblo natal de Alfonso Durazo, el secretario de Seguridad Ciudadana.

A la luz de la masacre de la familia #LeBarón, algo que en México parece ser costumbrismo, el escándalo ha sido muy destacado este 5 de noviembre en la prensa estadounidense pro y anti Trump para ejercer presión sobre su mandatario y obligue al presidente mexicano a cambiar la política de seguridad de "abrazos no balazos" (lo que es lo mismo: no combatir el crimen organizado). De ahí que el primer mensaje haya sido ofrecer ayuda a nuestro país para librar “la guerra” contra los cárteles de la droga y “borrarlos de la faz de la tierra”.

Aunque el presidente López Obrador respondió rápido con un “gracias, no”, la realidad es que no será sorpresa si a partir de este día cambie dicha política “de pacificación” dé un giro radical, porque México (según datos del Banxico) está en una fase de estancamiento económico y un apretoncito de Donald Trump bastará para que acepten las condiciones que ellos impongan.  Y hasta podríamos aventurar que dicha imposición sea peor y más desventajosa que en las épocas en que México compró la política antidrogas estadounidense en las administraciones del PRI y PAN, como pasa ahora con el tema migratorio, en que México puso un “muro humano” a la frontera sur para contener la migración con nuestra Guardia Nacional.

La coyuntura no podría ser peor para el gobierno de la llamada Cuarta Transformación porque después de la crisis de Culiacán, que no ha acabado, desde la misma presidencia alentaron una inexplicable campaña contra el Ejército con pretexto de un discurso incómodo de un general, Carlos Demetrio Gaytán Ochoa, quien al igual que otros altos mandos militares reclaman respeto a la Institución y a que dejen de polarizar al país. La respuesta del titular del Ejecutivo, sin medir las consecuencias, fue acusar que no hay espacio para un “golpe de Estado” y que tiene el respaldo de la mayoría de los mexicanos.

Con todo el aparato propagandístico detrás, la /REDAMLOVE, artículos de Porfirio Muñoz Ledo, Carlos Fazio y Flores Olea, se asentó que había intentona golpista detrás y se fueron todos contra los militares y cuestionaron su reinserción en la actividad política. La realidad es que el Ejército regresó a la política por la vía de la 4T: tienen a su cargo los programas Sembrando Vida, Libro de Texto Gratuito, comandar la cuadros la Guardia Nacional, proteger Dos Bocas y Tren Maya, construir el aeropuerto de Santa Lucía, ser los principales contenedores del flujo migratorio centroamericano en la Frontera Sur, y lo más reciente: dotar al Ejecutivo federal de los argumentos jurídicos de seguridad nacional para que el nuevo aeropuerto sea una obra estratégica militar por lo que los amparos ganados por “No Más Derroches” quedaron pulverizados.

La campaña “golpista” fue en realidad “autogolpista”, porque quiso ser el distractor al Culiacanazo; una “caja china” que puso a los militares en capilla, que si bien sirvió al Presidente a fortalecer su núcleo duro de seguidores y colocando al resto de los mexicanos como sus adversarios, los que apuestan por su fracaso y que lo quieren ver derrotado.

Están construyendo la narrativa de victimización para justificar el fracaso de los equipos de Durazo y la Guardia Nacional, diciendo que están siendo espiados y que el ex presidente Felipe Calderón es el que quiere golpe de estado, el que los espía y que le suelta los demonios para que masacren a la población, policías y militares. Lo grave es que con esos palos de ciego se están quedando sin aliados y cerrando la posibilidad a un acuerdo de unidad y reconciliación nacional.

Nada ni nadie podrá hacer cambiar al gobierno de Andrés Manuel. Está inmerso en la dinámica de escucharse a sí mismo, de atender sólo a quienes le aplauden y le apuntan que está en la ruta correcta en materia de seguridad y política económica. No hay poder humano que pueda hacerlo cambiar de opinión porque no existen más opiniones, por el momento.

Pero, el caso de los LeBarón podría ser un punto de quiebre a esta dinámica, dado que Trump ya una vez le impuso la agenda migratoria y ahora quizá también estén pensando en reciclar la era de las certificaciones en el combate a los cárteles de la droga.

El escenario se espera complicado, porque justo en estos días la 4T está girando su política exterior a saludar a los aliados: Evo Morales (Bolivia) y Alberto Fernández Reyes (Argentina), y menospreciar a la derecha latinoamericana Sebastián Piñera (Chile) y Jair Bolsonaro (Brasil), y preparar el terreno para que el 2020 México sea la nueva sede del Foro Sao Pablo.

¿Se amachará la Cuarta Transformación con el bloque bolivariano o se doblegará con Trump? Ya veremos de qué están hechos.

 

alexiabarriossendero@gmail.com


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Número 34 - Octubre 2019
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