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Día de la Madre

Viernes, 10 de Mayo 2019 - 13:00

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Julio Chavezmontes Messner

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Denunciar la comercialización de absolutamente TODO,  viene siendo lluvia sobre mojado; lugar común; perorata desgastadísima.

PERO CIERTA.

El calendario que señala y marca el ritmo de nuestras vidas, no transcurre de enero a diciembre,  sino a pesar de la cuesta de enero,  al febrero del amor, al marzo de la primavera, al spring break,  el día del niño,  del maestro,  de la madre  y un largo etcétera a cuyo ritmo los comerciantes ordeñan periódicamente los bolsillos de su clientela CAUTIVA.

Hoy le toca al día de la madre.

La ocasión es inmejorable para repensar la importancia de la maternidad y  lo que en verdad significa.

¿Dónde está el lugar de la madre?

¿Dónde es el sitio del capitan de un barco?

La madre es la encargada de la conducción de la familia; es la navegante y cartógrafa del rumbo del hogar.

La maternidad  no concluye con la lactancia, porque  la madre nutre la vida de toda la familia siempre.

Hemos llegado al absurdo de hacer que la mujer dedicada al hogar y a su familia, sea vista como esclava, como víctima, como impedida por una inconfesable desventaja y una verdadera esclavitud;  como “la lavadora de dos patas”  mencionada por Fox, el sabio de Borgues  y de “comes y te vas”.

Curiosamente, si en alguna época la mujer fue respetada y valorada como materfamilias, fue en la antigua Roma,  cuyas leyes le reconocían y le otorgaban el sitio preponderante y fundamental que le corresponde  a la mujer en general, y a la madre muy en especial.

La mujer en la antigua Roma, estaba legalmente blindada y gozaba de libertades y derechos que no tiene en el siglo XXI.

Quienes en nombre de la “liberación femenina” han querido convertir a la mujer en hombre,  no lo hacen por un espíritu igualitario,  sino para anular la capacidad defensora de la mujer como madre y como sostén de todos los valores (ecuménicos y universales) que identifican a la familia como núcleo de la sociedad.

¿Cómo poder acabar con la institución natural de la familia?

La única forma de desmantelar el bastión desde el cual se construían seres humanos capaces de libertad,  ha sido el  arrebatarles el pilar de la maternidad ejercida en su imperio indiscutible: en el hogar.

No niego  el mérito de las mujeres que trabajan y destacan en múltiples campos de la vida.

No todas las mujeres desean ser madres, pero todas las mujeres tienen una especial capacidad de liderazgo intelectual y emocional que les permite influir en la vida social armadas con sus dotes maternales de comprensión, liderazgo,  sostén, apoyo, solidaridad y consuelo.

Lo que censuro y lamento, es que se vea a las amas de casa y a las madres de tiempo completo, como desventuradas criaturas privadas de las glorias de la liberación femenina.

¿Liberación?

¿De veras?

La inmensa mentira de la “liberación femenina”  es solamente una de las interminables versiones de la primera mentira que los humanos se creyeron:

¡Seréis como dioses!

Yo, como hijo, solamente puedo hablar de mi experiencia propia.

Mi madre (que de seguro esta con Dios), era un ama de casa de tiempo completo, y una madre formidable.

Se las ingenió además, para lograr un doctorado en historia y para ser la más congruente, pedagógica y extraordinaria maestra de catecismo.

Mi madre al igual que mi padre,  fueron padres por convicción y vocación.

Entre sus enseñanzas,  estuvieron incluidos muchos refranes,  citados con puntería, humor y oportunidad extraordinaria.

Era la reina de la buena cara ante el  mal tiempo;  en la salud y en la enfermedad.

Era una madre que predicaba con el ejemplo; ensenaba con lo que hacía, no nada más con lo que decía.

Además de tener cuatro hermanas que no cambiaría por nada ni por nadie, mis mejores amigas son mujeres.

Mujeres y madres; madres extraordinarias a las que hoy y siempre, felicito y me enorgullezco de su amistad.

No todas las mujeres tienen la opción de permanecer en sus hogares al cuidado de sus hijos; las madres que trabajan, merecen un especial reconocimiento porque su tarea es doblemente dura; porque encabezar y encaminar familias es el trabajo más duro y el menos reconocido.

Como la lista de las mujeres que admiro y quiero seria larguísima, saludo desde estas líneas a mis hermanas Malu y Silvia y a Coca y Lourdes que ya estan con Dios sin duda alguna, al lado de mi madre.

Como mexicano, me consuela siempre recordar las palabras de Nuestra Madre de Guadalupe a nuestro hermano Juan Diego:

“¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?…”

Pidámosle a Nuestra Madre e Guadalupe, por todas las madres de México y del mundo.

Dedicado de todo corazón a mi madre, Marialuisa Dominguez –Soberon; a Coca y Luly (mis hermanas ángeles), a Malú y a Silvia (mis otras dos queridísimas  hermanas);  a mi suegra admirada Mónica Bustos de Blaschke;  a Carmen, Paty, Fran, Lucy, Tere , Silvia y Reyna Téllez (mis comadres); a Marilú mi ahijada; a Carmen Hernández, (mi muy pero muy querida amiga); a Lucero, Cristina y Marcia Fuentes; a Mariana (mi ahijada y amiga de toda la vida);  a Anke, Annie y Sonia (queridas amigas y mamás de compañeros de mis hijos); a Doña Sidonia Cárdenas (mi mamá adoptiva); a Rosa Mary Cárdenas, y a todas mis admiradas y muy queridas amigas cuya maternidad reconozco y honro hoy y siempre.

 

Stahringen am Bodensee

Baden Wurttemberg, Alemania

Día de las madres 2019

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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