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Cuando el oso abraza, el indio muere.

Jueves, 28 de Noviembre 2019 - 13:35

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Enrique Fernández Martínez

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A nuestro presidente le gustan los abrazos y si no cambia la supuesta estrategia de seguridad basada en el apapacho en lugar de perseguir y castigar a los generadores de violencia, antes de lo que se imagina  podrá recibir el abrazo del oso por parte de los Estados Unidos, donde el presidente Trump está dispuesto a cambiar los abrazos por balazos.

Norteamérica es de nacimiento violenta pues desde su fundación entendió que las armas siempre pueden cambiar la historia a su favor y creen en el uso de armas ciegamente por que a través de acciones militares ha logrado mantener su status, acrecentar territorialmente su país, imponer y quitar gobiernos, controlar el comercio mundial, etc. Además saben que vender armas es un excelente negocio, mejor aún que la venta de drogas.  

Por lo tanto, es un país diseñado para la guerra, donde su lógica bélica es siempre una de las primeras opciones en la mesa cuando algo o alguien afecta sus intereses y la amenaza de intervenir militarmente en México no es una ocurrencia, es una idea que ha ido tomando fuerza en el presidente, los políticos, el senado y sobre todo en el pueblo norteamericano desde hace tiempo y que con el Culiacanaso y la masacre de la familia LeBaron acabó de  tomar su lugar en la discusión pública norteamericana. 

Si Trump realmente desea clasificar a las bandas de narcotraficantes como terroristas no debe encontrar mayor problema para la aprobación del status, pues la mayoría en los E.U. Estaría de acuerdo, sobre todo porque es una guerra y ellos aman la guerra.

Y en México miles de voces se alzan para criticar la idea de que los norteamericanos actúen militarmente en territorio nacional y tienen toda la razón pero ¿Qué hará el gobierno de la 4T para evitarlo? en pocas palabras cuando el oso quiere abrazar poco o nada le importan los sentimientos y el caos que puedan generar con sus intervenciones y hay cientos de lugares en el planeta que ya han experimentado el abrazo del oso incluyendo México que perdió medio país en un par de abrazos. 

No la tiene fácil el presidente mexicano porque ahora si, vámonos a revisar su historia como machuchón de esta nación en la que no ha demostrado que quiera combatir a la violencia y al narco, su apuesta de buena fe no ha encontrado, ni encontrara eco en personajes que son capaces de darle decenas de balazos a un bebé, todos estos asesinos no son normales, nadie en su sano juicio es capaz de llegar a esos extremos de barbarie, entonces ¿por qué la insistencia de amar al desalmado? 

Y ante todo este desastre, ante al año más violento con casi 30 mil muertos por la violencia y sus daños colaterales el presidente recurre a la salida fácil, al chistorete, a la historia mal contada y acomodada a sus intereses. 

Si usted estuviera en lugar de los E.U. Cuando ve que su vecino se consume en la violencia, víctima de sus propias confusiones e intereses y sobre todo amenaza con transferir esa violencia a su nación y lo que es peor ya han asesinado a los suyos incluyendo inocentes niños y bebés y ante todo es caos la respuesta del gobierno es promover los abrazarlos y acusarlos con sus mamás. ¿Qué propondría?

Y que tal si el tema del combate al narco es la excusa para interferir en  México, un país que descaradamente está entrando en el socialismo. 

El oso norteamericano ni siquiera es capaz de imaginar que su socio y vecino, con quien comparte tres mil kilómetros de frontera pase a formar parte del enemigo histórico del capitalismo. 

E.U. No vacilara ni un segundo en interferir de cualquier manera, militar, diplomática o económicamente para evitar que se consume un socialismo en México, porque nos consideran históricamente, su ámbito de influencia de primer nivel, somos países ambivalentes y codependientes y cualquier cosa que afecte sus intereses es en automático una amenaza a su seguridad nacional

¿Cómo demonios pudimos llegar hasta aquí? 

En primer lugar debemos culpar  a Peña Nieto que ignoro el problema de la violencia y después en aras de la impunidad negoció la presidencia con el actual presidente y le abrió la puerta y en reciprocidad el ganador le tendió un  puente de plata a Peña para que ande hoy por el mundo de novio, campante y sonriente. 

En segundo lugar está el actual presidente, pues gracias a las malas decisiones ha creado un gobierno que piensa que la buena fe tiene más poder que las armas. 

Si así fuera, ¡Los narcos serían sacerdotes!

 

El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones…

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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