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¿Cambiará López Obrador su estrategia por presión de Trump?

Viernes, 26 de Abril 2019 - 13:45

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Jaime Guerrero Vázquez

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El presidente López Obrador ha dicho reiteradamente que la guardia nacional no se destinará a perseguir al crimen organizado, sino a proteger a los ciudadanos y ciudadanas. ¿Cuánto podrá aguantar su estrategia ante la presión del gobierno de los Estados Unidos para que persiga a las bandas del narcotráfico? No será fácil resistir esa presión. De hecho, ya hay un antecedente de que un señalamiento trumpista ha dado lugar a una modificación de la política seguida por el actual gobierno mexicano: la política de migración.

Dentro de todas las metidas de pata que un gobierno puede cometer, el error con la migración ha dado lugar a un problema muy grave que amenaza con desbordarse (¿o ya se desbordó?). Tratando de diferenciarse de su antecesor en el cargo, López Obrador declaró una política de puertas abiertas a las caravanas (o las caravanas “madrecitas” de Sánchez Cordero), adicionalmente dijo que los migrantes podrían trabajar en obras como el Tren Maya. Esto funcionó como un efecto “llamada”, como dicen los expertos: se entendió que eran bienvenidos y tendrían trabajo. Si a esto se le suma la manipulación de la que fueron objeto muchos de los migrantes en sus países de origen y la desesperación por escapar de la violencia y las condiciones económicas, se tiene un buen coctel explosivo.

Pronto, los migrantes, no sólo centroamericanos, llegaron, también vinieron del Caribe, Sudamérica, África y Asia, superaron la capacidad de las estaciones migratorias. Ahora hay un problema serio. Está claro que, a partir del 28 de enero se regresó a la vieja política practicada por Peña Nieto: convertir a México en una especie de muro (trumpiano) de contención, pero con mayor intensidad.

Por supuesto, López Obrador nunca admitirá que metió la pata y seguirá afirmando que su política es distinta a la de Peña Nieto. Se vale, si le quieren creer es cosa de cada quien, pero los datos ahí están: se está deportando a un ritmo mayor que en el año pasado. Alguno de los embajadores centroamericanos ya lo ha hecho notar.

Si el presidente mexicano ya cedió a su política de puertas abiertas con la migración, sea por decisión propia o por presiones de Estados Unidos, ¿por qué no creer que puede ceder en continuar la “guerra” contra los cárteles? Habrá que anotar que Peña Nieto operó con listas de capos a los que había que arrestar, deportar o eliminar. Fue sumamente exitoso en esta labor, pero su esfuerzo fue inútil y contraproducente, como ya lo señalaron varios expertos. Sin embargo, es muy lucidor para un gobierno capturar a piezas mayores, como lo es el Chapo Guzmán. Pero las buenas cuentas para el gobierno norteamericano no lo son para la sociedad mexicana.

En este tema, hay que destacar que el actual gobierno está siguiendo la misma política cauta que su predecesor (“te pareces tanto al PRI”, dice la canción), pero con menos problemas. A Peña Nieto esta cautela le costó mucho políticamente, desde que le dijeran que era servil, hasta que era un “traidor a la patria”. A López Obrador le ha costado un par de artículos tibiezones en la prensa nacional. Nadie se desgarra vestiduras.

Curiosamente, ambos presidentes, Peña Nieto y López Obrador, tienen razón en apostar a la mesura con respecto a un hombre tan deslenguado, agresivo y provocador como Trump. Se leyó bien: los tuiters del habitante de la Casa Blanca son más política interna que otra cosa.


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Número 34 - Octubre 2019
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