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Cartas a Tora CXXXVII

Querida Tora:

La vecindad ha estado bastante tranquila, si no fuera porque la Flor se vino a meter, y causó un problemita (Así, en diminutivo, porque no corrió sangre, ni mucho menos).

Un día, la Flor decidió que estaba muy pálida; y como no tenía dinero para irse a Cancún, ni a Los Cabos, ni a Huatulco, se le ocurrió tostarse al sol en la azotea de la vecindad (En su edificio de departamentos no podía, porque están a punto de echarla “por comportamiento escandaloso en más de una ocasión”). Le pidió permiso al portero, porque sin su permiso no se mueve una hoja de árbol en la vecindad. El portero le dijo que si, pero que con cuidado lza verdad, no sé a qué se refería con eso; pero la Flor ni se lo tomó en cuenta, porque en cuanto llegó a la azotea se quitó el brassiere y se acostó sobre una toalla playera (Haciéndose ilusiones, supongo).

Enseguida se alborotaron los cuartos que hay en la azotea. La mayoría están habitados por “ninis”, así que casi todos estaban ahí, y enseguida se pusieron todos a espiar la Flor por las rendijas de sus cuartos (Casi todos son de tablas mal ensambladas, y quedan muchas rendijas (Los perdedores fueron los estudiosos y los trabajadores, que estaban en sus actividades. Fíjate qué ironía). Aunque eso de perdedores es un decir, porque la Flor ya está bastante grande y bastante ajetreada, así que lo que más exhibe son pellejos y algunas lonjas. Pero la ilusión obra milagros, y los ninis se pasaron la mañana sin hacer nada (Lo cual no es nuevo), pero imaginando lo que no pueden tener (Porque la Flor no se los va a dar, no por otra cosa).

El asunto se menciónó mucho en la vecindad, y no tardó en llegar a oídos del portero,      quien se enojó mucho; y decidíó subir a la azotea al día siguiente.

Así lo hizo, y se metió en uno de los cuartos, dispuesto a echar a todos los ninis de ahí; que, aquí entre nos, eran muchos, porque habían subido varios de los que viven abajo. Pero en cuanto se acercó a ellos, acertó a ver por una rendija el espectáculo que ofrecía la Flor; y se quedó como hipnotizado, callado, pegado a la rendija, casi sin respirar. Y es que le pareció que era mucho más interesante lo que veía por ahí que contemplar a la Flor en la portería, cuando se pasea desnuda por todas las habitaciones. Esto no se los dijo a los ninis, temerosos de que fueran a espiarla por las ventanas de la portería; pero no los regañó ni los echó a patadas, como era su intención; y se limitó a decirles que no abusaran, que no permitieran que la Flor se enterara de que la estaban espiando. Ellos, encantados, siguieron en sus puestos hasta que la mujer se cubrió y bajó.

Así estuvieron varios días, hasta que la Flor decidió que ya estaba bastante tostada (Más bien negra), y dejó de subir a la azotea. Y aunque los ninis le dijeron que se veía muy bien así, que siguiera tostándose al sol, ella no les hizo caso, porque se barruntó algo. El portero también le insistió que subiera a la azotea, pero ella le contestó que estaba muy lejos, que mejor se iba a asolear en una de las ventanas de la portería que recibía el sol de mediodía. Pero el día siguientes se encontró la ventana tapiada, sin saber cómo ni por qué. Y decidió que era mejor no asolearse tanto, no le fuera a dar cáncer de piel.

Pero las viejas de la vecindad habían  oído a los ninis elogiar el tostado de la Flor, y no se quisieron quedar atrás. Y empezaron todas a subir a la azotea, a encuerarse un rato al sol. Los ninis ya hasta cobraban por ocupar los puestos de observación, según el tamaño de la rendija y lo que se alcanzaba a ver. Pero no les duró mucho el gusto, porque  cuando los viejos se enteraron subieron a madreárselos (Perdón por la palabra, pero fue la verdad) a todos. Y a las viejas también.

Por lo demás, nada ha cambiado, Las cosas marchan como siempre. A ver qué te puedo contar la próxima vez.
 

Te quiere

Cocatú

Fecha: 
Viernes, 21 de Junio 2019 - 13:05
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Fecha B: 
Viernes, 21 de Junio 2019 - 15:20
Fecha C: 
Sábado, 22 de Junio 2019 - 04:20
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La escasez programada

El desempleo, no el del ciclo productivo, no el del estanco en la producción, el que inevitablemente obliga por circunstancias críticas de la economía a prescindir de mano de obra; a ese no hacemos referencia porque simplemente no existe una crisis en nuestra gran economía. No necesariamente enfrentamos una imperfección de mercado. Enfrentamos un desabasto que sin programa alguno interrumpe el ciclo de gasto gubernamental. Interrumpe programas establecidos desde la función operativa del servicio público, ciclo que inicia con una función conceptual de eficiencia del Estado. El gasto hace lo que siempre ha hecho: acompasar el ritmo de una economía creciente, adecuar el ritmo de la inversión pública y hacerla valer ante la inversión privada, cuidando siempre las bases de su participación para hacer de este ritmo paralelo, una función productiva y alentadora.

