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Con los cambios en el gabinete inicia la sucesión presidencial

Martes, 01 de Septiembre 2015 - 17:30

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Guillermo Vázquez Handall

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Por fin se despejó la incógnita: después de tantas especulaciones el presidente Peña Nieto realizó el día de ayer los cambios en su gabinete y en la ortodoxia priísta, los enroques de mitad de sexenio significan un reacomodo con miras a la sucesión presidencial, de tal suerte que en adelante, aunque esa posibilidad no se puede descartar, la expectativa de otros movimiento será menor.

Será de esta reconformación de su equipo de donde saldrán los precandidatos a sucederlo, aunque ya podemos señalar por descontado que como resultado de este anuncio y del arribo de Manlio Fabio Beltrones al PRI, él y José Antonio Meade se colocan como los más fuerte aspirantes.

Porque aunque se supone que Beltrones no era la primera opción de Peña Nieto, de entrada enviarlo al partido tiene esa intención, no hay en el escenario otro priísta con su dimensión.

No se puede asumir que en estos movimientos, no hay de por medio un mensaje político intrínseco, eso sería ingenuo y, en todo caso, es parte de un ejercicio para medir las reacciones posteriores.

Por ello llama poderosamente la atención el nombramiento de Meade en la Sedesol, la plataforma privilegiada para construir proyecto político, con lo que es evidente se ubica como el plan A de los Pinos.

Aunque el Presidente contemple otras opciones, en esta dinámica las cosas parecen haber quedado alineadas a favor de Beltrones, si bien esto seguramente no obedeció a una estrategia definida específicamente para ese propósito, la consecuencia lo infiere naturalmente.

Esto porque en el paquete de modificaciones el único elemento que se integra para sumarse a la lista de potenciales aspirantes es Meade y los que ya se conocían, permanecen en sus posiciones originales.

Meade no compite con Beltrones en términos de popularidad y aceptación, aunque no se puede dejar de lado su brillante currículum y la efectividad en el desempeño de sus anteriores encargos, su perfil es técnico.

Meade puede presumir de ser Secretario por cuarta vez ininterrumpida y de haberlo sido con dos presidentes de partidos distintos, lo cual no es cosa menor, esa es una extraordinaria tarjeta de presentación.

Con la llegada de Meade a la Sedesol, todos los reflectores van a apuntar hacia él, para evaluar su desempeño que, independientemente del carácter de la responsabilidad, se fijaran más en sus actitudes políticas.

Meade no sólo tendrá que cumplir cabalmente con la encomienda, tendrá que ser capaz de despegar públicamente a partir de ella, establecer una oferta que lo haga trascender, para ser equilibrio con Beltrones y la carta fuerte del Presidente, porque es evidente que para eso lo nombró.

Videgaray está prácticamente descartado, además de que él mismo nunca se ha planteado esa opción; sus intereses y objetivos claramente apuntan en otra dirección.

A Osorio Chong, la fuga del “Chapo Guzmán” le significó un golpe sepulcral, su imagen pública se deterioró de forma que no parece haber margen para recuperarla.

Si a Aurelio Nuño el Presidente lo hubiera querido proyectar, realmente lo hubiera enviado a la Sedesol y en cambio prefirió a Meade. Nuño no tendrá en la SEP una plataforma adecuada para establecer una estrategia publicitaria eficiente de posicionamiento público y desarrollarse políticamente, además de ser el responsable y artífice de gran parte de los errores de operación y comunicación de esta administración, lo cual pone en entredicho sus auto publicitadas supuestas habilidades. No tiene una relación real con el partido y sus militantes.

Visto así, no hay quien compita en popularidad genuina con Beltrones; basta ver el gran entusiasmo con el que los priístas lo recibieron como su nuevo dirigente.

De cualquier forma Beltrones tendrá en lo subsecuente tres grandes retos: ganar la mayor cantidad de gubernaturas que se disputan el año próximo, lo cual es su principal responsabilidad, el parámetro donde se medirá su eficiencia.

Asimismo, mantener la expectativa favorable de la que hoy goza, con los militantes y grupos de poder del priísmo para que, independientemente de los resultados electorales, siga posicionado como el hombre fuerte del partido.

Y quizá lo más importante: salvaguardar su relación personal con el presidente Peña Nieto, que se hace cada vez más cercana, porque sus rivales lo van a desafiar y atacar por esa vía, la más sensible y la que define.

Aun cuando los nombres y los posicionamientos de los integrantes del gabinete y del líder del PRI son una referencia indiscutible de la ruta política trazada por el Presidente para la segunda parte de su sexenio y para el proceso por la candidatura presidencial, el gobierno requiere de una reingeniería profunda de sus políticas públicas, porque en las condiciones actuales su presencia electoral está en grave riesgo.



Número 32 - Agosto 2019
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