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AMLO y el rey de los deportes

Martes, 26 de Marzo 2019 - 13:40

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Israel Aparicio

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Al ser nativo del estado de Tabasco la pasión por el denominado rey de los deportes, el beisbol, era natural en la formación social del ahora presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El primer mandatario del denominado edén del sureste mexicano le apasiona el deporte de la pelota caliente, donde el límite de tiempo no existe, en el cual la paciencia y la estrategia recompensan al ganador que sabe dominar los nervios, mantiene sus esfuerzos, concentración y evita los errores en cada momento.

En 2016 siendo presidente de Morena, AMLO aceptó la invitación de su amigo el empresario Jaime Bonilla, para acudir al Juego de las Estrellas de las Ligas Mayores, donde se homenajeó al pelotero dominicano David Ortiz, mejor conocido como Big Papi con quien se fotografió junto al menor de sus hijos. El mismo López Obrador difundiría la fotografía con su ídolo, el bateador de las Medias Rojas de Boston, en sus redes sociales y explicaría que el entonces empresario beisbolero y líder de Morena en Baja California, fue quien había financiado tal viaje en San Diego, California.

El pasado 23 de Marzo (coincidente con los 25 años del asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio) se inauguró el campo de beisbol de los Diablos Rojos del México, donde el presidente AMLO acudió para formar parte de la fiesta de su deporte favorito, en su breve discurso fue abucheado por una parte del estadio, recibió rechiflas y gritos de animadversión. Para el presidente beisbolero, no le fueron ajenas las muestras de rechazo, incluso trató de minimizarlas y aseguró que solo eran parte de la porra “fifí”, pero que seguirían ponchando a la mafia del poder.

No es novedoso el abucheo a políticos en diferentes estadios deportivos, sobre todo cuando sus respectivos ejercicios de gobierno ya son avanzados y no gozan de las simpatías de los mexicanos. Le ocurrió al expresidente Felipe Calderón cuando inauguró el Estadio del Territorio Santos Modelo, donde la rechifla y los abucheos fueron monumentales, también se recuerda el estridente rechazo contra el expresidente Miguel de la Madrid, durante la copa mundial de futbol, luego de su titubeante e insuficiente labor durante el catastrófico sismo de 1985, que dejó casi destruida la ciudad de México.

Las redes sociales se inundaron de calificativos improperios, defensas del presidente, esfuerzos por minimizar el hecho ocurrido, pero sobre todo de teorías de complots y del inusual comportamiento del público asistente. Como siempre, en medio de la eterna polarización que se vive en el país para muchos detractores del gobierno es un síntoma inequívoco del hartazgo temprano del régimen del presidente tabasqueño y muestra fidedigna e irrefutable que el “pueblo bueno” ya ha decidido que el voto masivo del pasado 1 de julio, ha sido el peor error de la vida política en muchas décadas.

Si nos apegamos a las analogías deportivas, podríamos deducir que el abucheo podría ser una especie de strike cantado, o un ponche contra el bateador favorito de Macuspana, Tabasco. Sin embargo, el marcador en el partido sería casi imposible de remontar. El presidente AMLO, aseguró que en la ligas de beisbol de su categoría mantenía un aceptable porcentaje de bateo arriba de 300, y con esas cifras le alcanzó para “macanear” en la pasada elección presidencial, donde le ganó dos contra uno a su más cercano rival beisbolero y político.

En el partido del inicio de su sexenio cuenta con la amplia ventaja de los juegos ganados por paliza contra el sistema de partidos que apenas logran conectar algún hit aislado, cuando más alguna insípida carrera o anotación, más producto de los errores del dream team morenista, que producto de una buena jugada de equipo opositor.

En las conferencias mañaneras el presidente se sabe dominador del montículo mediático desde donde pitchea a placer ante una prensa que muy pocas veces le ha conectado con fuerza un batazo, ante el aluvión de lanzamientos no atina a batearle una buena curva, o leer como sacarle del campo una buena recta que es dominante por las millas de velocidad imprimidas en algún chiste presidencial improvisado. Cuando los miles de temas le hacen enredarse en sus lanzamientos de pelotas mediáticas, sabe dar una base por bolas, o pide su relevo para que otros de sus pitchers estrellas o simples emergentes, salgan a cubrirle las espaldas.

A pesar de que la oposición asegure que el pasado abucheo en el campo de los diablos marca el inicio del fin, olvidan sus malquerientes en internet y sus adversarios que el presidente ya no juega para ganar, su desempeño es simplemente tendiente a mantener la popularidad en la caprichosa grada pública en los amplios sectores que lo respaldan.

Por más críticas, errores y pifias que cometa el presidente beisbolero (o intrascendentes peticiones de disculpas a la corona española por la conquista hace 500 años) su gabinete está plagado de relevistas, algunos especialistas de primer nivel y un equipo con suficiente experiencia para mantenerle a flote durante el prolongado juego. Si se recuerda que el orden al bate consta de jugadores opositores con ínfimos porcentajes de bateo o por verdaderos cartuchos quemados del deporte y la política, como son los expresidentes, muy poca “leña” le van a poder conectar al tabasqueño que domina su deporte y actuar político como figura del salón de la fama.


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Número 35 - Noviembre 2019
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