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Compás de espera

Jueves, 11 de Octubre 2018 - 15:00

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El Oso Travieso

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Después de la tempestad viene la calma y ésta se mantiene antes de que un acontecimiento importante que involucre a todos.

Esperanza, decepción, intranquilidad, euforia son los sentimientos dominantes durante la calma.

Los sentimientos positivos se albergan en los triunfadores de la elección, en especial en quienes desde un principio apostaron por el Peje; aquéllos que fueron convencidos por los dieciocho años de campaña publicitaria y los que se dejaron arrastrar por el tsunami provocado por el hartazgo de la corrupción rampante y la falta de una convincente opción de cambio con valores.

Quienes prejuzgan el fracaso del nuevo gobierno por sus anunciadas tendencias populistas siguen a la espera de lo que consideran una pausa estratégica en la baja de intensidad de los elogios a la administración de Maduro y apoyo a Cuba.

Expectación es la actitud que se percibe en el ánimo popular.

Los actos anticipados de gobierno, en especial la designación de los funcionarios que se presume integrarán el nuevo gabinete, así como la gira de agradecimiento del Pejidente no contribuyen a aminorar esa expectación antes, al contrario, ofrecen más signos de falta de un verdadero rumbo para el país y cuando se supone debería estar trabajando en una completa y correcta entrega recepción, justifica la pérdida de tiempo con una necesidad de conocer de cerca las demandas de los ciudadanos en el momento en que la decisión nacional ya ha sido tomada y que para un próximo gobernante inteligente supondría conocer previamente las necesidades y en base a ellas elaborar su propuesta de plan de gobierno.

Debería tener objetivos claros y definidos, estos momentos son de preparación, de integración de equipo, de unificación de criterios, aclaración de políticas públicas, conocimiento personal de los miembros de cada secretaría y dependencia; establecer metas secretaría por secretaría, dependencia por dependencia, departamento por departamento; llenar los organigramas, clarificar las líneas de autoridad y prepararse para enfrentar el gran reto que enfrentan.

Entonces ¿de qué sirvieron los 18 años de campaña? Solo satisfacen la necesidad del “baño de pueblo” al que lo acostumbraron las interminables giras llenas de mítines.

Los miembros del próximo gobierno deben haber tomado un curso de capacitación con la Chimoltrufia para armar declaraciones en las que como dicen una cosa dicen otra. A falta de contenido concreto en sus propuestas llenan los tiempos y las planas de los medios lamiéndose la herida fantasma del fraude nunca demostrado de 2006 y con la absurda reiteración de la intención de no dejar ni una coma de la Reforma Educativa.

La decisión que se tomará acerca del nuevo aeropuerto será el primer signo de orientación válido para conocer la verdadera tendencia del Pejegobierno.

La parafernalia con la que se ha rodeado este tema sirve para matizar la decisión y mantener al gobierno en la presencia de medios y sociedad. No será consulta ni encuesta la que defina el sentido de la selección, sino el criterio del gobierno.

Por un lado, en el 68 se llegó a decir que habría que impedir la celebración de la Olimpiada ya que un pueblo tan pobre como el mexicano no podía dilapidar la fortuna que costaría un entretenimiento internacional y que hoy se replica con el argumento de que somos demasiado pobres para tener un aeropuerto de primer mundo.

Ese año de 1968 es uno de los mejores que ha tenido México en lo que a economía se refiere, estabilidad financiera, fortaleza cambiaria, bajísima inflación inferior al 3 %, producto interno bruto cercano al 10 %, y ya la izquierda empezaba a fijar en el inconsciente colectivo la imagen de que somos un país pobre bajando la autoestima nacional.

Un buen líder suele imprimir su sello personal a su grupo, entonces debemos observar las características del líder para deducir cuáles serán las que imprimirá al grupo que encabeza. En el caso de un jefe de estado no se reduce al grupo gobernante, sino que tratará de extenderse a toda la nación.

La pobre visión de México que tiene el Peje, además de carecer de información y objetividad, muestra rasgos de marcada baja autoestima; en su afán de identificarse con las clases necesitadas, al denostarse a sí mismo devalúa la imagen de la Presidencia; al Jefe de la Nación le es suficiente con un lugar donde colgar su hamaca y no requiere de vivienda; considera que el poner a su servicio el avión presidencial ofende a quienes carecen de lo mínimo cuando a la mayoría ni les va ni les viene, su constante comparación con Obama resalta su fijación.

Por extensión aplica esa devaluación a todo el país, como él se considera indigno del avión presidencial, así nos considera indignos de un aeropuerto de primer mundo; y así como él duerme en hamaca, el mexicano puede abordar un avión en un aeropuerto que apenas supera a la terminal de camiones de Huimanguillo.

Para ser un país grande, lo primero que se requiere es creérselo, jugar en doble A y darle a los deportistas instalaciones de ese nivel asegura la permanencia de tales equipos en esa categoría. Para jugar en las grandes ligas requerimos de un buen estadio y si no tenemos los jugadores de esa calidad, los jóvenes se motivarán y esforzarán a fin de alcanzar el nivel que se requiere.

Una visión correcta del proyecto grande de país al que aspiramos mostrará que el aeropuerto que requerimos es uno donde el gran turismo internacional entre y se transporte al interior disfrutando de los placeres que México ofrece.

La decisión por Santa Lucía es tercermundista y la luz verde a Texcoco nos dará una luz de esperanza de que a final de cuentas el Pejegobierno puede razonar y llevarnos adelante.



Número 25 - Enero 2019
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