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¿Coronación o Coronango?

Viernes, 28 de Diciembre 2018 - 13:05

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Julio Chavezmontes

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“Hicimos de cuenta que fuimos basura

vino el remolino y nos alevantó,

y al poco tiempo de andar en la altura

el mismo viento nos desbalagó ...” (1)

 

¿Qué diferencia hay entre la pareja imperial de Iguala, Guerrero, compuesta por Jose Luis Abarca y Maria de los Angeles Pineda,  y la pareja de los recién fallecidos Marta Erika Alonso y Rafael Moreno Valle?

En realidad, ninguna, excepto claro, la de la suerte y la muerte.

Tanto José Luis Abarca como Rafael Moreno Valle, querían poner a sus respectivas esposas en los mismos cargos que venían ocupando ellos, para emular a Juan Domingo Perón y Evita Duarte, o de perdida a los Kirchner que en Argentina si lograron su propósito dinástico.

A los Abarca se les atravesó la Parca, pero no se los llevó a ellos, sino a los 43 estudiantes de Ayotzinapa; a los Moreno-Alonso tambien se les atravesó la Parca, con la única diferencia de que a ellos sí, les truncó sus aspiraciones dinásticas. 

Al enterarme del desplome del helicóptero  en que viajaba la primera pareja de Puebla, de inmediato vinieron a mi recuerdo otros accidentes similares, como el de Juan Camilo Mouriño; el secretario de gobernación al que Felipe Calderón  quería imponer como su delfín y al que le lloró a mares,  más que  la propia viuda del ojiazul madrileño  habilitado como campechano. 

Hasta daba pena ver a Calderón desconsolado durante el funeral faraónico que le organizó a su favorito en el Campo Marte.

A raíz del helicopterazo acaecido en Nochebuena, una de las preguntas que me formulo, es la siguiente:

¿Para qué viajar en helicóptero de Puebla a la ciudad de México, considerando que tardaron más en subirse al autogiro que en tomar la supercarretera que los hubiera llevado a la CDMX en menos de una hora?

Lo anterior, sin olvidar la diferencia de costos a costa de sus gobernados;  los contribuyentes que, en su inmensa mayoría, andan a pie o hacinados en autobuses guajoloteros. 

La principal razón, es que la gente se acostumbra a las alturas, y cuando se ve a los proles desde arriba, ya no se quieren transportar en ADO ni en UBER, y mucho menos en un Jeta como el de López Obrador.

Debe haber muchos millares de jodidos que preferirían viajar por los aires en el invento de Leonardo Da Vinci, que codearse con la chusma y soportar los embotellamientos interminables de la Calzada Ignacio Zaragoza y el feo paisaje de Iztapalacra.

Pero ahora que el destino ha quitado de en medio a dos sólidos contendientes por la presidencia de Mexicalpan de las Tunas para el 2024 y 2030, sus “correligionarios” aprovecharán las ceremonias luctuosas para endosarle los muertitos a la MORENA “malévola”.

Con esta acusación,  las elecciones extraordinarias que son obligadas, puedan aprovechar la real o ficticia culpabilidad de los Transformers Morenistas, para evitar que el partido de AMLO conquiste lo que Marta Erika Alonso les escamoteó (según las malas lenguas) con la  ayuda combinada de Enrique el Hermoso y Rafael Moreno Valle.

Echándole un vistazo a la historia, vemos que Napoleón Bonaparte,  no pudo dejarle su trono a Josefina, ni Maximiliano a Carlota, ni Franklin Roosevelt a Eleonor, ni Foximiliano a Martota, ni Hitler  a Eva Braun, ni Bill Clinton a Hilaria la persistente.

Uno de los más flamígeros  acusadores surgido a raíz del helicopterazo, es Javier  Lozano; el célebre autor de la famosa frase de “COOPELAS O CUELLO”  inmortalizada a raíz del caso del chinito Zhenli Ye Gon, en cuya casa de las Lomas de Chapultepec, se encontraron más de 200 millones de dólares en efectivo, pertenecientes a la campaña PRIANsidencial de Felipe Calderón. 

Javier Lozano, cuyo bipartidismo lo ha llevado del PRI al PAN y de regreso al PRI, ahora clama y vocifera por los panistas fallecidos, haciendo su luchita para ver si en las inminentes elecciones para gobernador de Puebla, se regresa de nuevo al PAN y sucede a Martha Erika y Rafael, cuya desaparición podría darle Puebla como trampolín para ser él, quien llegue a la presidencia en el 2024.

