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Notre-Dame en llamas: la caída de un símbolo cultural

El simbolismo de un templo en llamas es tremendo. ¿Quién no recuerda la escena final del film The name of the rose (El nombre de la rosa)? Un templo en llamas simboliza el final de una era. La novela de Umberto Ecco que sirvió de base a este film, Il nome della rosa, no se refiere únicamente a la solución de un misterio –asesinatos de monjes en una abadía–, sino al final de la escolástica y el arribo del nominalismo, y con ello el advenimiento del mundo moderno. La caída de la abadía, causada por el incendio de un monje fanático y ciego –el venerable Jorge de Burgos–, que prefiere que se pierda todo el saber de la gran biblioteca con tal de que la sagrada doctrina quede incólume, es precisamente eso. La imagen es terrible y está llena de fuerza, como la imagen que vimos de Notre-Dame en llamas, en pleno inicio de la semana santa.

Para los que valoramos la cultura y las artes como lo más preciado de la civilización, la destrucción parcial de Notre-Dame es un acontecimiento asaz lamentable. Todo lo que la civilización occidental es está sustentado en cuatro pilares: la tradición judeo-cristiana, el pensamiento filosófico griego, la latinidad y la fusión de los mundos germánico y mediterráneo. Cada región y cada nación tiene sus particularidades, claro está, y las hay en las que algún elemento predomina sobre los otros, pero la sustancia de la civilización occidental es esa. Notre-Dame es la imagen perfecta de estos elementos culturales, no porque sea el único templo gótico –hay muchos en Europa, si bien Notre-Dame es uno de los más espléndidos–, sino porque está en París: Notre-Dame es el corazón de Francia, Francia es el corazón de Europa y Europa es el corazón de occidente. No se incendió cualquier templo de la cristiandad: se incendió Nuestra Señora de París.

Afortunadamente no todo se perdió. La pronta acción de los bomberos evitó un desastre mayor. La estructura principal del templo, así como la fachada, incluidas sus torres, quedaron a salvo, lo mismo que las reliquias y casi todos los vitrales. Se harán labores de reconstrucción y Francia pondrá en acción a sus mejores especialistas. En breve tendremos restaurada a Nuestra Señora de París.

Pero volvamos a la imagen de una catedral ardiendo. Sé que es políticamente incorrecto mencionarlo, pero Europa occidental está profundamente herida. No lo digo yo; lo dicen muchos intelectuales de gran prestigio, como el historiador escocés Niall Ferguson: Europa podría ser una civilización en etapa terminal. Tan políticamente incorrecto es decirlo, que el escritor francés Michel Houellebecq ha tenido muchos problemas y ha sido salvajemente criticado. En su novela Soumission, plantea que Francia sería la primera república islámica de Europa occidental. Claro, mucha gente, horrorizada, se le fue a la yugular y lo calificó de anti-francés. Pero Houellebecq expresa desde la literatura lo que Ferguson explica en sus libros de historia. En Civilization, Ferguson señala que si la tasa de crecimiento de la población musulmana en el Reino Unido se mantiene al ritmo del 6.7% (ese fue el promedio entre 2004 y 2008), los musulmanes serían el 8% del total de la población en 2020, el 15% en 2030, el 28% en 2040 y más del 50% en 2050. El caso de Francia es mucho más grave. Tal es la magnitud del problema que los académicos ya han acuñado un término que resulta muy incómodo: en un futuro cercano ya no se hablara de Europa, sino de Eurabia. Es más, el especialista en geopolítica George Friedman explica en The next hundred years lo que él llama el número crítico: 2,1 es el número de hijos que cada mujer debe tener para que la población mundial sea estable. Un número mayor da por resultado un crecimiento de la población; un número menor nos lleva a la disminución de la población. En Europa occidental la tasa de hijos por mujer es muy baja: en España es apenas de 1,3. En Italia y en Alemania es de 1,4. Francia y el Reino Unido rondan el 1,8. Los números son tan bajos, que la tendencia podría ser irreversible: varios países europeos han llegado al punto de no retorno. Los que están teniendo hijos en Europa son los inmigrantes, especialmente musulmanes, y a unas tasas increíblemente altas. Es muy duro decirlo, pero la cristiandad occidental europea se está condenando ella misma a la extinción cultural. En unas cuantas décadas, quizá cuarenta o cincuenta años, Europa habrá perdido del todo su identidad cristiana, y por lo tanto uno de los pilares que la sustentan se habrá quebrado, con la consecuente caída de la civilización. Ya no más Europa, sino Eurabia. Por eso el poder inefable de la imagen de Notre-Dame en llamas. Nuestra Señora es mucho más que una catedral: es la imagen de Europa misma, el icono por antonomasia de occidente.

A principios de año me reuní con unos españoles e italianos. En una cena platicamos de temas como Cataluña, la inmigración, el gobierno populista de derecha en Italia, el Brexit, etcétera. La charla nos condujo al debilitamiento de la Unión Europea y al sentimiento de muchos europeos en el sentido de que la aventura unionista ha fracasado. Y ahí formulé algunos comentarios como los que diría Ferguson en Cambridge, Friedman en Cornell o Houellebecq en sus novelas. La reacción fue intensa: Francia nunca será una república islámica, Europa occidental jamás dejará de existir. Un catalán y un español se engancharon en el tema de Cataluña: el primero decía que no únicamente habría independencia, sino que además la monarquía española caería, el segundo decía que no. Es muy probable que antes de que acabe este siglo, ni España ni Cataluña existan… al menos como las conocemos. Y no lo digo yo. Lo dicen los números, las estadísticas, datos objetivos no susceptibles de opinión.

Hay una palabra en la novela Nuestra Señora de París, de Victor Hugo, que, dado el contexto, resulta fundamental. El mismo autor confiesa que toda la novela está basada en esa palabra:

«Cuando hace algunos años el autor de este libro visitaba o, mejor aún, cuando rebuscaba por la catedral de Nuestra Señora, encontró en un rincón oscuro de una de sus torres, y grabada a mano en la pared, esta palabra: ANATKH.»

Es la palabra griega para fatalidad. Fatalidad en el sentido de lo inevitable.

