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Almanaque

Martes, 11 de Diciembre 2018 - 17:15

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Aunque el año aún no culmina, prácticamente nos encontramos ante el fin de lo que ha sido uno de los más complicados por el simple hecho de haber sido año electoral y a pesar de que todavía nos encontramos de “luna de miel” con nuestro recién nombrado Presidente, Andrés Manuel López Obrador, debemos ir preparando el terreno para lo que será el 2019.

Los asuntos políticos no son mi tema predilecto; sin embargo, sería errado ignorar lo que sucede en las altas esferas porque todo se mueve, se acomoda o se desbarata según el ánimo de “allá arriba” y es que, para bien o para mal, vivimos dentro de una esfera llamada México, en la que existen los “fifís”, los “ninis”, los “huachicoleros”, los “reguetoneros”, la “mafia”, los “corruptos”, los “vagoneros”, los “veganos”, los “pet friendly”, los “de izquierda”, los “de derecha” y los demás; de ahí, surgen las políticas públicas, los movimientos sociales, el activismo, las manifestaciones artísticas, los temas del momento o ahora llamadas “tendencias” y de una u otra forma, cada uno encajamos o no en una de esas clasificaciones aunque nos resistamos o pensemos que somos seres únicos (que sí lo somos, pero esa es otra historia). En un año como lo ha sido el 2018, hemos aprendido que todos entramos en una sola categoría o etiqueta o clasificación por el simple hecho de ser mexicanos y a pesar de que olvidamos pronto (Ayotzinapa, feminicidios, estafa maestra, casa blanca, etc.) no podemos negar que sufrimos un daño colateral con cada asunto político que sucede en nuestro país a pesar de nuestra apatía o ignorancia en política porque es precisamente la falta de información lo que nos hace presas fáciles de fanatismos sin sentido que nos cobran una factura muy alta al dejar nuestro destino en manos de otros.

2018 no ha sido un año fácil a nivel macro y mucho menos, a nivel micro; en lo personal, todas las dudas, todos los miedos, todas las batallas, todos los duelos, todos los retos, todos los cambios y todas las lágrimas se dieron cita para desencadenar una serie de “eventos desafortunados” (cual filme de Brad Silberling) que si bien han sido profundamente dolorosos y me han obligado a salir de mi zona de confort, también me han enseñado mucho más de lo que en un principio imaginé y principalmente, me han enseñado a agradecer pese a las circunstancias y cada nueva experiencia ha traído a mi vida nuevas personas, nuevos vínculos, nuevas sinergias, nuevos proyectos, eso sin duda, se agradece.

Todo lo anterior, viene a cuento porque en los cinco minutos libres que pude disfrutar el día de ayer frente a la televisión, me encontré con un programa especial sobre Agatha Christie y mi atención se enfocó justo en el momento que mencionaban que la culminación de su libro de relatos policiacos coincidía con el fin de la gran guerra y previo a esto, relataban su estancia corta recibiendo heridos de guerra, lugar en el que aprendió sobre “venenos” lo cual le sirvió como inspiración en sus textos. Fue entonces que vino a mi mente lo esencial de cada instante vivido pues nunca sabemos lo que puede derivar de eso que estamos viviendo y las implicaciones futuras. Y por ello, cada suceso ocurrido en 2018 nos ha marcado de diferentes formas, nos demos cuenta o no en el momento presente.

Es importante recordar que el año 2017 fue complicado por el sismo ocurrido en septiembre y los estudiosos de lo esotérico, astronómico y metafísico ya anunciaban que era el inicio de cambios y sacudidas a todos los niveles; creamos o no en ello, cada uno en lo particular sabrá cómo es que le ha ido en esta feria llamada 2018, ahora nos toca preparar todo para el que viene y seguir disfrutando porque pese a todo: ¡La vida es bella!


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Número 33 - Septiembre 2019
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