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¿ACME o ACMÉ?

Viernes, 31 de Agosto 2018 - 15:30

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Julio Chavezmontes Messner

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Clairol Trump le dio una muestrita del “art of the deal” a Luis Videgaray, que dócilmente viajó a Washington para culimpinarse una vez más, antes de concluir su aprendizaje diplomático en la maltrecha Cancillería Mexicana.

Donde Canadá se negó a aceptar una negociación por separado que no incluyera a México, los vasallos del espicalinglis se pusieron a bailar al son que les tocó el anciano de la peluca de tlacuache y dejaron a Canadá colgada de la brocha.

Una y otra vez la sombra del Secretario de Estado Robert Lansing se cierne sobre todas las acciones que vinculan al gobierno mexicano con el de Estados Unidos. Bien dijo Lansing en 1925, que los jóvenes mexicanos amaestrados en las universidades gringas con un ligero barniz de espicalinglis (1), entregarían México con todo y mexicanos a los designios gringos, con más enjundia y entusiasmo que si nos volvieran a invadir.

Quienes creen que en materia comercial la única ley que debe aplicarse es la de la oferta y la demanda, están equivocados.

Una magnifica práctica comercial, es la lealtad que reditúa en crédito; crédito como credibilidad.

Quien es leal en su vida diaria, en su trato con todos y en sus negocios, acumula crédito; porque crédito significa ser digno de confianza, significa ser creíble.

La famosa y hoy desdeñada palabra de honor, fue durante muchísimos años, uno de los distintivos de la diplomacia mexicana. Lo que nos falta de fuerza militar, nos sobraba en autoridad moral.

El neoliberalismo implantado en México desde el tiempo de Mike De la Madrid, y que parece llamado a continuar (cuando menos) hasta el 2024, ha destruido el prestigio mundial que México tuvo tradicionalmente en el ámbito del Derecho Internacional y la diplomacia de carrera.

Me preocupa ver que el presidente electo, López Obrador, no parece darse cuenta del inmenso poder político y moral que el pueblo mexicano ha depositado en él; poder que le alcanza y le sobra para hacer realidad las promesas que lo llevaron a la presidencia de la república, sin la atadura de compromisos con el régimen saliente, o con cualquiera que no sea el pueblo mexicano.

¡Me preocupa ver que lejos de cuestionar las medidas antimexicanas tomadas por la actual administración, comienza a dar signos de avalarlas y de darles continuidad!

Me preocupa que en vez de emprender su llamada “cuarta transformación de la república”, sea el quien se esté transformando.

Yo nunca creí en el famoso TLCAN.

Cuando tuve en mis manos un ejemplar del dichoso tratado “insignia” de Salinas de Gortari, con (literalmente) cientos y cientos de artículos, tuve la certeza de que era y es un laberinto diseñado para aplicarlo unilateralmente y siempre a favor de los Estados Unidos.

En materia de contratos, creo que lo mejor es aplicar el lema que distinguió por años a la periodista Lolita Ayala: Muchas noticias en pocas palabras, lo que traducido a gringo significa: less is more.

Un tratado, al igual que cualquier contrato, entre más clausulas tiene, abre más espacios a la interpretación; y la interpretación conduce a callejones sin salida en los que siempre prevalecerá el derecho del más fuerte…

Videgaray, enviado por Henry Stone Grandson (2), cayó en el juego de Clairol Trump que les ha aplicado a estos mexicanitos la choteadísima pero muy efectiva fórmula de “divide y vencerás”.

La aceptación de un tratado comercial binacional en el que Canadá queda fuera de la jugada, además de una traición a un país que se ha mostrado amigo de México, es una estupidez que se confirma por la moraleja del refrán gringo que dice: “United we stand; divided we fall” (3).

Al empinarse (o mejor dicho, al empinarnos) con la firma del famoso ACME, omitieron mencionar que la palabrita, además de ser las iniciales del tratado que sustituye al TLCAN, en este caso lleva un acento en la “É”.

Para donde nos hagamos, salimos perdiendo:

Si es ACME, (sin acentos), más que un tratado binacional, es una friega marca ACME (3); expresión popular que significa una verdadera madriza.

Si es ACMÉ, la tercera acepción del vocablo en el Diccionario de la Lengua Española, significa “la punta”, o peor aún: la puntita…

_____________________________

  1. Espicalinglis. Barniz lingüístico del idioma ingles que se enseña a ambiciosos jóvenes mexicanos en las universidades gringas, donde aprenden a decir YES MASTER; se les inculca respeto y obediencia por la raza superior anglosajona, y la sumisión a los designios hegemónicos de los gringos, de acuerdo al destino manifiesto.
  2.  Henry Stone Grandson.  Dícese del gran jefe Casablanca, Enrique Peña Nieto, que al final de su administración recibirá el premio al empleadito del mes, como gerente regional de la franquicia Mc’México.
  3. ACME. Marca visible en todas las trampas que el correcaminos le pone el coyote en las famosas caricaturas de Warner Brothers; mensaje subliminal que vaticina los “beneficios” que el maestro del “art of the deal” le dejó ir a los mexicanitos, por conducto del aprendiz de canciller Videgaray.
  4. Unidos prevalecemos; divididos caemos; refrán que no le importa a quienes dicen habernos gobernado, porque sus verdaderos amos estan al norte del río Bravo.
  5. Acmé

1. m. o f. Momento culminante. Está en el acmé de su fama. U. menos c. f.

2. m. o f. Med. Período de mayor intensidad de una enfermedad.

3. m. o f. común. Punta o pináculo de algo.


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Número 35 - Noviembre 2019
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