Dicen algunos que la diversidad enriquece la cultura, y yo creo que sí. Habrá quienes no estén de acuerdo con esta afirmación. La inmigración no necesariamente debería ser un problema. No lo fue para los Estados Unidos, país de inmigrantes, aunque ahora lo sea. Europa está experimentando un problema de inmigración más agudo que el de Estados Unidos. Cuando la población que entra a un país absorbe su cultura y adquiere sus valores, la diversidad ciertamente enriquece. Pero ese no es, ni puede ser, ni será el caso de las comunidades musulmanas en Europa occidental. Las comunidades musulmanas conservan su identidad y recelan del país anfitrión, llámese Francia o Reino Unido. No comulgan en absoluto con sus valores y no sienten que tengan nada en común con el anfitrión. La inmigración en esos términos es potencialmente desestabilizadora: casi una invasión. Y claro, la reacción del anfitrión es igualmente peligrosa: el resurgimiento del populismo nacionalista.

 

Quizá sea inevitable la caída de la civilización occidental en Europa. Ojalá que todos los que la pronostican estén equivocados. Me consuela saber que la torre de Notre-Dame en la que Victor Hugo encontró la inscripción en griego (ANATKH) no se vino abajo. Nuestra Señora de París sigue en pie.

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Martes, 16 de Abril 2019 - 12:50
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Martes, 16 de Abril 2019 - 15:05
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Miércoles, 17 de Abril 2019 - 04:05
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La pesadilla de los racistas trumpianos

 

Steve King es un republicano de 67 años de edad que representa a un distrito electoral del estado de Iowa ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Es un metodista que se convirtió al catolicismo, la religión de su esposa, 17 años después de casarse con ella.

En 1996, después de dedicarse a los negocios, ingresó a la política, ganando un escaño en el Senado de Iowa. Desde 2002 es representante de su estado ante el Congreso federal.

Es un conservador que se opone al aborto, al matrimonio de personas del mismo sexo, a los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT), a la investigación de células madre humanas y a los derechos de los animales. Es tan extremo el conservadurismo de este hombre blanco que hasta se opone al matrimonio civil, aceptando solo el religioso como válido, y a que medicamentos como el Viagra sean subsidiados por el gobierno a través de los seguros Medicare y Medicaid.

Cuando Trump lanzó su candidatura presidencial en junio de 2015 dijo, entre otras cosas, que los inmigrantes mexicanos ilegales son narcotraficantes, criminales y violadores. Aparentemente se inspiró en algo que dijo King en julio de 2013, cuando al referirse a los inmigrantes indocumentados dijo que “por cada uno que es el primero en su clase (valedictorian), hay otros 100 que pesan 130 libras - y tienen pantorrillas del tamaño de melones porque están transportando 75 libras de mariguana a través del desierto”. Es decir que, para King, los inmigrantes sin papeles son narcotraficantes.

En 2008, este político racista puso en duda el patriotismo del entonces candidato presidencial Barack Obama alegando que, si éste era electo, “los islamistas radicales, al-Qaeda, los islamistas radicales y sus partidarios, bailarán en las calles en mayor número que lo hicieron el 11 de septiembre”. Esta advertencia racista contenía además una gran mentira, la de que musulmanes habían celebrado en las calles de Estados Unidos los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Casi un años después de afirmar falsamente de que los musulmanes habían bailado en las calles estadounidense, King se retractó. Sin embargo, la mentira fue después tomada y propalada por Trump, quien hasta ahora no se ha retractado.

Steven King comparte la ideología del estratega en jefe de la Casa Blanca, Steven Bannon, quien antes de convertirse en el director de la campaña electoral de Trump, en agosto de 2016, era el presidente ejecutivo de Breitbart News, un sitio web de noticias de extrema derecha que ha sido calificado como un medio que difunde material racista, xenofóbico y antisemita.

Hace dos años, en un evento en que participó en el Vaticano, Bannon resumió sus creencias así:

“Ciertamente creo que el secularismo ha socavado la fuerza del oeste judeocristiano para defender sus ideales, ¿verdad? Si ustedes regresan a sus países de origen y proponen defender el oeste judeocristiano y sus principios, a menudo, especialmente cuando tratan ustedes con las élites, se les ve como alguien que es bastante extraño. Por lo tanto, ha disminuido la fuerza. Pero creo firmemente que, cualesquiera que sean las causas del actual impulso al califato -y podemos debatirlas y la gente puede intentar desconstruirlas- tenemos que enfrentar un hecho muy desagradable. Y ese hecho desagradable es que hay una guerra de guerra importante, una guerra que ya es global. Va a la escala mundial, y la tecnología de hoy, los medios de hoy, el acceso de hoy a las armas de destrucción masiva, va a conducir a un conflicto global que creo que tiene que ser enfrentado hoy”.

Para Bannon, los únicos valores que importan son los de la civilización occidental, la de los blancos, la que hay que defender del islam, la de los cafés y negros.

Lo mismo piensa King. Hace unos días, al referirse al ultraderchista Geert Wilders, candidato puntero en las encuestas de las elecciones parlamentarias que hoy se realizan en Holanda, el gringo escribió en Twitter: “Wilders entiende que la cultura y la demografía son nuestro destino. No podemos restaurar nuestra civilización con los bebés de otra persona”. Al mencionar a los bebés de otra persona, el congresista aludía a los bebés no blancos, incluyendo latinos, que nacen en Estados Unidos y otros países.

Donald Trump, aunque no lo admita, como sí lo aceptan Bannon y King y muchos como ellos, tiene una pesadilla: que los no blancos y latinos sí lleguen a ser minoría a mediados de este siglo. Están aterrados y por eso insultan y agreden a mexicanos, árabes y otras minorías.

