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Adios Enrique, adios

Jueves, 15 de Noviembre 2018 - 16:55

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El Oso Travieso

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El entusiasmo que hoy desbordan las huestes morenistas es comparable al de las huestes priístas del sexenio anterior.

¡El mejor candidato posible para el desarrollo del país! Un joven con experiencia, con carisma, preparación, de la más añeja tradición de Atlacomulco, envuelto en pañales de los gobiernos anteriores, su actuación en el Estado de México enseña que sabe gobernar y un arrastre popular especial con el sexo femenino que garantizaba la aceptación que facilitaría su actuación.

Los defectos que ha enseñado son tan pequeños que sus cualidades los convierten en imperceptibles, ¿que es inculto? No importa, ¿de qué sirvió al país un presidente tan culto como el JOLOPO?

Sin lugar a dudas era el bueno.

El escándalo que despertó la complicada operación de la Casa Blanca y la poco satisfactoria explicación a cargo de la primera dama vinieron a minar un poco la confianza, sembrando la semilla de la sospecha de corrupción que acompañó su gobierno alimentada por la adquisición de la casa que en Malinalco hizo un probable delfín, el señor Videgaray,

Ya en el gobierno no se le veían patas para gallo, sus explicaciones acerca del plan de gobierno se notaban manejadas por alguien detrás de él y nos comimos todos el “Pacto por México” con la esperanza de un futuro mejor cimentado en las reformas que nos pondrían a la vanguardia de los países en vías de desarrollo y nos veíamos ya ingresando al primer mundo del concierto de las naciones.

La discusión, aprobación e implementación de dichas reformas nos mantuvieron entretenidos y nos impidieron ver la corrupción desaforada que se daba en los estados priístas y que hábilmente trataban de disimular como mal nacional al tratar de involucrar al estado de Sonora sin respaldar sus acusaciones hasta la fecha de hoy.

El efecto real de las reformas fue más sicológico y emocional que real, pero sí afectó la percepción ciudadana dentro de un país que se sentía progresista y que observaba la manera en que el gobierno gastaba cada vez más y dilapidaba fortunas muchas veces bien publicitadas por un lado o bien ocultadas por el otro.

El afán de gastar lo que se va a ganar antes de tenerlo en las manos nos lleva a la tan conocida situación de inflación, devaluación, endeudamiento, insatisfacción popular y medidas de choque económico, político y social.

Las revueltas anti-reforma educativa, deformada por la corrupta interpretación que le dieron las hordas izquierdistas, de centrarse en aspectos laborales y no educativos, buscando perpetuar los malos manejos financieros concedidos por débiles gobiernos estatales que condenaban a sus educandos a permanecer como los peor preparados del país, carne de cañón para la explotación o material de exportación ante la improductividad de sus economías y la impunidad de los manejos sucios de sus líderes.

Estos son los momentos de prueba para los gobernantes, cuando tienen que mostrar para qué nacieron y se hicieron elegir, tienen que enseñar de qué están hechos y hacia dónde quieren llevar a sus gobernados.

Ahí es donde hace falta un hombre, que tenga los pantalones bien puestos y que responda no con machismo sino con inteligencia e integridad, en busca del bien común y combata la impunidad con justicia, que utilice la legítima fuerza del estado para poner a cada quien en su sitio.

Ese hombre tiene que tener la conciencia limpia, carecer de cola que le pisen para poder pisar la cola de los que la tienen corrupta, no puede temer al juicio de la historia por hacer lo que su nación requiere en momentos críticos como los que se vivieron y que dejaron sentir el vacío de poder que se captó en esos momentos.

Los bloqueos carreteros, la liberación de líderes sindicales de sobra conocidos como corruptos, la salvaje obstrucción de maestros y maestras en camino a sus evaluaciones, la desatención a los justos reclamos populares por liberar carreteras y hacer llegar alimentos y medicinas a pueblos secuestrados, la inacción contra los saqueos de comercios que dañan más la conciencia y los principios de la juventud que a las negociaciones afectadas, lo cual es decir bastante.

Hizo falta un hombre que tal vez se vio atado por sus culpas, justificándose por no querer verse como injustamente se vio a Díaz Ordaz mal juzgado por Tlatelolco, pero ¿quién puede hoy decir que no tuvo conocimiento previo de  las travesuras de sus gobernadores, de sus funcionarios, de las maniobras de Obredecht, del PRI de Chihuahua, de la estafa maestra, moches de legisladores, favores de tribunales, corrupción e impunidad de su sexenio?

Quiere ahora despedirse enarbolando la cantidad de empleos formales que registra su gobierno, empleos que no son todos de nueva creación sino formalización de puestos de economía informal con las ventajas que dio la reforma fiscal, pero que pertenecen al crecimiento natural de la economía, en la que poco o nada tuvo que ver el gobierno o sus políticas públicas.

A Enrique Peña Nieto le corresponde el dudoso honor de cerrar el ciclo priísta de nuestro país, con el intervalo de doce años de Panismo y abrir la puerta al dominio izquierdista de nombre y viejopriísta de hecho, ya que la tradicional cargada se inclinó por un señor que conociendo bien las debilidades del sistema las aprovechó en su favor para imponer un autoritarismo Echeverrista, una ignorancia Lopezportillista y aportar su dosis de Pejendejadas para continuar la tradición de la política que formó la dictadura perfecta.



Número 32 - Agosto 2019
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