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De los nuevos delegados esperamos trabajo serio, cero corrupción y que sepan escucharnos a todos…

Lunes, 05 de Octubre 2015 - 18:00

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Tere Vale

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Los sufridos habitantes del D.F. (ahorita les digo por qué) comenzamos octubre con la llegada de nuevos aires en las 16 delegaciones de nuestra ciudad, si no saben los nombres de los susodichos ahí les van:

  • Álvaro Obregon: María Antonieta Hidalgo Torres
  • Azcapotzalco: Pablo Moctezuma Barragán
  • Benito Juárez: Christian von Roehrich
  • Coyoacán: Valentín Maldonado
  • Cuajimalpa: Miguel Ángel Salazar
  • Cuauhtémoc: Ricardo Monreal
  • Gustavo A. Madero: Víctor Hugo Lobo
  • Iztacalco: Carlos Estrada
  • Iztapalapa: Dione Anguiano
  • Magdalena Contreras: Fernando Mercado
  • Miguel Hidalgo: Xóchitl Gálvez
  • Milpa Alta: Jorge Alvarado Galicia
  • Tláhuac: Rigoberto Salgado
  • Tlalpan: Claudia Sheinbaum
  • Venustiano Carranza: Israel Moreno
  • Xochimilco: Avelino Méndez

Y les digo al menos los nombres de estas ilustres personas porque creo que todos esperamos de ellos trabajo serio, cero corrupción y que sepan escucharnos a todos los que vivimos y trabajamos aquí. Conste que ya no quiero seguir instalada en el pasado recordando los horrores que hemos vivido en la ex ciudad de los palacios, ni hablar otra vez de mi pobre avenida Masaryk y los desatinos costosísimos que se han cometido en su nombre. No, yo nomás quisiera decir en representación de muchos vecinos que se han acercado conmigo desde los cuatro puntos cardinales, qué es lo que quisiéramos para vivir en paz en el D.F. No se trata de grandes obras o gigantescas construcciones, no, son cosas muy sencillas, por cierto…

1.- Que se acaben los baches. Sí y sí… ¿Acaso será posible que en los próximos tres años se re-encarpete la ciudad? Bueno de perdida, ¿que se pavimenten y tapen los gigantescos hoyos que hacen que desplazarse en coche sea como treparse en la montaña rusa?... Si estos señores y señoras arriba mencionados hicieran al menos esto, nuestra vida cambiaría y la de nuestros coches también, y desde luego la de los temerarios peatones y ciclistas que se han roto más de una vez el esqueleto al caer en esos agujeros negros insondables, que ni Hawking imaginó tan profundos. Un ejemplo, vivo en una calle de la supuestamente elegante colonia Polanco y todos los días para entrar con el coche a mi casa brinco, salto y trato de evadir astutamente los eternos bachezotes que adornan esta vía, a media cuadra de la dizque renovada Masaryk. Hubiera sido mucho mejor que antes de poner los odiados molotes de granito español, que esos recursos se hubieran empleado en bachear las calles. Eso sí que sería una obra que agradeceríamos todos y daría bienestar a la comunidad. ¿Será posible?

2.- Que cuando llueva no se inunden las calles. ¡Guau! Sería el salto dialéctico, ¿verdad? ¿Qué misterio profundo sucede en las atarjeas, alcantarillas y demás partes del drenaje del D.F. que nomás con que llueva tantito, la ciudad se vuelve loca y las aguas se acumulan en una calle y en otra también? Hace un par de meses y en una de esas noches de trombas inclementes, dadas las diversas inundaciones y encharcamientos de la ciudad demoré más de 4 horas de la Condesa a Coyoacán. El agua en algunas partes de Churubusco llegaba a media puerta de mi coche y ni para atrás ni para adelante, suspendidos en el espacio y en el tiempo en medio de la laguna. Estos episodios de colapso total están acompañados generalmente de semáforos descompuestos (también por la lluvia) y de acomedidos y sagaces policías de tránsito (humanos) que comienzan a dizque dirigir el tránsito. Bueno… hay que decir que cuando aparece uno de estos seres vivientes para intentar resolver estos problemas vamos de gane, porque la mayoría de las veces no hay ni a quién recurrir . En fin… ya que sabemos cuando empieza y termina (con razonable precisión) la temporada de lluvias ¿sería mucho pedir que se revisara el alcantarillado? ¿Que hubiera cuadrillas especiales atentas a destaparlas?¿Que se vigilara el funcionamiento de los semáforos, antes de que se descompongan con el agua?...

La semana entrante sigo con mi carta a Santa Claus para los flamantes delegados. Y mejor… la recomendación de la semana: recientemente se abrió un nuevo restaurante de cocina oaxaqueña en el Hotel Presidente de Polanco, se llama “Chapulín” y en verdad vale la pena visitarlo. Los que somos grandecitos recordamos el restaurante que estaba en su lugar: La Chimenea, que fue hace unos 20 o 30 años un desayunadero político muy visitado. Hoy, Chapulín aprovecha este espacio, se renueva y se vuelve una buena opción para la comida mexicana. El mole negro, los tacos y tortas, los fideos secos, las esferas de plátano frito, los frijolitos de la abuela o el ceviche de camarón y sandía o el risotto de huitlacoche en verdad recomendables. Hay una hermosa y grande terraza para fumar y el raspado de vainilla, simplemente memorable. Vayan. Y como siempre, muchos besitos a los niños. Bye.



Número 31 - Julio 2019
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