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El estigma de llamarse CNTE

Miércoles, 17 de Junio 2015 - 18:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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En retrospectiva, luego de que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) llamara al boicot electoral en los estados en donde tiene presencia, parece que tal boicot fue el punto de quiebre de las negociaciones que sostenía con el gobierno federal. Este puso en marcha una estrategia de contención que contemplaba el aislamiento político de la Coordinadora, el uso disuasivo de las fuerzas policíacas y armadas y la limitación de los recursos de que disponen los líderes del movimiento magisterial para sus movilizaciones. Hasta el momento, la estrategia parece haber tenido un relativo éxito: los maestros ya regresaron a clases.

Aislar políticamente a la CNTE no fue difícil; la mayor parte del trabajo lo hizo la propia organización con sus excesos y agresiones. Incluso medios como La Jornada o políticos como Martí Batres toman distancia de los disidentes. Los recursos que antes daban el gobierno de Oaxaca o el federal parecen haber cesado y la retención del pago de salarios ha funcionado también para desalentar la convocatoria a marchas y manifestaciones. Inclusive, la estrategia gubernamental ha desgastado a un movimiento que no ha conseguido ningún éxito político en dos años y que ya presenta señales de división y cuestionamiento a sus dirigentes.

La liga, sin embargo, no puede estirarse tanto y aunque la negociación es ríspida, sigue siendo una negociación. Por esto, el día de ayer, el gobierno federal pagó sueldos no devengados a los maestros paristas. Como era previsible, analistas y diarios critican el discurso del gobierno federal que a principios de semana había señalado que se retendría el pago de los profesores y ahora se los da. Ante esta crítica no hay mucho que hacer. Tal vez hay que puntualizar lo dicho ayer por el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, acerca de las limitaciones legales que al respecto tiene el gobierno federal mientras los gobiernos estatales no asuman sus responsabilidades como “patrones sustitutos”.

El siguiente conflicto con el magisterio ya está a la puerta: aplicar la evaluación o fracasar en el intento. El día de ayer, en sendas declaraciones, el secretario Chuayffet y los líderes magisteriales pusieron sus posiciones sobre la mesa. La evaluación docente, programada del 20 al 22 junio, debe aplicarse, pero las autoridades no han aclarado cómo la harán en aquellos estados en donde la CNTE despliega su mayor fuerza. Ambas posiciones estiran la liga antes de sentarse a negociar, pero el problema es que ya no hay nada que negociar porque el secretario de educación ha dejado claro que la evaluación no es negociable.

Ayer Chuayffet realizó un llamado para que los mandatarios estatales asuman su responsabilidad para sancionar a los docentes faltistas. Es importante que los medios volteen a ver a los gobiernos estatales en este tema, que se le ha cargado del todo al gobierno federal.


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