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Miércoles, 15 de Marzo 2017 - 12:00
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Miércoles, 15 de Marzo 2017 - 20:45
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Jueves, 16 de Marzo 2017 - 08:00
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Humanidad y dogmas

Para Ana Laura, con cariño

La profesión de la fe, siempre he sostenido, al no constituir un ejercicio fundamentado en los principios de la lógica ni de la razón, se encuentra relacionado más bien con un aspecto esencialmente emotivo. Existe algo, indescriptible desde el punto de vista racional, que se manifiesta de manera personal y nos hace sentir, en algún momento, que determinada religión representa o enuncia un elemento que ya existía, subyacente, en nuestro interior, constituyéndose en ese algo indescifrable que palia nuestras sensaciones de soledad y desesperanza. Solemos decir que Dios nos ama, tanto al hombre como ente individual (y único), así como a la humanidad de manera colectiva. Del mismo modo y en reciprocidad, el creyente ama a Dios. Amar evoca y refiere a un sentimiento, termino mucho más complejo aún que la experiencia sensible. Toda emoción, parte fundamental de un sentimiento, define un concepto elemental (y primitivo) dentro de nuestra propia pisque. Las acciones o reacciones que emanan de ésta resultan las más intensas y las más duraderas. También, cabe mencionar, las más salvajes, ya que no pasan por el filtro del análisis lógico o racional, sino que emergen con inmediatez en todo su cálida o funesta magnitud y ahí permanecen. Pocas cosas nos incitan de manera tan álgida a la acción, positiva o negativa, como aquello que nos conmueve, es decir, que nos afecta de manera sensible. La compasión, por ejemplo, es prueba irrefutable de ello y en sentido opuesto, lo es la ira. La fe nos provee, en el mismo sentido, de una sensación de bienestar y seguridad, anhelos básicos de nuestra propia humanidad. A través del sentir, la religión encuentra eco y sentido.

Consciente de que representa, adicionalmente, un complejo sistema compuesto de ritos, formas e interpretaciones, tanto la experiencia sensible como la emotiva o sentimental convergen para constituir el corazón y la esencia de aquello que denominamos como religión. Aunado a lo anterior, todo dogma religioso plantea un sistema de principios incuestionables. La aproximación a él tampoco constituye un esfuerzo basado en la razón, sino en uno de aceptación y reafirmación. Sus planteamientos no son debatibles, ni hipotéticos, constituyen por el contrario, explicado de manera somera, verdades y lineamientos a seguir. De esta manera podemos asociar el ejercicio de la fe a dos elementos esenciales: el aspecto sensible o emotivo y en la aceptación y obediencia de una serie de elementos irrefutables. Sentimos algo relacionado con ella y aceptamos la religión en su totalidad o no lo hacemos en lo absoluto. Cualquier opinión que enjuicia o critica la fe, nuestra fe, nos hiere (o enardece), por partida doble porque somete al análisis tanto la verdad absoluta que damos por cierta como refiere a un elemento emotivo dentro de nosotros, primigenio y fundamental.

A partir de aquí podemos comenzar a desentrañar el complejo pensamiento detrás del terrorismo islámico. El mundo musulmán, a pesar de los movimientos a su interior esencialmente democráticos y modernos, constituye el último vestigio de una sociedad anacrónica, contrapuesta en esencia a los principios del liberalismo y del racionalismo del mundo occidental, que ha logrado con éxito criticar y analizar los fundamentos de la fe a través de la razón así como separarlos de las leyes, reglamentos e instituciones del Estado, sustentando su acción en el ejercicio democrático. La fuerza e influencia del Islam provienen, en sentido opuesto, de la interpretación y aplicación del dogma religioso así como del ejercicio desmedido y despótico del poder de sus líderes, imanes y ayatolas. El origen del Islam, en sí mismo, remite al mismo tiempo a un pensamiento y a una práctica de regreso, de vuelta al origen, esto es, la restauración de la fe. Adicionalmente y desde su fundación, constituye una religión de acción, combativa y militarmente organizada. En el chiismo (rama del islam de donde emana el denominado fundamentalismo jomeinista) sus partidarios se consideran a sí mismos como auténticos ortodoxos, recriminando a la mayoría sunita su alejamiento de la fe tradicional. Los creyentes del chiismo apelan al tradicionalismo en lo general y consideran los lazos consanguíneos, al ser los imanes descendientes del yerno del profeta Muhammed, Ali Ibn Abi Talib, así como los religiosos como los bastiones más importantes de su fe. Aun más importante, al ser una minoría doblemente oprimida, tanto pos sus líderes como por la mayoría sunita, no poseen la vocación de la conquista, elemento particularmente notorio en éstos últimos, cuyos alcances militares generaron el Califato Omeya y el territorio de al-Ándalus (más tarde el Emirato de Córdoba), sino por el contrario, el sesgo del sacrificio, el martirio y la inmolación (que comparte con otras religiones semíticas, como el cristianismo).

La Djihad (Yihad) uno de los pilares del chiismo, constituye el esfuerzo y llamado personal y colectivo (las mas de las veces, con una marcada connotación militar) a extender la ley de Dios entre los no creyentes (Dar al Harb, mundo no musulmán), buscando la defensa y expansión del estado islámico. Todo no creyente, o mejor dicho, todo aquél que no siente y acepta dicha visión, cabe dentro de esta “malebolge” diría Dante: Europeos, Americanos, Asiáticos, Cristianos, Judíos, Protestantes, Anglicanos, Ateos, Budistas e incluso otros musulmanes. Todos herejes, todos apostatas, todos infieles. El fervor religioso, apelando a lo comentado con anterioridad, domina entonces individual y colectivamente, y provee la plataforma ideológica para la actuación. Aún y cuando muchos comentarios han sido vertidos con respecto a que los nuevos adeptos al movimiento yihadista no son sino jóvenes poco iniciados en la interpretación de los textos que brindan cohesión al ala más radical del Islam, cabe hacer dos apuntes; una nación (o varias) cuya población ha estado ligada históricamente a un culto en particular y el día de hoy, más del 70% de ésta lo profesa, en cualquiera de sus vertientes, resulta un dato relevante que no deber ser pasado por alto. Más allá del fervor de los creyentes, los dogmas permean a los conjuntos sociales que los adoptan; aún más allá, incluso para los extranjeros, la doctrina dogmática y los elementos ideológicos, por si mismos y dado los elementos que analizaba con anterioridad, la respuesta emotiva y la aceptación, pueden conformar y/o alimentar un sesgo cognitivo (irracionalidad, distorsión de la realidad) ya existente de manera individual y brindar unidad, colectivamente, al extremista islámico, tal y como la historia ha hecho notar. Si la humanidad precede a los dogmas y, es consciente de los principios que lo sustentan, el mundo occidental no puede decidirse por una visceral “vendetta”. Ésta sólo habrá de generar un conflicto estéril e interminable. Bombardear naciones destrozadas, en las cuales, numerosos miembros civiles pugnan por la apertura democrática, únicamente incrementa el ambiente de inestabilidad, mismo que contribuye al discurso y trasfondo del denominado Estado Islámico.  

