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Amor improductivo

Jueves, 02 de Octubre 2014 - 17:00

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Héctor Barragán Valencia

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Todo lo que no es productivo es desechable. Por eso el ideal de la economía moderna es convertir al hombre en máquina, extirpar su esencia humana, para que en cuerpo y alma se entregue al ciclo de producción y consumo, hasta que deje de ser productivo-consumidor. Desde tiempos inmemoriales “las relaciones humanas –y por tanto la humanidad misma– son una perturbación para el trabajo y la eficiencia; (…) las personas se desempeñarían mejor si no “gastaran” su tiempo en asuntos improductivos… Este esfuerzo por maximizar la eficacia a cualquier costo, este fortalecimiento de lo económico a expensas de lo humano (el amor, la amistad, la belleza, el arte, etc.), reduce a los humanos… para convertirlos en meras unidades de producción. (La palabra robot de origen checo está basada en robota) la cual significa trabajo. Una persona reducida a ser un mero obrero es un robot…

“Gobernar a personas reducidas a robots ha sido el sueño de los tiranos desde tiempos inmemoriales. Todo gobernante despótico ve en las relaciones familiares y las amistades una competencia para la efectividad. El esfuerzo para reducir a la persona a unidad de producción y consumo es también evidente en las utopías (…), pues la economía como tal no necesita nada más que un robot humano, como ha sido bellamente –si bien de manera dolorosa– mostrado en el homo economicus (concepto según el cual los hombres actúan racionalmente y buscan sólo su interés), el cual no es más que una mera unidad de producción y consumo… En gran medida la corriente principal de la economía está algo cercana a este concepto. Los modelos de la economía neoclásica perciben el trabajo como parte de una función de producción”, (Tomáš Sedláček, Economía del bien y el mal, FCE).

Si bien la productividad es una herramienta muy útil a lo largo de la historia de la humanidad, toda vez que permite ahorrar y aligerar el trabajo, además de disminuir el uso de materiales y hacer mejor las cosas, es muy distinto convertir a este instrumento, como se hace hoy, en la piedra de sacrificios en la que se inmola a la humanidad, sobre todo cuando se le reduce al ahorro casi exclusivo de mano de obra, un solo componente del proceso productivo. Así se quita a la productividad su función social, de beneficio del hombre y se convierte en tautología: la productividad por la productividad. Las tautologías son cárceles, tiranías ideológicas que reprimen: son el nuevo ideal del despotismo moderno. Y como toda cárcel, termina por sacrificar lo más preciado: la creatividad, que es inherente a la humanidad, y piedra angular de la productividad.


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Número 35 - Noviembre 2019
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