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¿Crisis o nueva normalidad?

Lunes, 22 de Diciembre 2014 - 17:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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En muchos medios, periodistas y analistas se muestran pesimistas y aseguran que México vive una gran crisis. Indudablemente recurren a Tlatlaya, Ayotzinapa y la casa blanca como ejemplos de esa situación. La inseguridad y la mala economía también son puestas como ejemplo. Las imágenes de las protestas del magisterio disidente, sobre todo en Oaxaca y Guerrero, dan la vuelta al mundo: “eso es México”, dicen estos preocupados personajes.

Caso por caso es importante acercarse a la forma cómo se están tomando estas situaciones. Por ejemplo, el caso Tlatlaya no debió ser, pero pocos se han adentrado en el fondo del asunto: no se puede sacar a un ejército, entrenado para usar las armas, y ponerlos a combatir en una guerra interna contra narcos sin que se lleve al borde a estos soldados. Esta guerra ha sido muy prolongada y los militares mexicanos no estaban (ni están) acostumbrados a librarla. Dos hechos graves sobre esto: es posible que haya más casos como este y no se conozcan, pero suponer que el gobierno federal en su conjunto es culpable es una idiotez o parte de una agenda. Segundo, me temo que muchos mexicanos se encogen de hombros por esta violación enorme a la ley y a los derechos humanos y siguen adelante, “ellos se lo buscaron”.

De Ayotzinapa, sin duda una tragedia, el radicalismo de las protestas está ahuyentando los apoyos. Poco a poco se va aislando lo que fuera una oportunidad para poner en el tapete de la discusión temas como los desaparecidos, los muertos anónimos, el uso de las fuerzas armadas, los policías corruptos. Igual que en el caso anterior: muchos mexicanos están hartos del manejo del tema.

El caso de la casa blanca de Las Lomas es otra tragedia, aunque distinta: una casa muy costosa, una explicación insuficiente y un aparente conflicto de intereses, pero no hay marchas por esto, no hay masas exigiendo la aclaración o la renuncia. Sí, hay redes sociales noche y día, pero hasta ahí. Los mexicanos parecen decir: “no nos sorprende”, esa es la tragedia.

La inseguridad disminuye poco a poco, tanto en los datos oficiales como los de organismos civiles serios. Menos muertes violentas, menos secuestros. La economía parece también mejorar: menos desempleo, inflación controlada, pero se viene un año muy difícil. No importa, son vacaciones de fin de año y los mexicanos parecen querer olvidar los problemas pasados y los que vendrán. El que apueste a otra cosa en estos días se equivocará. Hasta los maestros disidentes de Oaxaca han abandonado la plaza para los turistas.

¿Nos hemos acostumbrado a una normalidad absurda, violenta y cruel?, ¿el mundo se ha acostumbrado a esa realidad? 


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