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De la terrible situación económica mundial y de la violencia humana

Lunes, 24 de Agosto 2015 - 17:00

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Tere Vale

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Sin duda la noticia de la semana es el desplome de las bolsas en el mundo, indicador de un problema económico global que hace temblar al planeta. El llamado lunes negro logró que el dólar llegara a cotizarse en México en $17.57, cifra inimaginable a principios de este muy difícil año de 2015. Y detrás de todo esto la debilidad de la economía china y la terrible caída del precio del petróleo que viene a darle a nuestro país simple y sencillamente la puntilla. Los muy modestos resultados de la actividad industrial en China y los bajísimos precios del petróleo arrastraron a los mercados del mundo, incluido Wall Street y por supuesto a nuestro IPC, a una caída vertiginosa e indicativa de problemas mayores. La economía China, no lo olvidemos es la segunda del mundo y su desaceleración es cosa seria para todos. Pero… pareciera que los financieros del planeta tienen un lenguaje y una indiferencia muy similar. Según Carlo Cottarelli director ejecutivo del FMI después de todo lo sucedido en estos días aún no es momento de hablar de una “crisis” y la cancelación de proyectos multimillonarios y el despido de miles de trabajadores de las empresas petroleras es “pecata minuta”. Dicen los expertos que las razones de fondo de estas caídas son, en primer lugar el temor a que se suban los intereses en USA; el terror a que la economía China no se recupere; la lentitud en la recuperación de las economías europeas que no acaban de despegar; la dramática caída del petróleo y otras materias primas; la delicada situación de las economías emergentes (Turquía, Brasil, Rusia) que ha hecho que el comercio mundial caiga un 3.4% en lo que va del año. Y aquí en México prevalece la percepción de que la situación económica ha empeorado. Lo que queremos los mexicanos es que se nos den certezas de que la difícil situación mundial no nos comprometerá aún más y se tomen a la brevedad las medidas necesarias para aminorar el inevitable golpe. La cosa se está poniendo bastante fea… La violencia humana se expresa de muy diversas y aterradoras maneras; la violación, el asesinato, el secuestro, la tortura, el acoso y desde luego también el bullying, son formas más o menos graves de ella. Cada una de estas expresiones de falta de empatía con el otro surgen de un nicho socio-psicológico distinto. Pero en todas hay un rasgo común: la falta de capacidad para identificarse con las víctimas y la indiferencia por el sufrimiento del otro. Estas conductas insensibles, sabemos hoy, están directamente relacionadas (junto con otros factores) con una disfunción y/o inmadurez en las áreas prefrontales del cerebro y en el sistema especular, el de las llamadas neuronas espejo, cuya finalidad es, precisamente, hacernos comprender al de enfrente como a nosotros mismos. Cuando rompemos un florero o se nos cae el celular al suelo no sentimos ningún dolor por lo que están “padeciendo” esos objetos destruidos y eso es normal. Al parecer las personas con conductas antisociales que torturan, vejan o eliminan a otro ser humano tienen el mismo desapego por los seres vivos que los empáticos con los objetos. Eso es atroz, pero sucede y sólo así es como comenzamos a entender qué pasa por la cabeza de un torturador, un ratero o de un sicario. Todo un complejo mecanismo neuronal en ellos no funciona. Esto desde luego no los exculpa, todo lo que hacen los antisociales es conscientemente, con plena voluntad de hacerlo y lúcidos al cometer cada uno de sus crímenes. El delincuente no está loco, simplemente es incapaz de sentir apego, simpatía, empatía o amor o de menos, consideración por los demás. ¿Por qué sucede esto? El Chapo, el crimen de la Narvarte, Ayotzinapa, la corrupción, la CNTE, las ambiciones políticas desbocadas, los cárteles, el crimen organizado, la trampa, el robo, la codicia, en fin... el mal, aquí está. Parece ser que los humanos no tenemos remedio… Y mejor la recomendación de la semana: si les gusta la comida italiana sencilla y variada, vayan al nuevo Olive Garden ubicado en Galerías Polanco, en Horacio 147. La decoración es mona y la comida bastante buena. El espagueti con albóndigas, la ensalada de la casa con muchas aceitunas y parmesano y los extra deliciosos “zapollis” (donas italianas espolvoreadas en azúcar glass con salsa de chocolate) valen la pena. Los precios muy accesibles, eso si… no hay terraza para fumar. Pero con todo y todo me gustó y hay servicio a domicilio. Tan, tan y besitos a los niños.


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