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Dime en quién crees y te diré quién eres

Lunes, 07 de Octubre 2019 - 12:50

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Enrique Fernández Martínez

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La buena suerte siempre ha sido objeto de deseo del ser humano, es producto de nuestra racionalidad que busca respuestas y patrones para todo y de nuestra emocionalidad que inconscientemente necesita algo o alguien en que creer, de esto último se aprovecha cada elección los políticos  y todos los días un ejército de brujos, brujas, gitanas, chamanes y hechiceros, curiosos personajes que montan su teatrito personal en buscada de creyentes en las ciencias ocultas.

 

Basta con escuchar la radio, ver la televisión, el internet, el periódico para encontraremos con miles de anuncios de estos personajes que prometen curar enfermedades, encontrar el amor, destruir a quien se odie, blindar nuestra suerte, hacer amarres, conseguir pareja, leer las cartas, el tarot,  vudú, limpias, magia blanca o magia negra, etc.

 

Nuestra necesidad creer en algo superior, la falta de autoestima, la falta de afectos, la falta de dinero y la fe son los principales ingredientes del éxito de estos personajes que trabajan normalmente en mercados, en espacios pequeños llenos de estatuas y figuras que van desde la virgen de Guadalupe, Cristo crucificado, San Judas Tadeo y San Antonio  hasta Lucifer, Nosferatus, la Santa Muerte (de la que se dice que como da quita) y Malverde, estos dos últimos han cobrado fuerza en un segmento de la población convive con el peligro, particularmente los delincuentes y los narcos. Además de decenas de semillas y plantas con poderes especiales, velas de todo tipo, Budas, herraduras, gatos asiáticos de juguete que mueven la patita invitando a los clientes y por supuesto los indispensables amuletos. 

 

"Curo y mando enfermedades", "destruyo matrimonios o amantes", "hacemos crecer tu negocio", “hacemos pactos con Satanás"

 

En internet hay quien se anuncia como la última esperanza en el amor:  ¨ Soy tu última esperanza y te juro que con mis amarres de amor  en cuestión de horas pongo a tus pies esa persona que quieres o amas, ya sea por capricho, amor o venganza, llorará lagrimas de sangre por ti ¨ ¡¡¡ Comuníquese ahora o sufra para siempre !!! ¨

 

Y que se puede decir de esos programas estelares en radio y tv, la mayoría nocturnos, conducidos por pastores con acento brasileño en los que los fieles entran en trance y todo se vuelve una comunicación estable y confiable con Dios y por supuesto se lucra con la fe.

 

Como podemos observar, todo se vale, a todo lo esotérico o divino se recurre con tal de obtener lo que deseamos pero ¿Quién regula este mercado de miles de millones de pesos al año? ¿Quién certifica si una bruja es buena o falsa? ¿Cómo se pueden medir los resultados?  

 

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) dicto en 2011 una resolución para castigar penalmente a quienes lucren con la superstición o ignorancia de las personas y penaliza a quienes de "modo abusivo", obtienen un beneficio económico a partir de la superstición de los otros. Años después no pasa nada, cada minuto se sigue lucrando con la fe, continua siendo refugio de charlatanes.

 

En estos tiempos los brujos y hechiceros están haciendo un gran negocio, ha crecido mucho el comercio de creencias y conjuros pues son una opción ante la crisis económica y la inseguridad que priva en  México generada en gran parte por la 4T, en épocas de crisis aumenta la necesidad creer, de tener fe, de echar mano de lo sobrenatural. 

 

No falta mucho, si no es que ya existe alguna estatua de San AMLO que debe ser venerado por los brujos y brujas, pues les esta generando mucha chamba.

 

Valorando lo que se tiene, ser agradecidos, buscar el equilibrio, compartiendo lo positivo con los demás, tratando que lo que esta afuera no afecte a lo que esta adentro de cada quien, 

 

Nuestra realidad es como nuestros pensamientos, son propios, no hay que buscar culpables afuera  ni en la mala suerte, pues la suerte es eso solamente y voltea cuando quiere, no siempre que se le necesita y es producto de acciones propias que van creando la oportunidad.

 

No señalemos a la mala suerte como culpable de los resultados negativos que podamos tener.

Todo pasa, lo bueno y lo malo, ninguna situación personal es permanente.

 

Date permiso de estar alegre o triste o enojado sin ayuda de nadie. Hay que ser feliz por uno mismo.


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Número 33 - Septiembre 2019
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