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Caída del Precio del Petróleo ¿Crisis u Oportunidad?

Lunes, 29 de Febrero 2016 - 17:30

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Ricardo Rojas

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Durante las décadas después de la crisis petrolera de 1973, algunas ocasiones llamada la primera de este tipo, el mundo ha mantenido la expectativa de que en un futuro muy cercano, el petróleo producido será más escaso y su demanda cada vez mayor, lo que lentamente dispararía los precios del barril de este hidrocarburo en una escalada al alza sin fin. Este augurio a pesar de sonar desastroso para una economía como la actual, para un grupo significaba la esperanza que de una vez por todas, cause el fin de nuestra larga dependencia a los combustibles basados en petróleo, cuyo altísimo precio y escasez forzaría el uso de energías renovables más ecológicas a escala masiva. No parecía haber motivo para dudarlo.

En el 2008, en medio de una de las mayores crisis económicas mundiales, se alcanzó un pico histórico  en el precio del petróleo de más de 100 dólares, en parte por una fuerte demanda mundial del mismo. Todo parecía indicar que sería el irremediable inicio del augurio antes comentado, al ser incapaces los países petroleros de poder satisfacer la demanda creciente.

No obstante, en ocasiones el futuro puede poner a prueba cualquier predicción humana, y así de forma inesperada se conjuntaron varios sucesos, tales como: una capacidad de aumento de la producción petrolera de la OPEP, principalmente de Arabia Saudita, para aminorar el mayor uso del gas a partir del "Fracking" en EUA, así como la Primavera Árabe y la desaceleración económica de China. Esto ha resultado en todo lo contrario a lo que se auguró alguna vez, con una alta oferta y una caída del precio del barril de petróleo, el cual a inicios  2016 ha rondado los 20 dólares.

Así, dentro esta predicción opuesta donde el precio es tan bajo, los países petroleros deben producir todavía más para lograr tener las mismas ganancias pasadas, lo que bajará aún más los precios del barril, causando una mayor producción y así sucesivamente en un círculo vicioso.

A simple vista, parece que el petróleo seguirá circulando con un precio muy bajo hasta mediados del siglo XXI, lo que es una estocada para la esperanza ecológica del fin de la era de los hidrocarburos, porque en teoría un petróleo muy barato implica un mayor uso de combustibles basados en este, continuando la descarga de CO2 al aire, con lo que representa para el calentamiento global.

Sin embargo, esta extraña ironía del cada vez más bajo precio del petróleo ha resultado en que lentamente está siendo más incosteable la producción del barril de petróleo, debido a que la inversión necesaria para extraerlo, incluida la exploración y administración, es mayor a la ganancia obtenida por cada barril. De esta manera, cada extracción en vez de traer un beneficio, es una pérdida de dinero.

Lo inesperado de esta situación donde hay mucho petróleo barato, es que al final parece da el mismo resultado que la situación opuesta, por lo que más que verlo como un desastre económico, tal vez sea la señal de que hay que cambiar de enfoque, que es el momento justo de avanzar a otra era energética, cambiando e invirtiendo en otro tipo de energéticos: renovables, con menor dependencia, menos contaminantes e igual de eficientes.

En el caso de un país tan sumamente dependiente de los ingresos petroleros como Mexico, todo el plan de desarrollo para el país a principios de este sexenio presidencial se había basado en el aumento continuo del precio del petróleo del momento. Donde los inversionistas atraídos por las posibles ganancias estarían ansiosos de invertir en el negocio del petróleo mexicano, lo que resultaría en una gran oferta en México de energéticos a menor costo. El problema fue que no ocurrió así, en el 2016 ya nadie considera que el mejor negocio sea el petróleo, de tal manera que la mayoría de los proyectos hace tiempo se cancelaron y se pronostican recortes. ¿Pero simplemente hay que resignarse a lamentarnos de la mala suerte, esperando el día que vuelva a subir el precio del petróleo?

De la misma forma en la que esta situación pudiera  ser una oportunidad para una nueva era energética, quizás lo mejor para nuestro país es que diera también ese paso, con un cambio de la política energética basada en el mercado de hidrocarburos, propiciando con mucha más fuerza proyectos públicos y privados de combustibles a base de biomasas de desecho, energía solar y eólica, los cuales no tienen que ser a gran escala para ser efectivos, podría ser incluso a nivel de pequeñas  poblaciones, barrios, colonias, edificaciones o casas, estas dos últimas con sus propias fuentes autosustentables de energía, eficiencia energética y sistemas de enfriamiento alternativo. Ojalá y como casi todo, no sea muy tarde cuando termine México de lamentarse y deba subirse  a este cambio.



Número 31 - Julio 2019
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