Tanto mi esposa como yo hemos seguido con atención durante las últimas semanas los funestos eventos alrededor del mundo. Ella, cabe mencionar, siente la religión de manera diferente y ora de manera regular no sólo por las víctimas de éstos, sino también por amigos, familiares y sé que, en el fondo, también lo hace por mí. Yo poseo una visión más pragmática, en la cual la humanidad únicamente se tiene a sí misma, ajena a cualquier voluntad supraterrena.  Al finalizar la Tercera Cruzada, el 2 de septiembre del año 1192, Ricardo I de Inglaterra, comandante en jefe del ejercito cruzado y Salah ad Din Yusuf, sultán de Egipto y Siria y líder del ejercito musulmán, acordaron una tregua que permitía el libre tránsito de los peregrinos cristianos a Jerusalén, misma que permanecía bajo el mando islámico. Aquel día, ambos apelaron no a una conciliación dogmática o aun ideológica, por demás imposible, sino al diálogo, la tolerancia y al respeto reciproco de su mutua humanidad. 

Por mi parte, es en esto último en lo que creo.

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Fecha: 
Martes, 08 de Diciembre 2015 - 17:30
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El voto del miedo

El domingo pasado, en la primera vuelta para las elecciones regionales, los franceses dieron un giro radical hacia la derecha. El Frente Nacional, FN, liderado por Marine Le Pen, arrasó con los socialistas del presidente François Hollande y con los conservadores del Frente Republicano, de Nicolas Sarkozy. A Hollande no le sirvió de mucho la respuesta (acertada y efectiva, para muchos) de su gobierno tras los atentados de París. La situación económica, una serie de errores del gobierno y el miedo frente a una islamización radical, llevaron a la debacle de la izquierda en el país galo.

Aunque la historia haya enseñado a los franceses los peligros de las ideologías extremistas, la coyuntura actual es perfecta para el FN y ahora la extrema derecha no sólo ha ganado sufragios debido a la crisis económica, sino también a la amenaza que implica vivir entre terroristas. Llama la atención que la mayoría de los nuevos votos para el FN son de gente joven. Tradicionalmente eran ya mayores los votantes del FN.  

Las urnas hablan lo que votantes callan. Dicho de otra manera, lo que era un secreto a voces, ha dejado de serlo: los franceses ya no quieren a más inmigrantes en su territorio, especialmente, si son inmigrantes musulmanes.

Tras el triunfo del FN, Marine Le Pen dijo que su partido es el único verdaderamente republicano e invitó a todos los patriotas franceses a unirse al FN en la segunda vuelta. 

Pero no siempre fue así. Con la oleada de inmigrantes que llegaron a Francia, a partir de 1950, el país se llenó de musulmanes. Francia les abrió las puertas, les dio todas las facilidades para que empezaran una vida nueva, una vida mejor. En aquel entonces no se veían las ejecuciones repugnantes y violentas a través de vídeos, ni los saqueos de ciudades enteras y mucho menos se mataba a gente a diestra y siniestra en la calle. Gente inocente. Ahora muchos de esos inmigrantes y los que llegaron después de ellos quieren cambiar las reglas de convivencia del país de acogida. No quieren adaptarse a la cultura y a las costumbres de cada lugar. Por el contrario, quieren que sean los franceses, y los europeos en general, los que se adapten a ellos. Rechazan ciertas reglas, cuando ellos mismos jamás permitirían que los occidentales aplicaran sus propias reglas en sus países musulmanes. Utilizan la religión como bastón de mando para cometer sus atrocidades, cuando todos sabemos que no es la religión el problema, sino su interpretación equivocada.  Todo esto, por supuesto, genera desconfianza y miedo entre los franceses, que no están dispuestos a seguirlo tolerando y necesitan de un gobierno fuerte que se encargue del asunto.

La persona que ha conseguido que el Frente Nacional gane nuevos adeptos es Marine Le Pen, luego de que expulsara a su padre, Jean-Marie Le Pen, del partido. Teatro o realidad, el FN tenía que desligarse de su ideólogo, Jean-Marie Le Pen para poder suavizar su discurso ultra nacionalista.  El padre era una ficha.  Antisemita, había dicho que Petain no había sido ningún traidor de Francia, que las cámaras de gas utilizadas durante la Shoa habían sido tan sólo un detalle de la historia, y que ahora los franceses eran gobernados por inmigrantes e hijos de inmigrantes, como el primer ministro Manuel Valls, que era francés sólo desde hacía 30 años, mientras que él lo era desde hacía 1000.

A pesar de la nueva estrategia del FN que consiste en moderar las posiciones políticas del partido, Marine Le Pen se ha mantenido firme con el asunto de los musulmanes en Francia. Al comparecer en un tribunal de Lyon para hacer frente al cargo de incitar al odio racial contra los musulmanes, dijo que Francia estaba ocupada por los inmigrantes, de la misma manera que había estado ocupada por los Nazis durante la II Segunda Guerra Mundial.

Lo que esta mujer propone es una verdadera política de lucha contra la inmigración masiva, sobre todo de la comunidad musulmana, para no exponer a su país a acoger más terroristas islamistas. Su régimen estaría basado en la tolerancia cero y en la expulsión sistemática de los inmigrantes clandestinos. El cierre de las mezquitas radicales y la expulsión de cualquiera que impartiese el odio hacia su territorio. Para ello recomienda la, nada popular medida, de no ayudar a los barcos repletos de inmigrantes y suprimir la cobertura médica de los sin papeles, dentro del territorio francés. Hay que retomar el control de nuestras fronteras nacionales, dijo. Y pretende hacerlo con toda la fuerza de la policía, del ejército y de las aduanas.  

Cuando las ideas de la extrema derecha que condujeron al fascismo en el pasado y dañaron a tanta gente se encuentran en una coyuntura como la actual,  donde un, así llamado, Estado Islámico, demuestra su efectividad para radicalizar a musulmanes de todo el mundo y hacerlos operar, no sólo en atentados con fines estratégicos y simbólicos, como el de París, sino que es capaz de asesinar a sangre fría a unos empleados de oficina en el tranquilo condado de San Bernardino, California y, ¿por qué no?,  en cualquier sitio, a cualquier hora, y en cualquier lugar del planeta…  entonces, el miedo se apodera de la gente, que es capaz de optar por cualquier partido que le ofrezca seguridad; mano dura, como la de Marine Le Pen.

La paradoja radica en que antes de que Al-Qaeda derribara las Torres Gemelas y antes de que el Estado Islámico apareciera en el mapa del terrorismo internacional, la llegada del FN en la Eurocámara se veía ya como un enorme peligro para Europa.

