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Agua Para los Elefantes

Viernes, 04 de Agosto 2017 - 17:00

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Julio Chavezmontes Messner

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(Película mexicanísima de muuuuuuy largometraje, que narra dos historias de desperdicio paralelas. Cualquier parecido con WATER FOR ELEPHANTS, protagonizada por Reese Witherspoon y Robert Pattinson es mera casualidad).

La primera historia se refiere a un hermoso poblado del Estado de Guerrero, llamado Cutzamala de Pinzón; la segunda historia, trata del barril sin fondo de los partidos políticos en que se reparten las riquezas de Mexico sin beneficio alguno para los mexicanos.

Cutzamala es importante por varios motivos:

El nombre del poblado en la lengua Purépecha, es Apatzingán.

Tristemente, poquísimos mexicanos, tienen idea de la importancia histórica de Apatzingán en la lucha de Mexico por alcanzar la independencia de España, pero sobre todo, por dar nacimiento a una patria justa, cuyos ideales fueron vertidos por José María Morelos en el documento conocido como LOS SENTIMIENTOS DE LA NACIÓN que culminaron en la CONSTITUCIÓN DE APATZINGÁN de 1814.

(BASTE PARA QUE LLOREN USTEDES CONMIGO, recordar que uno de los artículos de los Sentimientos de la Nación, clamaba para que “el salario de los trabajadores fuera suficiente, NO solo para que medio comieran, sino para que no les vinieran ideas delictivas que los apartaran del buen camino. Clamaba por una sociedad en que se redujera el abismo que entonces existía, Y SIGUE EXISTIENDO y agrandándose,  NTRE LA OPULENCIA Y LA INDIGENCIA…)

Pero volviendo a Cutzamala, y al propósito de este texto, basta mencionar que era un poblado bañado por las aguas del rio del mismo nombre que descarga, o mejor dicho, descargaba su caudal en el Rio Balsas, que desemboca en el Océano Pacifico en los linderos de Michoacán y Guerrero.

Entre mis ya largas andanzas en bicicleta, conocí a una cutzamaleña que evocaba tiempos no tan remotos y mucho más felices, en los cuales ella, y sus amiguitos del pueblo, se bañaban en el rio que además servía para cultivar las tierras aledañas, como corresponde a la naturaleza y a los derechos de sus pobladores.

Lo que los inocentes cutzamaleños ignoraban, es que la voracidad y la sed de los habitantes de la antigua Tenochtitlan, tenía que ser saciada A CIENTOS DE KILOMETROS Y CUESTA ARRIBA, a costa del sacrificio de sus cultivos, de su supervivencia y de sus elementales derechos.

Al fin y al cabo, les quedaba la opción de emigrar precisamente a la nueva Tenochtitlan, donde diariamente llegan millares de desplazados por las brillantes políticas económicas del FMI y del Banco Mundial, seguidas fielmente por los presidentes gerenciales que aspiran al honroso título de “empleado del mes”.

¿A qué lógica puede responder el nefasto sistema Cutzamala, que le arrebata el agua y la vida a los habitantes ribereños, para llevarle agua al elefante de la Ciudad de México, desafiando la inercia y bombeando el líquido más de mil y pico metros sobre el nivel del poblado de origen, para que la ciudad más loca del planeta, siga enloqueciendo?

el elefante blanco de la Ciudad de México, tiene que seguir bebiendo a costa de la sed de los cutzamaleños, de la cuenca del Lerma y del rio Temazcaltepec, y de quienes sea necesario, aunque en el trayecto se desperdicie el 50% del agua robada a millones de mexicanos, y las tierras de cultivo se sequen y mueran junto con sus dueños.

Hay que llevarle agua al elefante, hasta que llegue el momento en que sea imposible seguir abasteciendo al monstruo de más de 22 millones de habitantes.

¿Cuál es el futuro de esa extraordinaria obra de ingeniería, construida en aras del absurdo y la estupidez?

El futuro es el que la naturaleza se cobra con creces: La desolación de la otrora “región más transparente del aire” y su transformación en un desierto inhabitable e inhabitado.

El otro elefante blanco sediento e insaciable, es el integrado por los partidos políticos que gracias a la “democratización” de México, viven de parasitar con las migajas que les arroja el inextinguible PRI.

