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Constitución

Jueves, 12 de Enero 2017 - 17:00

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El Oso Travieso

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La promulgación de nuestra Constitución en 1917 simboliza nuestra entrada a la adultez como Nación.

Es el resultado de la sangrienta Revolución Mexicana y nos dispone a trabajar por mantener la paz y ocupar un lugar destacado en el concierto de las naciones.

Es equivalente a la obtención de nuestra credencial para votar, lo que no implica que hayamos alcanzado la madurez, sino que entramos a la edad en que estamos capacitados para crecer, cuando nos responsabilizamos plenamente de nuestros actos y estamos en disposición para esforzarnos cada día por ser mejores.

La Constitución Mexicana causa impacto mundial, se le considera en su momento la más avanzada del mundo al incorporar derechos sociales. Sus artículos 27 y 123 destacan y nos enorgullecen; enfatiza los derechos de los acusados en respuesta a las arbitrariedades e injusticias de la aplicación discriminatoria de las leyes anteriores.

El impacto que causa nos otorga lugar destacado en el concierto de las naciones.

Por desgracia la redacción actual dista mucho de la deseable para nuestra Ley Fundamental.

Los sucesivos gobernantes han abusado de la posibilidad de mejorar el texto y no siempre lo han hecho para bien. Las reformas ajustadas a necesidades políticas del momento, faltas de visión a largo plazo y entrando en casuística y reglamentación la han convertido en una ley inaplicable en muchos casos, con contradicciones de hecho y de derecho; artículos impracticables y que le restan autoridad.

El mejor homenaje que le podemos hacer en éste, su centenario, es actualizarla, devolverle el brillo con el que nació; modernizar su redacción, ordenar sus conceptos y concederle la autoridad moral y legal que hoy la tiene tan disminuida.

Hacerla cumplible al cien por ciento, asequible a todo nivel, accesible y aplicable a todo el país, del conocimiento pleno de los estudiantes de secundaria.

Que sea la base para empezar a limpiar la imagen de país impune, corrupto, saqueador, mal administrado y sin futuro que tenemos y que en muchos casos corresponde a la realidad.

Que refleje el grado de madurez que como país hemos alcanzado.

Empezando por un proyecto de nación que entusiasme y llene de orgullo. Que establezca claramente cuáles son las aspiraciones y metas que tenemos como Nación; que clase de País queremos forjar: libre, independiente, autosuficiente, solidario, generoso, pacífico y promotor de la paz mundial, honesto a carta cabal.

Que nos integre como una verdadera Nación, aprovechando nuestra multiculturalidad y diversidad geográfica, biodiversidad y eclecticismo.

Que sea la piedra fundamental en la reconstrucción del país. Cimentada en valores, con prioridad a la Vida Humana plena, de principio a fin; iluminada por la Justicia, Bondad, Belleza y Verdad; que aproveche y fortifique los Valores Nacionales de todas nuestras culturas, perfeccionando los usos y costumbres, siempre por debajo del respeto a los Derechos Humanos.

Que nos presente un gran Plan Nacional de Desarrollo, con diversos planes específicos, concretos y aplicables en los diversos aspectos controlables de la vida nacional, como: Planes  de Educación. Alimentario, Hidrológico, Pesquero, de Comunicaciones, de Desarrollo Industrial y cinco más; Planes no susceptibles de reformas sexenales, (si de adecuaciones y ajustes) pero que nos lleven con paso firme en el camino correcto.

Continuando por el perfil del mexicano, que rete a cada ciudadano a ser más y mejor. Que enfatice las responsabilidades, emparejándolas a los derechos. que defina al ciudadano en su ser y su accionar: un hombre de honor, noble, valiente y leal; honesto a carta cabal, que su palabra vuelva a ser escritura.

Sirva así la Constitución como fuente de la administración de Justicia pronta y expedita, sin juicios interminables y lagunas tan grandes que ahogan cualquier trámite; ya que las faltas contra los planes de desarrollo serían consideradas Traición a la Patria, sancionando en verdad a  quienes juren cumplirla y no lo hagan; aplicando  el mismo criterio a los que falten a la conducta descrita en el perfil del mexicano. Responsabilizando a infractores y delincuentes sin argumentaciones del debido proceso.

Dejando procedimientos y casuística a las leyes reglamentarias, podando de hojarasca que enturbia con tanta especificación que confunde y crea laberintos inescrutables.

Que en verdad sirva a todos y no sea instrumento manipulable que favorece corrupción e impunidad.

Se comenta que Don Porfirio pregonaba que cuando era imperativo realizar una acción, la atendía personalmente, cuando esta acción no era urgente, pero si importante, encargaba a una persona de su absoluta confianza y que cuando no quería que se hiciese, nombraba una comisión.

Actualmente la Constitución está llena de comisiones, comités, consejos de administración y trámites para la repartición “equitativa” de puestos conforme a las diferentes tendencias políticas y es el momento de cortar por lo sano y nombrar a personas de absoluta confianza, responsabilizándolas plenamente.

Con un Congreso Redactor que no implique mayor gasto y que valore el honor de integrarlo y no se sume a la legión burocrática, que los neo constituyentes trabajen por primera vez por el honor de servir y sean los primeros funcionarios que no se sirvan de los puestos.



Número 32 - Agosto 2019
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