Y ahora, lo que ha pasado puede volver a ocurrir, dijo el presidente Hollande, refiriéndose a las elecciones presidenciales de 2002, en las que Jean-Marie Le Pen, padre de Marine, estuvo a nada de haber ganado en la segunda vuelta contra el ex presidente Jacques Chirac.

En las próximas elecciones presidenciales, Marine Le Pen podría ser electa como presidente de Francia.

El problema con los partidos de ultra derecha europeos: el Partido del Pueblo Danés; La Liga Norte Italiana; Los Demócratas Suecos; Amanecer Dorado, partido neonazi griego; Los independistas flamencos Vlaams Belang de Bélgica; el Partido de la Independencia del Reino Unido; el Partido Liberal Austriaco; y el Frente Nacional francés, es que suelen ser xenófobos y ultranacionalistas, pero más que nada, que rechazan la idea de la solidaridad entre los países europeos, de la Unión Europea que tanto ha costado y que, a pesar de sus fallas, creo que ha demostrado ser la mejor alternativa para competir en un mundo globalizado.  

Una gran parte de los franceses, luego de los atentados de París, ha dicho que prefiere sacrificar libertad a cambio de seguridad. Lo que equivale decir que los musulmanes radicales están echando por la borda muchos de los grandes ideales que se consiguieron tras la Revolución francesa.

Quisiera volver a destacar que con la llegada de la extrema derecha al poder se correría el riesgo de entrar en una atmósfera de xenofobia y satanización de los musulmanes. Y como escribí en mi artículo anterior, los terroristas constituyen una minoría, muy peligrosa, pero una minoría.

Antes de la II Guerra Mundial, los graves problemas económicos y sociales fueron campo fértil para el desarrollo de los regímenes fascistas europeos. Me pregunto si ahora lo que provoque el regreso de ese tipo de regímenes será la amenaza del terrorismo.

¿Dónde quedaron las lecciones de los años 30?

Sólo queda esperar que la moderación del partido sea verdadera y que el FN sea, como afirmó Marine Le Pen, un partido verdaderamente republicano. 

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Martes, 08 de Diciembre 2015 - 17:00
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Hipocresía cristiana

“En la medida en que nuestras sociedades experimentan divisiones, ya sea étnicas, religiosas o económicas, todos los hombres y mujeres de buena voluntad están llamados a trabajar por la reconciliación y la paz, el perdón y la sanación. La tarea de construir un orden democrático sólido, de fortalecer la cohesión y la integración, la tolerancia y el respeto por los demás, está orientada primordialmente a la búsqueda del bien común. La experiencia demuestra que la violencia, los conflictos y el terrorismo que se alimenta del miedo, la desconfianza y la desesperación nacen de la pobreza y la frustración. En última instancia, la lucha contra estos enemigos de la paz y la prosperidad debe ser llevada a cabo por hombres y mujeres que creen en ella sin temor, y dan testimonio creíble de los grandes valores espirituales y políticos que inspiraron el nacimiento de la nación”.

Las palabras arriba anotadas las pronunció el papa Francisco el pasado 25 de noviembre en Nairobi, al dirigirse a las autoridades de Kenia y los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante ese país.

El mensaje papal, impregnado de sensatez y reflejando los valores cristianos de paz y amor al prójimo, se dio 12 días después de los ataques del Estado Islámico en París y contrasta mucho con los diversos líderes y predicadores cristianos estadounidenses de extrema derecha, la mayoría de ellos identificados con los grupos más conservadores del Partido Republicano a los que pertenecen los aspirantes a la candidatura presidencial Ted Cruz, Marco Rubio, Ben Carson y Mike Huckabee.

Estos cristianos, que utilizan los textos bíblicos para justificar sus posiciones ideológicas y políticas, aparentemente se olvidan del Nuevo Testamento cuando se trata de hablar de cómo enfrentar la amenaza terrorista.

Por ejemplo, el presidente de la ultraconservadora Liberty University, Jerry Falwell Jr., dijo el viernes que “si más gente buena tuviera permisos para portar armas ocultas, entonces podríamos acabar con esos musulmanes antes de que entraran y mataran. Vamos a darles una lección, si es que alguna vez se presentan aquí”. Aceptó que en ese mismo momento llevaba un arma en su bolsillo trasero derecho e invitó a los estudiantes a inscribirse en un curso gratuito de uso de armas.

Falwell Jr. y otros cristianos como él han decidido recurrir a un discurso de odio que asustaría al propio Jesús, quien en su Sermón de la Montaña dijo, entre otras cosas: “Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos obtendrán misericordia” y “bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Falwell Jr., Trump, Carson y los demás olvidan otras palabras del fundador de la religión en que basan su discurso político y sus condenas a quienes no piensan igual que ellos. Algunas frases de Jesús que convenientemente dejan de lado: “Ama a tus enemigos y ruega por los que te persigan”, “Al que te abofeteé en la mejilla derecha ofrécele también la otra”, “Guarda tu espada, porque al que mata con espada, con espada lo matarán”. Es más, antes de morir, Jesús no pidió ser vengado, sino que dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Por eso, entre las palabras de Francisco y la de los cristianos hipócritas que tanto influyen sobre la opinión pública estadounidense, me quedo con las primeras.

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Lunes, 07 de Diciembre 2015 - 12:00
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ISIS no nos quiere

Resulta increíble que un buen número de personas opinen que lo que haga o no hagan los soldados terroristas del Estados Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) no tiene por qué preocuparnos a quienes vivimos en México. Después de todo, dicen, el problemas es de los países europeos y Estados Unidos que desde hace décadas se han inmiscuido en los asuntos de la mayoría de los países en donde el islam es la religión mayoritaria, sean países árabes o no.

Quienes tratan de minimizar el peligro que ISIS representa para todos los países del mundo, sin importar cuáles sean las religiones que predominen en ellos, están totalmente equivocados. Para el autoproclamado califa del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, el enemigo del islam es cualquier persona que profesa una religión distinta al islam en que él cree, una rama yihadista del sunismo llamada salafismo, palabra derivada del árabe salaf al salih (los ancestros píos). Estos ancestros son Mahoma y sus primeros seguidores, a quienes los salafistas veneran e imitan como los modelos ideales de conducta.

