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Discutamos el tratado comercial transpacífico

Viernes, 09 de Octubre 2015 - 17:00

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Héctor Barragán Valencia

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Nos anuncian con bombo y platillo que se concluyó con éxito el acuerdo de cooperación estratégica transpacífico, conocido como TPP. El convenio se negoció en la casi absoluta secrecía, a espaldas del soberano, que se supone somos los ciudadanos. Este hecho en sí deja un mal sabor de boca. ¿Qué se puede decir, además de unas pocas generalidades, como que la competencia impulsa la innovación? En realidad muy poco. Lo que ha trascendido, y que atañe a México, es un endurecimiento de las reglas de propiedad intelectual, que dañará la producción de fármacos genéricos; una reducción del contenido nacional en la industria de autopartes, y una especie de tipos de cambio fijos. Los dos primeros puntos tendrían un impacto negativo en las industrias farmacéutica y automotriz mexicanas, pues puede afectar la producción y el empleo; el último punto es igualmente preocupante.

Regresar a los tipos de cambio fijos tiene como fin evitar que un país devalúe su moneda con el propósito de hacer competitivas sus mercancías y ganar mercados a costa de los otros socios. Parece una unión monetaria, regida por el dólar. Si es el caso, pues falta conocer los detalles, podemos tener algo semejante a lo que ocurre hoy en Europa: ningún país puede devaluar para corregir su déficit comercial, lo cual implica que para equilibrar las cuentas externas se debe recurrir a un mayor endeudamiento, a severos programas de austeridad y a una represión industrial para reducir las importaciones, que implica cierre de empresas, altas tasas de paro, y la transformación de la Reserva Federal estadunidense en el banco central de todos los países firmantes. El fin de la estrategia es clara: que Washington recupere la hegemonía global.

En efecto, el acuerdo transpacífico es una maniobra geopolítica con la que Estados Unidos desea recuperar la hegemonía mundial y aislar a China y a Rusia. Los cálculos del gobierno estadunidense estiman que el acuerdo apenas incrementaría 0.3% su producción total anual. Para 2025, toda la región acumularía una ganancia de 104 mil millones de dólares, suma de la que Estados Unidos, Japón y Corea del Sur se quedarían con 55% de ese total. La ganancia estimada para México en 10 años sería de mil 700 millones de dólares; un monto irrisorio. El fenómeno se debe a que en economías con aranceles cercanos a cero, el efecto de la apertura total es ínfimo y a que el libre comercio entre países asimétricos no favorece el desarrollo de los más atrasados. ¿Quién asesora al presidente y plantea maravillas? Es necesario abrir una amplia discusión sobre este nuevo pacto comercial.


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Número 35 - Noviembre 2019
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