Hay que ponerle fin a ese fenómeno  dinástico de la política mexicana, que ha permitido que Humberto Moreira le heredara la gubernatura de Coahuila a su hermano Rubén; que Graco Ramírez  el tabasqueño gobernador de Morelos, intentara hacer lo mismo a favor de su entenado en las pasadas elecciones, donde Cuauhtémoc Blanco le ganó, alentando la ambición de pasar de goleador de las Águilas a sentarse en la Silla del Águila, si es que el actual sexenio no se alarga por la bolivariana voluntad popular.

Como puede verse, la clase política mexicana no ceja en su empeño de emular el sistema sucesorio de Corea del Norte, donde Kim Il Sung le transmitió el poder a su hijo Kim Jong Il, y éste a su vez,  fue sucedido por su hijo Kim Jong Un, convirtiendo a aquel país en la única monarquía marxista leninista del mundo.

Entre que son peras o son manzanas, y se difunde la “verdad histórica” de lo ocurrido a los presidenciables poblanos, el presidente López Obrador debería dejar de viajar en vuelos comerciales.

Si AMLO no teme por su vida, debería tener consideración por la seguridad y la vida  de cientos de  pasajeros que, al volar a su lado, corren el mismo peligro que corrieron los desventurados compañeros de vuelo de Carlos Madrazo Becerra,  el 4 de junio de 1969,  cuando el político priista murió en un “accidente” ocurrido al vuelo 704 de Mexicana de Aviación, en la ciudad de Monterrey.

La austeridad republicana promovida por AMLO,  nada tiene que ver con la necesidad de un jefe de estado de tener transporte oficial.

Lo malo del avión que el enano Calderón le heredó a Enrique el Hermoso, no era el avión en sí, sino el mal uso que le daban, llenándolo de gorrones a cuenta del sudor y el trabajo de los mexicanos.

Esto,  sin olvidar que López Obrador NO puede vender el dichoso aeroplano, porque no le pertenece al estado mexicano, sino que es rentado mediante un leasing.

De manera que por  el desplante del Pejesidente, nos puede salir más caro el caldo que las albóndigas.

Sea cual sea el sentido de la “verdad histórica” que difundan las señoras autoridades, la MORENA va a salir raspada; tan raspada, que muy probablemente su candidato (el que sea), pierda las elecciones para la gubernatura de Puebla, a manos de un panista.

Si el ministerio público manifiesta que a Marta Erika y Rafael los confundieron con Kate del Castillo y el Chapo Guzmán, y cayeron victimas de misiles cruzados; lo mismo que si asegura que se cayeron de pura casualidad, tendrá como resultado la misma incredulidad del público.

En todo caso, la primera pareja de Puebla, en el pecado llevó la penitencia, porque indudablemente que un vuelo en helicóptero de Puebla a la CDMX, cuesta muchos miles de pesos, contra un módico tanque de gasolina subsidiada con vales oficiales, a bordo de una democrática Suburban blindada por la autopista cuyo recorrido habría sido más rápido que el vuelo fatal.

El triste final de la que se veía a sí  misma como la futura pareja presidencial, se expresa inmejorablemente en la letra de “Amor perdido”,  cuya lección de humildad deberían aprender  los políticos mexicanos de altos vuelos.

Hicieron de cuenta que fueron basura; y entonces el viento los alevantó; y cuando andaban en las meras alturas, el mismo viento los desbalagó…  

Marta Erika ya no va a ser candidata presidencial del 2024 al 2030; Rafael tampoco será el sucesor de su media naranja del 2030 al 2036.

Marta Erika Alonso y Rafael Moreno Valle formaban mancuerna al son de una agenda político-conyugal manifiesta; pero la vida nos da sorpresas.

No es lo mismo Coronación, que Coronango. (2)

 

“La cautela”. Canción popular  de autor anónimo, pero de mensaje muy cierto y sabio.

Santa María Coronango. Poblado del estado de Puebla donde terminaron los altos vuelos y las aspiraciones imperiales de Marta Erika Alonso y Rafael Moreno Valle.


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Número 27 - Marzo 2019
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