Para los salafistas, quien no cree en lo que ellos creen es un infiel y no merece vivir. Esto incluye a cristianos, judíos, budistas, hindúes, seguidores de cualquier otra religión e incluso a los musulmanes que no crean lo mismo que ellos.

Y en México, olvidan estos despistados o ignorantes que tienden minimizar el riesgo que representa ISIS, el 88.0% de la población es católica, el 5.2% es protestante, el 2.0% pertenece a alguna denominación cristiana que no sea católica o protestante, el 0.05% es judía, el 0.31% pertenece a otras religiones y el 3.5% es atea, agnóstica o creyentes sin filiación religiosa. Es decir que casi el 100% de los mexicanos somos vistos como enemigos del Estado Islámico. Y digo casi, porque ignoro si los 3,760 musulmanes que hay en el país son salafistas o no.

Ahora bien, para quien dude de lo que he escrito hasta ahora, a continuación transcribo parte del discurso que el califa Baghdadi pronunció el:

“Musulmanes: el Islam nunca fue por un día la religión de la paz. El Islam es la religión de la guerra. Su Profeta (la paz sea con él) fue enviado con la espada como misericordia para la creación. Se le ordenó hacer la guerra hasta que Alá sea el único en ser adorado. Él (la paz sea con él) le dijo a los politeístas de su pueblo: ‘He venido a ustedes con la masacre’. Luchó contra los árabes y no árabes en todas sus diferentes colores. Él mismo partió a la lucha y participó en decenas de batallas. Nunca por un día se cansó de la guerra.

“Sus compañeros después de él y sus seguidores continuaron de manera similar. Ellos no se ablandaron ni abandonaron la guerra, hasta que poseyeron la Tierra, conquistaron el Oriente y el Occidente, las naciones se les rindieron, y las tierras se les cedieron, por el filo de la espada. Y del mismo modo, esta situación se mantendrá por aquellos que los siguen hasta el Día de la Recompensa.

“Oh, musulmanes: los judíos, los cristianos, y el resto de los incrédulos no les aprobarán ni dejarán de hacerles la guerra hasta que ustedes sigan su religión y renieguen de la suya. Esta es la palabra de su Señor (el Poderoso y Majestuoso) y la noticia de su Profeta, el veraz y digno de confianza, la paz sea con él. Estados Unidos y sus aliados judíos, cruzados, chiitas, secularistas, ateos y apóstatas afirman que su coalición y la guerra es para ayudar a los débiles y oprimidos, ayudar a los pobres, aliviar a los afligidos, liberar a los esclavos, defender al inocente y pacífico, y evitar el derramamiento de su sangre. También afirman que están del lado de la verdad, el bien y la justicia, librando una guerra contra la mentira, la maldad y la opresión, al lado de los musulmanes. ¡Dicen defender el islam y los musulmanes! De hecho, mienten. Y Dios dijo la verdad y Su Mensajero (la paz sea con él) dijo la verdad.

“Oh, Revelador del Libro, Oh, El que es rápido para tener en cuenta, Oh, Alá, derrota a las partes, derrótalos y hazlos temblar. Oh, Dios, encárgate de Estados Unidos y sus aliados los judíos, los cruzados, la chiitas, los apóstatas, y los ateos. Nuestro Señor, oblitera su riqueza y endurece sus corazones para que ellos no crean hasta que vean el tormento doloroso. Nuestro Señor, perdona nuestros pecados y el exceso cometido en nuestros asuntos y planta con firmeza nuestros pies y danos la victoria sobre los infieles”.

Más claro ni el agua. ISIS no nos quiere y busca nuestra muerte.

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Lunes, 23 de Noviembre 2015 - 12:00
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El mito de la islamización de Europa

A raíz de los ataques terroristas del viernes pasado en París circula en las redes sociales información que asegura que, debido a los millones de musulmanes que ahí radican, en cuestión de pocos años Europa será un continente en donde el islam será la religión mayoritaria. Los datos desmienten esta información y señalan que los seguidores de Mahoma seguirán siendo minoría en todos los países europeos durante lo que resta del siglo 21.

Hoy en día, el porcentaje de población musulmana en los países de la Unión Europea es como sigue: Chipre 25.3%; Bulgaria 13.7%; Francia 7.5%; Holanda 6.0%; Bélgica 5.9%; Alemania 5.8%; Austria 5.4%; Grecia 5.3%; Reino Unido 4.8%; Suecia 4.6%; Dinamarca 4.1%; Italia 3.7%; Eslovenia 3.6%; Luxemburgo 2.3%; España 2.1%; Croacia 1.4%; Irlanda 1.1%; Finlandia 0.8%; Rumania 0.3%; Estonia 0.2%; Malta 0.2%; Letonia 0.1%. Menos del 0.1% en Lituania, República Checa, Hungría y Polonia.

Es cierto que la población musulmana de Europa ha crecido mucho en las últimas décadas, casi un punto porcentual cada década, del 4% en 1990 al 6% en 2010 y, según las proyecciones, al 8% en 2030 y al 10.2% en 2050.

La mayor cantidad de musulmanes en un país europeo, en números absolutos, se encuentra en Rusia. Son 14 millones y representan apenas el 10% de la población total.

2.7% de los musulmanes del mundo vivían en Europa en 2010. En 2030 serán el 3.0%.

Los números arriba anotados indican que aún falta mucho tiempo para que se establezcan califatos en España, Francia o Alemania, como algunos aseguran. Las tasas de natalidad entre los musulmanes europeos, conforme disfruten de mejores estándares de vida y accedan a niveles de educación superiores, tenderán a disminuir, lo que hará más difícil que se conviertan en mayoría en los países de Europa, excepto, claro está, en Albania, que actualmente tiene una población mayoritariamente musulmana (82.1%).

Los números también nos muestran que la llegada de cientos de miles de refugiados sirios e iraquíes a Europa y otros países occidentales, como son Estados Unidos y Canadá, no afectarán sus porcentajes de población musulmana. Las proyecciones indican que en 2050 en número de seguidores del islam en Estados Unidos no será mayor del 2.1% de la población.

En resumen, la inminente islamización de Europa es un mito.

