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El Combate a la Corrupción. Primera Parte

Miércoles, 06 de Febrero 2019 - 14:40

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Enrique Rodríguez-Cano Ruiz

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“El pueblo se cansa de tanta pinche transa”: López Obrador

Durante una conferencia de prensa —de las que todos los días ofrece el presidente de México— propuso: “que todas las denuncias que se presenten, que tengan que ver con corrupción se ventilen aquí de manera abierta, que nos ayuden y que nos ayude todo el pueblo para limpiar de corrupción el país”.

Me parece que hay que tomarle la palabra al Presidente.

De esa manera —tal vez por su forma de ser, un tanto populista— Andrés Manuel está dando la oportunidad de ventilar públicamente el mal endémico que se padece todos los días, en todos los niveles de gobierno, en este país.

Claro, hay que distinguir el tipo de corrupción que realmente hay que combatir.

Usualmente un acto de corrupción se da, cuando un servidor público o la contraparte llegan a un arreglo para que las cosas fluyan como miel entre hojuelas; cuando se solicita un permiso de construcción o un uso de suelo o para conseguir una licencia de funcionamiento. Es sabido que los bares y restaurantes son los que más enfrentan este problema, lo mismo puede darse en Acapulco que en Cuernavaca, Mazatlán o en Boca del Río. Hay otros casos más graves: delitos de fuero común o federal: tráfico de drogas, etcétera. En todos hay oportunidad para que haya corrupción.

La realidad es que casi siempre no hay un “obstáculo” que no se pueda arreglar con una dádiva y también hay que aceptarlo, es casi una costumbre: una práctica institucional. ¿Quién no ha dado una mordida para que no se lleven el auto al corralón?

Sí filosofamos un poco, este tipo de corrupción es una forma de “repartir la riqueza” pues los servidores públicos encargados no están muy bien pagados y así se compensa un poco el mal sueldo. Lo que es cierto, es que siempre los jefes, los “de arriba”, imponen cómo y cuánto se cobre por el servicio y así se hacen multimillonarios. Así ha funcionado el sistema por años.

Qué raro que cuando se viaja a los Estados Unidos no se ocurre insinuarle a un policía de tránsito darle una mordida. ¡Ni Locos!

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El primer fiscal anticorrupción que hubo en México —en el estado libre y soberano de Nuevo León (noviembre de 2016)— fue Ernesto Canales Santos.

En su testimonio ¿Cómo nos Arreglamos? publicado bajo el sello de la Editorial Grijalbo, narra cuando enfrentó al poder legislativo que no lo quería y explicó: “las mordidas que di (una infracción de tránsito que confesó) nunca han sido para beneficiarme del erario público y esos son los delitos que voy a perseguir…” “lo voy a hacer pese a ustedes … para que en Nuevo León no queden sin castigo los corruptos”. Y agregó “el combate a la corrupción, en un país que nunca ha establecido una política de Estado en contra de los delitos que merman al patrimonio público”. ¡Vaya ironía!

¡Es cierto, irónico sin duda, esa es la corrupción que se debe combatir a fondo!

Los casos irresueltos como el de Odebrecht son solo un ejemplo mayúsculo de otro caso de corrupción, o el de las tomas clandestinas y las no clandestinas —todo un barco—  del robo de hidrocarburos en Pemex, documentados en la prensa nacional o las concesiones en terrenos nayaritas que huele muy mal. La prórroga del permiso otorgado, por 15 años, al permisionario del Hipódromo de las Américas es de carcajada. Ya escribiré de ello.

Es un hecho que la “nueva” Fiscalía General de la República pronto va a tener que nombrar a un Fiscal Anticorrupción para que vaya al fondo de tantos asuntos y encarcele a tantos funcionarios corruptos. Y obviamente, urge. No es mala idea que Ernesto Canales la encabece. Tiene experiencia y conste, no lo conozco, pero su libro es actual y da un ejemplo de cómo enfrentar las cosas.

El presidente de México tiene mucha razón, estamos hasta el gorro de tanta transa, tanta corrupción. Tanta impunidad. Tanta simulación y tanta discrecionalidad a la hora de aplicar la Ley.


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Número 32 - Agosto 2019
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