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Criminalizar a los criminales

Jueves, 01 de Diciembre 2016 - 15:00

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El Oso Travieso

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La primera exigencia del grupo que trata de manipular en su beneficio la tragedia de Ayotzinapa, fue la de no criminalizar al grupo de estudiantes desaparecidos en ese momento y que, en mi opinión, ya han pasado a mejor vida.

Tal vez sea exagerado calificarlos de criminales, pero ¿qué calificativo será adecuado? Un grupo de estudiantes que “secuestra” autobuses, los pide prestados, o los usa para cometer desórdenes, que colecta fondos de manera forzada para financiar sus actividades, que enfrenta a la policía y se escuda en su calidad de estudiantes; de una manera asfixiante fuerza a otro grupo antagónico a reprimirlos; de la manera en que lo hizo indica que sus actividades habían rebasado los límites de lo tolerable.

Hoy están siendo entronizados, utilizados como emblema de ataques al gobierno, exigiendo un imposible rescate con vida y acusando de inacción a las autoridades a pesar de tener encarcelados a la mayoría de los autores materiales e intelectuales y que dentro de esos culpables no se encuentran los directivos de la Normal, bajo cuya anuencia y posibles directrices, desarrollaban esas actividades.

Este es un sistema acostumbrado y efectivo. Las izquierdas manipulan, traicionan y engañan, obteniendo figuras relevantes para las desinformadas masas, mediante golpes efectistas que les brindan popularidad. Se valen de pretextos, válidos o no, para canalizar los resentimientos populares y desordenar las conductas cívicas. El delito de Disolución Social ya dejó de existir desde el conflicto de 1968.

La mayor evidencia del éxito del sistema la tenemos en Fidel Castro Ruz. Tanto se escribe hoy acerca de él y con opiniones totalmente polarizadas que sólo pretendo aportar mis recuerdos de tal personaje.

Muy niño me llamó la atención la noticia del triunfo de los barbones: Fidel y Raúl Castro Ruz, el Che Guevara, Huber Matos, Camilo Cienfuegos y otros, ocuparon las primeras planas de los periódicos, un periodista mexicano los acompañaba y el apelativo de “Héroes Insurgentes de Cuba” se les aplicaba con generosidad.

Pasada la euforia y el arribo de exiliados cambiaban radicalmente la percepción, el paredón funcionando las 24 horas, los niños denunciando a sus familiares, inclusive algunos a sus padres, para ser fusilados inmisericordemente, la escasez de alimentos, la gran cantidad de buenas personas que salían de la isla para salvar sus vidas.

Escuché a Fidel declarar en un discurso: “acusan nuestra revolución de comunista y les aclaro: no es comunista, es en favor de la libertad” ¿qué iba yo a saber en esos años de ideologías? Creí en la sinceridad del líder y esperé que corriera el tiempo.

Llegó la invasión frustrada de Bahía de Cochinos y vi al Presidente Kennedy aceptar la responsabilidad.

La crisis de los misiles me aclaró el panorama; ¿cómo era posible que permitiera Fidel una amenaza tan grave para el mundo entero?, ¿no se daba cuenta que una guerra atómica acabaría con todos?

Cubanos en las guerrillas de África y Centroamérica, desaparición del Che, a quien se empieza a venerar como héroe, su imagen se vuelve icónica en posters y camisetas, pero no se le ve por ningún lado.

México apoya mucho más allá que con diplomacia, con alimentos, petróleo, préstamos, ¡qué buenos somos!

Los avances en educación, medicina y deporte son sorprendentes, ¿por qué tantos arriesgan sus vidas en cruzar el mar para llegar a Miami?

Muy ilustrador fue un reportaje acerca de los avances populares de la herbolaria, donde el reportero pidió un remedio para la gripa y el curandero le reveló la receta: frutas, verduras, hierbas y para asegurarse que funciona, agréguele una aspirina.

Tuve oportunidad de conocer inmigrantes y viajeros que me ayudaron a formar una imagen diferente, que ahora les comparto. No es resultado de investigación y carezco de documentos que respalden los dichos, algunos son testimonios de oídas, inválidos en cualquier tribunal. Es la descripción de buena voluntad de quienes me han compartido sus vivencias.

Fidel fue un idealista, un patriota, un gran revolucionario que se enfrentó exitosamente a la mayor potencia del mundo. Pero perdió el piso en la soberbia de su triunfo; se endiosó consigo mismo y pretende trascender de la misma manera de Julio César, convirtiéndose en un dios para su pueblo. Sus objetivos se inspiran en el Marxismo y sus métodos en Maquiavelo, su fin justificaba los medios. Para lograr su propósito se traiciona a sí mismo y pierde la esencia de sus valores, no tiene lealtad para su pueblo ni para sus compañeros de armas.

¿Cómo acabaron sus barbones compañeros?

Huber Marcos pasó veinte años en prisión porque no quiso hacer de él un mártir enviándolo al paredón; el Che disputó fuertemente con él porque le ordenó fabricar un producto que el médico consideró dañino para la salud y al negarse, dijo que el comunismo con que soñaba era muy diferente del que estaba aplicando Fidel; también hay quien dice que le negó el apoyo que solicitaba en Bolivia y por eso cayó en combate; Camilo Cienfuegos le estaba superando en popularidad y la relación entre ellos era cada día de mayor tensión, así que un día de celebración a los héroes caídos en el mar, que acostumbraban conmemorar arrojando coronas de flores, cada quien desde su barco, Camilo y sus allegados, familias incluidas, remataron todos sus bienes, abordaron con maletas y al final de la ceremonia se despidieron de los Castro navegando con rumbo desconocido; la versión oficial es diferente.

Si así trató a sus amigos, ¿qué esperarían sus enemigos?

Fidel es un mago de la publicidad y del manejo de las masas. Dos millones y medio de exiliados, un pueblo hambriento; los contrastes económicos, a pesar de la pobreza del país, se hacen mayores e insultantes por las recompensas desmedidas de los “salvadores”.

Los grandes centros nocturnos, antes llenos de turistas, ahora se llenan de militares y miembros de la burocracia dorada. La “erradicada prostitución” es sustituida por “jineteras adolescentes” que prestan sus servicios en sus casas a ciencia y paciencia de su familia que se ayuda con ese ingreso para sobrevivir.

Todo es culpa del embargo, magnífico pretexto que no exime el desperdicio de costas donde a duras penas hay pesca artesanal y que invierte más en lanchas guardacostas que en pesca de altura que aliviaría desocupación y hambre.

Este es el paradigma de la izquierda que empieza con no criminalizar a los criminales, que busca recursos a más no poder, no castiga a vándalos, censura los reconocimientos a quien salva vidas que ellos ponen en peligro y quiere amnistiar a los que destrozan calles y pintarrajean monumentos públicos.

Llegando al absurdo de comparar a Fidel con Nelson Mandela.


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Número 33 - Septiembre 2019
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