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El arte de montar a caballo, ¡reglas similares para la práctica de la política y del amor!

Miércoles, 09 de Mayo 2018 - 15:30

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Enrique Rodríguez-Cano Ruiz

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(Este artículo se publicó en la “Revista Ruiz-Healy Times” y ahora en tiempos de elecciones, un poco modificado, parece actual).

"Necesitas la posición del silencio. Si tu cuerpo no está en armonía con el del caballo, no puedes escuchar lo que él te está diciendo.", Jane Bartle Wilson

Para no quedar atrapado en las redes del amor —con una mujer hermosa como alguna vez lo he experimentado—, o para desempeñarse como un político de altura —con convicciones— y no tener la necesidad de andar saltando de partido en partido como todo un chapulín, para conseguir chamba, hay reglas básicas, muy similares, a las de montar bien un caballo y ser un político exitoso.

Para montar un caballo —de preferencia a la usanza inglesa— (es decir con un albardón), se consigue con la posición erguida —la espalda recta— los talones bajos y las rodillas pegadas a la silla, hacen que uno puede resistir con cierto éxito algún incidente no programado durante la cabalgata.

Cuando el caballo se encabrita, repara, respinga o "se saca" (cuando el corcel se asusta de repente) se puede provocar la pérdida de equilibrio y acabar en el suelo. Muchas veces falta la determinación para volverse a sentar y retomar la postura correcta, contribuye a la caída. En mi experiencia, muchas veces uno se deja caer, se da por vencido. Así es también en el amor e imagino, en la política.

En su libro La Equitación, Alias Podhajsky sostiene que "Más que otro arte, la equitación está en unión intima con el arte de vivir. Muchos de sus principios pueden, en todo tiempo, servir de reglas de conducta de vida lo cual parece cierto. Entre ellos, hay que tener en cuenta, lo siguiente:

  • Contacto es la unión entre la mano del jinete y la boca del caballo, para conducirlo y reunirlo. 
  • El caballo buscará un suave apoyo con el bocado, con un contacto permanente y uniforme, buscando un sostén en la rienda "quinta pata", se dice que el caballo está en la mano.
  • Permeabilidad existe cuando la tensión de las riendas influye a través de la nuca, del cuello y del lomo sobre las patas del mismo lado, haciéndolas obedecer.
  • Halagar con la mano y la voz, no necesita caricias en el cuello y menos palmadas. 
  • Dejar andar con riendas sueltas después del ejercicio, poner pie en tierra y mandar al caballo a la cuadra sin montarlo. 
  • La avena y el azúcar, después de los ejercicios son recompensas.

Estos principios —y sus semejantes— serán importantes para la hora de practicar el amor y hacer política. Por ejemplo, "Halagar con la voz", en el amor y a la hora de hacer política parecen indispensables.

En los asuntos del corazón, no se diga, muchas veces ni agarrarse de la crin resulta, pues es la naturaleza del ser humano buscar "el amor", el cual no siempre se logra. El quiere, ella no y viceversa. "No estoy listo", "estamos en etapas diferentes" y así va a parar uno en el suelo.

A veces —ya cada vez es más raro—, se dan relaciones tersas donde el cariño gana. Las personas ya no aguantan y así se explican tantos divorcios. Al parecer en la política es igual. Así se explican tantos enroques y cada político busca solo su interés personal.

De ese modo, con las cosas del amor, es lo mismo que con el caballo. Lo toman a uno mal parado y el hombre (o la mujer) cae rendido, a los pies del ser amado, sin voluntad y solo queriendo complacer. ¡Grave error, dicen algunos! Casi siempre, por miedo a que lo dejen de querer.

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Y en la política los ejemplos abundan. Las semejanzas con saber montar son asombrosas. El político que no camina erguido se cae en un minuto y todos sus "compañeros" están dispuestos a ocupar su lugar. Sin misericordia. Al parecer la lealtad es escasa y amigos no hay. Hay intereses. Sólo eso.

Muchos personajes de la vida pública han caído para levantarse airosos. Richard Nixon, compitió por la presidencia de su país y para una gubernatura perdiendo en ambas, hasta que en 1968 logró su cometido. Luego, tuvo que renunciar por tramposo. No estuvo bien montado y dos periodistas investigadores lo cacharon en sus triquiñuelas. ¡Ah... ese periodismo de investigación, destapador de caños, actúa como un látigo en contra del corrupto!

En nuestro país, el máximo exponente en el arte de caer y levantarse es Andrés Manuel (López Obrador) que ahora, parece que va bien montado y dice que la tercera es la vencida. ¡Y va con todo! Claro, la búsqueda del poder tiene posiblemente raíces distintas con las de montar bien un caballo y al parecer, en este caso, es una obsesión.

El presidente Enrique Peña Nieto parece que ha caído varias veces —la Casa Blanca y todos esos asuntos, producto del periodismo de investigación— pero se levanta, muy raspado, pero se levanta. Claro, el poder presidencial en México es infinito y no hay autoridad que tumbe a un presidente... ¡Hasta ahora!

Ahora, el candidato del PRI, Jose Antonio Meade —en el segundo tercio de su campaña— parece que cambia hasta de caballo y se monta mejor pues aparentemente las cosas no van bien; Andrés Manuel López Obrador va muy contento y ya se comporta como presidente; Ricardo Anaya se apresura y arrea a su caballo para alcanzar a su competidor.

El que sí sabe montar, el independiente Jaime Rodríguez “El Bronco” aunque sabe que va a perder, completa su misión —le pega cada vez que puede al puntero (AMLO) y es probable que toda su estrategia se encamine para ser presidente en 2024. Margarita, ni montar sabe, a pesar de ser una mujer decente. Todavía no comprendo que hace allí y en su lugar debiera declinar a favor de Pepe Toño o de Ricardo.

Así pues, de esta manera, en el amor y en la grilla hay que estar bien montados. La espalda erguida y los talones bajos para mantenerse cabalgando.


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Número 35 - Noviembre 2019
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