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Miércoles, 18 de Noviembre 2015 - 12:00
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El suicidio y la defensa del islam

132 muertos y 352 heridos dejaron los ataques terroristas del viernes pasado en París. Los hechos se desarrollaron de la siguiente manera (todas las horas son Hora del Centro de Europa):

Noviembre 13: 21:20 – Primer atentado suicida con bomba en el Stade de France, en donde las selecciones de futbol de Francia y Alemania sostenían un partido amistoso en presencia de miles de aficionados, entre ellos el presidente francés François Hollande; 21:25 – Balacera en la calle Bichat; 21:30 - Segundo atentado suicida con bomba en el Stade de France; 21:32 – Balacera en la calle Fontaine-au-Roi; 21:36 – Balacera en la calle Charonne; 21:40 - Atentado suicida con bomba en el boulevard Voltaire; 21:40 – Tres hombres entran al teatro Bataclan y empiezan a disparar; 21:53 - Tercer atentado suicida con bomba en el Stade de France; 22:00 Toma de rehenes en el Bataclan.

Noviembre 14: 00:20 – Fuerzas de seguridad entran al Bataclan; 00:58 – Concluye el sitio del Bataclan.

No solo los cuatro terroristas en el Stade de France y en el boulevard Voltaire se suicidaron al hacer detonar los chalecos bomba que llevan puestos. También dos de los que atacaron el Bataclan decidieron acaban con sus vidas de la misma manera. El otro agresor del teatro fue muerto a tiros por la policía antes de que pudiera detonar su chaleco.

A quienes vivimos en Occidente nos parece terrible y nos preocupa que existan musulmanes fanáticos que sin mayor problema participen en ataques terroristas sabiendo que no sobrevivirán, que acepten ser bombas humanas y se hagan explotar con el único fin de matar a civiles inocentes. Sin embargo, lo que más debe preocuparnos es el número de musulmanes que, sin ser clasificados como extremistas, fanáticos o yihadistas, justifican los atentados suicidas con bombas para defender al islam.

Durante los meses de abril y mayo del año pasado la encuestadora Pew Research Center realizó una encuesta entre 14,244 personas en 14 países con una importante población musulmana. Entre las preguntas que les hizo a los encuestados estaba esta: “Algunas personas creen que los bombardeos suicidas y otras formas de violencia contra objetivos civiles se justifican con el fin de defender al islam de sus enemigos. Otras personas creen que, sin importar la razón, este tipo de violencia nunca se justifica. ¿Cree usted personalmente que este tipo de violencia es muchas veces justificada para defender al islam, a veces justificada, raramente justificada o nunca justificada?”.

Que los bombardeos suicidas se justifican muchas veces/a veces con el fin de defender al islam de sus enemigos fueron apoyados por los siguientes porcentajes de musulmanes encuestados:

Palestina: 46%; Líbano: 29%; Egipto: 24%; Turquía: 18%; Jordania: 15%; Túnez: 5%; Bangladesh: 47%; Malasia: 18%; Indonesia: 9%; Paquistán: 3%; Tanzania: 26%; Nigeria: 19%; Senegal: 15%; Israel: 16%.

Estas cifras de por sí son alarmantes y si les añadimos los porcentajes de quienes creen que raramente está justificado un bombardeo suicida, es decir que opinan que tal vez sí hay alguna razón que justifique este tipo de ataques, aumentan a los siguientes porcentajes:

Palestina: 59%; Líbano: 44%; Egipto: 59%; Turquía: 29%; Jordania: 44%; Túnez: 8%; Bangladesh: 61%; Malasia: 33%; Indonesia: 22%; Paquistán: 7%; Tanzania: 45%; Nigeria: 26%; Senegal: 31%; Israel: 46%.

En los 14 países arriba anotados viven aproximadamente 830 millones de musulmanes. Decenas de millones de ellos opinan que los bombardeos suicidas se justifican muchas veces/a veces con el fin de defender al islam de sus enemigos y millones más aceptan que raramente está justificado un bombardeo suicida. Con estos números no debe sorprendernos que siete de ellos hayan decidido detonarse el viernes pasado y que durante los años recientes centenas más hayan cometido ataques suicidas en Europa, África, Asia, Medio Oriente y Estados Unidos.

Antes esta realidad hay una sola pregunta que exige respuesta: ¿Cómo combatir a fanáticos que creen que al participar en un acto terrorista suicida defienden a su religión?

La Encuesta del Pew Research Center puede verse en http://www.pewglobal.org/2014/07/01/concerns-about-islamic-extremism-on-the-rise-in-middle-east/

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Martes, 17 de Noviembre 2015 - 12:00
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En ninguna parte: Exilio y desarraigo

Después de cuatro años de una cruenta guerra civil, en medio de un complejo éxodo y enfrentando muchas dificultades, algunos sirios están encontrando, poco a poco, países dispuestos a refugiarlos. Al filo de la tragedia y la desesperación, cada uno llega cargando su propia historia de dolor.

¿Debe Europa recibirlos?

Van a la deriva y, una vez en su nuevo destino, comienzan el período de adaptación. Para algunos será más fácil que para otros. El sentimiento que tiene una persona cuando abandona su país, a causa de la guerra, es muy diferente que cuando lo hace por motivos personales.

La guerra es devastadora.   

El desarraigado, escribió el poeta Enrique Lihn, no está de turista en una tierra extranjera; está todos los días de paso. El destierro es estar en ninguna parte, es el fantasma para el que no hay lugar.

De acuerdo con algunos relatos de refugiados, durante el período que el refugiado pasa en busca de un sitio donde asentarse y, una vez ya instalado, experimenta una inquietante inmovilidad, acompañada de una insoportable incertidumbre. Escucha voces, tiene visiones y sueños relacionados con su vida anterior, con sus muertos y sus agresores. Su mundo se ha trastocado por completo. Desconfía de todo el mundo. Tiene cambios de personalidad. Se le ha roto el espíritu.  

El exiliado, sobre todo el refugiado de guerra, siempre arrastra consigo la melancolía de lo que ha perdido. Los refugiados han abandonado sus casas, familias y amigos; los lugares que frecuentaban, su cultura y sus costumbres. Su identidad. Se sienten ajenos a la vida del lugar donde llegan y ese sentimiento los persigue durante mucho tiempo. A veces, para siempre.

Todo refugiado de guerra tiene que hacer un duelo por sus pérdidas. Y en medio de esa vulnerabilidad, reconstruir un hogar, una familia y un nuevo entorno social. Pegar sus piezas rotas. Rehacerse a sí mismos. Muchas veces se buscan entre ellos para sentirse menos solos. Se reunen en casas y cafés y hablan de su país. De los dictadores que tienen que caer, para que ellos puedan regresar. Muchas veces no regresan nunca. Algunas veces, en los países de acogida, son bien recibidos por la gente y otras, rechazados. En todo caso, el rechazo es mejor que vivir la guerra.