No soy lo que se pudiera llamar un simpatizante de Porfirio Díaz, pero su viejo dicho de “poca política y mucha administración”, respondía a una realidad infinitamente mejor que la que nos representan personajes como el Niño Verde, el marqués de Carabas, el joto con botas y el enano borracho, con sus respectivas caudas de bribones y bribiescas; martitas, gaviotas, y demás holgazanes que viven en sus amplias hamacas a costa de nuestra estupidez.

¿Cuál podría ser la solución?

¡HAY QUE CORTARLE EL AGUA A LOS DOS ELEFANTES!

A la ciudad de Mexico, hacerla regresar a como dé lugar, al nivel máximo de población admisible en su cuenca natural.

Si la idiotez de la zona de Santa Fe vuelve a ser el tiradero de basura que originalmente era; que así sea.

¿Que las muchas colonias surgidas de la corrupción sobre el vaso mismo del lago de Texcoco quedarían deshabitadas? ¡Cuánto mejor!

¿Que el gran negocio de CORET (Comisión Reguladora de la Tenencia de la Tierra) se quede sin chamba? ¡qué alivio!

Si se hubiera impuesto la lógica sobre la corrupción, otro sería México, y muy otra, la Ciudad de México.

Como se extraña a Ernesto P. Uruchurtu, que había mantenido la ciudad bajo control del buen gobierno y del sentido común; hasta que fue destituido por cumplir con su deber, a causa de un desalojo perfectamente legal en la zona de Santa Úrsula Coapa, (cerca del Estadio Azteca).

Una vez depuesto Uruchurtu, la ciudad creció sin medida ni previsión, y así está.

Pero el inmenso negocio de los políticos corruptos fue como siempre (y sigue siendo) el explotar la necesidad y la miseria de millones de mexicanos.

Así poblaron Chimalhuacán, el Bordo Xochiaca y todas las colonias del Oriente de la ciudad.

Así crearon Ciudad Neza y la zona de Chalco.

Una de las muy pocas opciones que le quedan a la ciudad moribunda, es desalentar la migración por todos los medios; entre otras alternativas, la de sacar del valle de Mexico a la sede de los poderes federales.

Por mí, podrían llevarse al presidente, a los diputados y senadores a la zona más árida de Mexico, y de ser posible, a la más remota.

En cuanto a la llamada clase política, ese otro “elefante” perezoso e inútil, hay que cortarle el agua del presupuesto público, para que aprendan a vivir de trabajar, y no a costa de los crédulos que pensaron que “la democracia” iba a ser la solución a todos nuestros males.

Cortarle el agua al elefante de la dizque “democracia”, consiste en que no sean los mismos políticos y sus zánganos los que se asignen sus inmensos salarios.

Cortarle el agua al elefante voraz del terrorismo fiscal, significa que no permitamos que cobren impuestos que luego dilapidan; que auditen sin que nadie los audite; que ostenten con el descaro que lo hacen sin que nadie los llame a cuentas.

Cortarle el agua a este otro elefante, no consiste en hacerles marchas y plantones a quienes como ellos, viajan en helicópteros y se mueren de la risa; CORTARLE EL AGUA A ESTOS ELEFANTES, debe comenzar el próximo 2018 con un castigo electoral que no se les olvide.

Que hagan su recuento voto por voto ANULADO.

Cortemos el agua de los impuestos, condicionando su pago a la práctica de auditorías de aquí para allá.

Hay que exigir el mismo celo; el mismo escrúpulo para auditar a los responsables de ejercer el gasto público.

A los mexicanos no nos molestaría pagar impuestos, si los políticos no se los clavaran.

Cuentas claras y cuentas mutuas.

En cuanto al agua que bebemos y de la que vivimos, lo mismo que la tierra es del que la trabaja, el agua es para el que cultiva la tierra y para los que viven en las cuencas que no tienen por qué amamantar al elefante que se pudre a cientos de kilómetros de distancia, sin importarle que en el campo se mueran de sed.

Las dos historias deben tener un solo final feliz:

CORTARLE EL AGUA A ESTOS ELEFANTES INUTILES.

Días vendrán.


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Número 35 - Noviembre 2019
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