La interrupción de esta transición en turno ha cortado innumerables áreas de especialización del servicio público de carrera, lanzando a la calle a profesionales y vocación de antigüedad considerable. El trastorno naturalmente tiene un efecto multiplicador que inicia con el desamparo familiar, el estado de ánimo en el imaginable cambio de rumbo de vidas enteras dedicadas a la actividad pública; el margen de protección que alguna vez amparara diversos órdenes desaparece en un día. Las explicaciones no satisfacen lo abrupto de la tajante decisión. La reacción se espera y aguarda en estéril defensa de una colectividad pasmada ante la ocurrencia y ante la idea de lo perentorio de una decisión que hiere.

La dimensión de lastimar sin necesidad, la decisión de recortar sin programa está cobrando consecuencias inesperadas en las cifras del empleo que desequilibran toda perspectiva de aliento; los despidos masivos del sector público no pueden cubrir la inserción de empleos formales y la falacia de jóvenes recibiendo dinero gratuito para integrar fuerza de trabajo no corresponde a ningún padrón serio de registro. El manejo que pretende el gobierno de cifras en la macroeconomía distorsiona una situación de daño irreparable en el cruento amanecer de familias que sufren este corte tan irresponsable.

El recorte material ya repercute en el lado humano como ciclo perverso. El gobierno en turno ignora los efectos de las economías de escala en los nutrientes y servicios de la administración pública. El primer ejemplo, que se ha tornado inmanejable lo vemos en la salud pública. Es muy sencillo agitar la misma bandera de siempre: la corrupción y con ella justificar las torpezas y atropellos de una administración fallida. No pueden soslayarse las cantidades enormes de medicamentos que requiere todo un sector de salubridad de una nación. En ello habrá que juzgar circunstancias de abasto y habrá que juzgar circunstancias apremiantes como los plazos de entrega. Si una o dos o tres empresas pueden lograrlo, naturalmente serán empresas de dimensión considerable. Esto no necesariamente incide en el juicio pronto del presidente que sentencia una función monopólica o de abuso. El resultado de su interpretación y manejo alterno del abasto ya se encuentra en crisis.

Las dependencias afectadas, todas ya presentan rasgos de incompetencia e insuficiencia de servicio. Pudimos apreciarlo en la afectación al medio ambiente con los incendios forestales. Conafor no pudo atender la premura y la atención de la emergencia. Semarnat, afrontando 16,000 despidos, impedida. Este espacio ha insistido en el modelo del ahorro como premisa equivocada de sustento económico. El ahorro sin el equilibrio de la inversión provoca un rezago en la actividad pública, detiene la marcha de la economía, produce letargo en la eficiencia gubernamental y en los servicios públicos.

El Plan Nacional de Desarrollo que instó el simple cumplimiento por norma institucional deja en la apreciación de su lectura, los renglones de inversión pública abiertos; finalmente ya sabemos adonde apunta la voluntad del presidente: al derroche innecesario en proyectos costosos y envueltos todos sin excepción en una nube interpretativa y amparados por el discurso antes que por la lógica y el conocimiento. Los administradores de recursos públicos, los designados para vigilar estos dispendios producto del ahorro forzado por recortes sin miramiento y sin programa, no merecen consideración en sus trayectorias de servicio público, y dos de ellos, uno agrónomo, emplearán 8,000 millones de dólares en un proyecto de refinación sin horizonte y sin ningún respaldo en materia de retorno financiero. La salud, entre muchas otras carencias inducidas por esta transición, en juego para la satisfacción de un capricho. O de varios.

Las economías de escala ya mencionadas no son más que simples mecanismos de orientación en el manejo eficiente de los recursos. Si las licitaciones, que este gobierno no necesariamente invoca, tienen vigilancia objetiva, la competencia simple de los mercados ajustará la situación de precios. En lo que no puede perderse objetividad es en la dimensión de las necesidades y en la función programática para cubrirlas. La administración está enfrentada con un dilema de reparto y es un juego peligroso cuando el recurso existe y cuando la sociedad percibe que la retención cubre fines no prioritarios. La justificación de actuación pasada y el añadido de una corrupción real, un tanto, y una corrupción imaginada que ya debió ser corregida de facto, con tanta insistencia y mención, alcanzaría a cubrir la expectativa de la sociedad y sus demandas. Dejar en rezago la cobertura del pacto social un día y otro también y diseminar el desamparo de órdenes colectivos, invita a la reflexión de masas, a pesar del terreno de la dádiva. No olvidemos el efecto multiplicador que inunda el ambiente de carencia en las familias, y la salud no concede plazos.