El escritor Roberto Bolaño, que era un maestro de exilios, escribió que exiliarse no es desaparecer, sino empequeñerse, ir reduciéndose lentamente o de manera vertiginosa, hasta alcanzar la altura verdadera, la altura del ser. Y se preguntaba: ¿La «tierra extraña» es una realidad objetiva, geográfica, o más bien una construcción mental en movimiento permanente? 

Lo cierto es que algunos refugiados o exiliados de guerra, con el tiempo, no sólo consiguen adaptarse a su nuevo hogar, sino que hacen importantes aportes al país que los recibió.

Luego de que los países árabes más ricos les dieran las espalda a sus, supuestos hermanos, árabes y musulmanes: los sirios; Europa, que por obvias razones ha tratado de frenar los flujos migratorios hacia sus países miembros, se ve en la obligación moral de recibir a estos millones de seres humanos que huyen de la guerra. La situación llega en un momento muy difícil. Europa está en crisis y tiene muchos problemas con el Islam.

Recibirlos no debe limitarse a proporcionarles las necesidades básicas. Tienen que dar trabajo a los adultos y educación a los niños. Insertarlos a los sistemas de salud. Enseñarles el nuevo idioma. Hacerlos productivos. Buscar qué pueden aportar al país de acogida. Sólo así se sentirán útiles y se integrarán de una forma sana a la sociedad. Su repatriación podría tomar mucho tiempo y, en muchos casos, nunca llegar.

Hay cosas que no están en discusión y ésta es una de ellas. No hacer nada o no hacer lo suficiente, sería un error histórico imperdonable.

No es una cuestión de política, raza, religión o nacionalidad.

Se trata, ante todo, de un acto de humanidad. 

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Miércoles, 09 de Septiembre 2015 - 17:00
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La ajetreada agenda del Papa Francisco

La agenda del papa Francisco, como de costumbre, pero quizá un poco más en esta ocasión, está saturada. El próximo sábado 6 de junio, el Papa estará en Sarajevo, capital de Bosnia Herzegovina, ciudad con mayoría bosnia y musulmana, a la que se suman dos comunidades cristianas: la ortodoxa serbia, que es mayoritaria, y la católica croata, que apenas representa el 15% de la población.

Pero antes de ir a Bosnia, Francisco se entrevistará esta semana con las presidentas de Chile y Argentina, así como con los presidentes de Venezuela y Colombia. Esto es relevante porque el 5 de julio iniciará la gira apostólica por América Latina. Visitará Bolivia, Ecuador y Paraguay y regresará a Roma el 13 de julio. El problema es que hay un conflicto a la vista en el que al Papa se le atribuye un interés particular, que desde el punto de vista institucional, no tiene por qué serlo.

Y el pasado jueves 28, el Papa se reunió al ex presidente uruguayo José Mújica, quien había anticipado que hablaría con el pontífice de "la dificultad de integración entre todos los países latinoamericanos". Esto, si bien genérico, alude a un conflicto actual: la salida al mar que Bolivia le pelea a Chile casi desde la independencia.

Desde hace siglos, la Santa Sede como actor internacional ha sido mediador en conflictos fronterizos; entre 1979 y 1980, medió entre Chile y Argentina con respecto a la posesión del Canal de Beagle, lo que evitó una guerra en ambas naciones.

Ahora el papel mediador de la Santa Sede está siendo cuestionado porque ahora parece haber un conflicto de interés, que no tendría que serlo, excepto por la susceptibilidades nacionalistas que existen en el cono sur, en específico entre argentinos y chilenos, mismas que tocan de cerca la credibilidad del Papa Francisco en la mediación entre chilenos y bolivianos por la salida al mar.

El caso es que la presidenta Michelle Bachelet y su gabinete están preocupados porque la gira papal sea instrumentalizada para que se dé un laudo internacional en favor de que se le dé a Bolivia salida al mar y probablemente éste sea un tema que abordará en su visita al Vaticano.

El presidente boliviano, Evo Morales, desde diciembre aseguró que la visita papal será exclusivamente pastoral y que los chilenos estaban un tanto paranoicos porque no habría ningún intento por solicitar la mediación pontificia. Pero el tema, por la parte chilena, sigue vigente y el viernes cinco se sabrá qué pasó, si el Papa mediará en favor de Bolivia - como creen los chilenos, en una estrategia que parece haber sembrado el gobierno en medio de la crisis que vive - o si declinará por un conflicto de interés, simplemente por ser argentino de nacimiento.

Lo que me parece es que los chilenos no entienden que no entienden que el Papa ya no es un nacional argentino nada más, sino el líder de mil millones de católicos… y que, en caso de participar, se tendría que ajustar a las normas del Derecho Internacional.

El caso es que el próximo fin de semana estará agitado, pues el Papa recibe el viernes a la presidenta chilena, el sábado va a Bosnia y el domingo recibe por la tarde a Cristina Fernández de Kirchner - séptimo viaje que la presidente argentina hace a Roma para, suponemos, contarle sus cuitas y obtener el consejo papal de primera mano -; por la mañana, Bergoglio se reunirá con Nicolás Maduro, en lo que espera una entrevista ríspida por la situación de los líderes opositores, aunque realmente el que está llevando el tema es el cardenal Parolin, quien antes de ser secretario de Estado fue nuncio en Venezuela, así que conoce a cabalidad la situación. Con toda probabilidad, tanto el Papa como Parolin abogarán por los opositores al régimen y le darán alguno que otro “coscorrón” a Maduro …

Por otra parte, el Papa Francisco llevará a los Balcanes, en su octava gira internacional, un mensaje de reconciliación y tolerancia para la convivencia pacífica y el diálogo interreligioso en Sarajevo, ciudad que todavía sufre los estragos de la guerra librada entre 1992 a 1995. Sin duda, uno de los daños colaterales de la caída del Muro de Berlín, pero las raíces del conflicto se hunden en los siglos de dominación turca y la posterior adscripción a uno de los imperios más multinacionales que han existido: el austro-húngaro.

La visita papel es más que nada simbólica y busca fortalecer el diálogo ecuménico e interreligioso que ha sido tan difícil en esa zona durante los últimos 25 años.

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Lunes, 01 de Junio 2015 - 18:00
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