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Ayotzinapa: vivos se los llevaron, vivos los queremos

Viernes, 27 de Septiembre 2019 - 12:45

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Jaime Guerrero Vázquez

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Desde que este triste caso de desaparición de 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa comenzó, el ahora subsecretario Alejando Encinas le dio un seguimiento personal. Uno de los aciertos del presidente López Obrador fue el encargarle la investigación del caso y de muchos otros casos de desaparición e identificación de restos. Encinas es un funcionario a “ras del suelo”, pero enfrenta un desafío gigantesco.

Dado este interés, no extraña el exhaustivo trabajo que ha realizado en la solución de la desaparición de los jóvenes estudiantes. En el informe que dio en la mañanera del día 26 de septiembre habló de la revisión de 80 millones de llamadas, la visita a 180 puntos de interés, la entrevista con decenas de personas, la búsqueda por cinco municipios, etc. Está claro que lo que dijo es sólo una parte del trabajo realizado.

Se sabe que el trabajo para localizar el paradero de los 43 estudiantes comenzó de cero, pues se desechó la hipótesis de “la verdad histórica”. Tanto el gobierno federal como la fiscalía general de la República se dicen abiertos a estudiar todos los indicios y todas las teorías. Además, han pedido, en boca del presidente López, ayuda a la ciudadanía y han ofrecido recompensas para quien dé pistas ciertas del caso o ayuden a encontrar a personas de interés.

A pesar del trabajo realizado, la impresión que se tiene luego de escuchar el informe de Encinas y el del fiscal Omar Gómez Trejo, así como las preguntas que ahí les plantearon, queda la impresión de que se ha avanzado poco y, lo peor, de que este nuevo y sincero esfuerzo se dirige a otra respuesta fallida, sobre todo ahora que los casos contra algunos de los siniestros personajes arrestados se están desmoronando y están quedando en libertad. Muchos de ellos se sabe que sí participaron en las desapariciones, pero las pruebas (u otra cosa) no se están sosteniendo. Ingenuo (por no decir algo más) se escuchó al fiscal Gómez cuando le preguntaron si de nuevo los arrestarían si encontraban pruebas firmes. Contestó que los volverían a “citar”.

Lo cierto es que Alejandro Encinas tiene varios obstáculos enfrente. El primero es el manoseo, descuido y errores con que la investigación se llevó en el sexenio pasado: la PGR llegó tarde al caso, no se preservó la escena del crimen, se torturó a los inculpados, las pruebas no siguieron una cadena de mando adecuada, etc. Esto no es culpa de alguien en particular, o es culpa de todos. Hay poco personal capacitado en todos los niveles y la tentación de encontrar culpables rápidamente es alta. A través de esta maraña se tendrá que abrir paso la nueva investigación, evaluando, cinco años después, cuáles cosas son pistas y cuáles no sirven.

El segundo obstáculo es el de lo que se espera de la investigación. Alejandro Encinas calificó el crimen como desaparición forzada por agentes del Estado. Algo correcto y que se apega a lo que se sabe, pero el presidente López Obrador dijo que se trataba de un crimen de Estado, una calificación totalmente distinta y que deja ver que muchos quieren que el resultado sirva para seguir condenando al gobierno anterior. No les interesa la verdad, sino lo que les parece políticamente correcto.

Ahora que la verdad histórica ha sido oficialmente expulsada del discurso oficial, lo lamentable es que no hay otra narrativa creíble que se sostenga.


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Número 35 - Noviembre 2019
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