El ahorro no es figura de transmutación contable ni transfiguración económica, es lo que siempre ha sido: un mecanismo disciplinario del gasto programático en cualquier entidad activa. La inducción de esta administración ha hecho del ahorro una función de escasez que repercutirá lamentablemente en innumerables formas de vida y de contemplación del poder como afán de captura y retención mediante una dádiva que, en los pocos meses de esta transición, ya muestra no solamente signos de incongruencia, arroja signos de contracción económica. Escasez, vocablo que acompaña todas las fórmulas del populismo.

Fecha: 
Lunes, 27 de Mayo 2019 - 13:05
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Fecha B: 
Lunes, 27 de Mayo 2019 - 15:20
Fecha C: 
Martes, 28 de Mayo 2019 - 04:20
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Almanaque

Aunque el año aún no culmina, prácticamente nos encontramos ante el fin de lo que ha sido uno de los más complicados por el simple hecho de haber sido año electoral y a pesar de que todavía nos encontramos de “luna de miel” con nuestro recién nombrado Presidente, Andrés Manuel López Obrador, debemos ir preparando el terreno para lo que será el 2019.

Los asuntos políticos no son mi tema predilecto; sin embargo, sería errado ignorar lo que sucede en las altas esferas porque todo se mueve, se acomoda o se desbarata según el ánimo de “allá arriba” y es que, para bien o para mal, vivimos dentro de una esfera llamada México, en la que existen los “fifís”, los “ninis”, los “huachicoleros”, los “reguetoneros”, la “mafia”, los “corruptos”, los “vagoneros”, los “veganos”, los “pet friendly”, los “de izquierda”, los “de derecha” y los demás; de ahí, surgen las políticas públicas, los movimientos sociales, el activismo, las manifestaciones artísticas, los temas del momento o ahora llamadas “tendencias” y de una u otra forma, cada uno encajamos o no en una de esas clasificaciones aunque nos resistamos o pensemos que somos seres únicos (que sí lo somos, pero esa es otra historia). En un año como lo ha sido el 2018, hemos aprendido que todos entramos en una sola categoría o etiqueta o clasificación por el simple hecho de ser mexicanos y a pesar de que olvidamos pronto (Ayotzinapa, feminicidios, estafa maestra, casa blanca, etc.) no podemos negar que sufrimos un daño colateral con cada asunto político que sucede en nuestro país a pesar de nuestra apatía o ignorancia en política porque es precisamente la falta de información lo que nos hace presas fáciles de fanatismos sin sentido que nos cobran una factura muy alta al dejar nuestro destino en manos de otros.

2018 no ha sido un año fácil a nivel macro y mucho menos, a nivel micro; en lo personal, todas las dudas, todos los miedos, todas las batallas, todos los duelos, todos los retos, todos los cambios y todas las lágrimas se dieron cita para desencadenar una serie de “eventos desafortunados” (cual filme de Brad Silberling) que si bien han sido profundamente dolorosos y me han obligado a salir de mi zona de confort, también me han enseñado mucho más de lo que en un principio imaginé y principalmente, me han enseñado a agradecer pese a las circunstancias y cada nueva experiencia ha traído a mi vida nuevas personas, nuevos vínculos, nuevas sinergias, nuevos proyectos, eso sin duda, se agradece.

Todo lo anterior, viene a cuento porque en los cinco minutos libres que pude disfrutar el día de ayer frente a la televisión, me encontré con un programa especial sobre Agatha Christie y mi atención se enfocó justo en el momento que mencionaban que la culminación de su libro de relatos policiacos coincidía con el fin de la gran guerra y previo a esto, relataban su estancia corta recibiendo heridos de guerra, lugar en el que aprendió sobre “venenos” lo cual le sirvió como inspiración en sus textos. Fue entonces que vino a mi mente lo esencial de cada instante vivido pues nunca sabemos lo que puede derivar de eso que estamos viviendo y las implicaciones futuras. Y por ello, cada suceso ocurrido en 2018 nos ha marcado de diferentes formas, nos demos cuenta o no en el momento presente.

Es importante recordar que el año 2017 fue complicado por el sismo ocurrido en septiembre y los estudiosos de lo esotérico, astronómico y metafísico ya anunciaban que era el inicio de cambios y sacudidas a todos los niveles; creamos o no en ello, cada uno en lo particular sabrá cómo es que le ha ido en esta feria llamada 2018, ahora nos toca preparar todo para el que viene y seguir disfrutando porque pese a todo: ¡La vida es bella!

Fecha: 
Martes, 11 de Diciembre 2018 - 17:15
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Fecha B: 
Martes, 11 de Diciembre 2018 - 19:30
Fecha C: 
Miércoles, 12 de Diciembre 2018 - 08:30