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Sí hay verdaderas buenas noticias

La “buena noticia” que el presidente Andrés Manuel López Obrador presumió el miércoles pasado fue el mediocre 0.1% de crecimiento de la economía durante el segundo trimestre de este año, según el cálculo preliminar que un día antes dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Sin embargo, con tal de denostar a quienes equivocadamente habíamos pronosticado que la economía estaba en recesión, Andrés Manuel perdió la oportunidad de dar a conocer otros datos que el martes y miércoles también difundió el INEGI, los que indican que el producto interno bruto (PIB) de algunos estados creció de manera importante durante el primer trimestre del año.

Efectivamente, el miércoles 30 de agosto el INEGI dio a conocer su Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (cifras durante el primer trimestre de 2019) que muestra que “las entidades federativas que tuvieron el mayor incremento respecto al trimestre inmediato anterior en su actividad económica fueron: Tlaxcala, Sinaloa, Baja California, Yucatán, Colima, Hidalgo, Morelos, Coahuila de Zaragoza y San Luis Potosí”.

De acuerdo con el INEGI, el crecimiento económico de estos estados durante el primer trimestre de este año respecto al cuarto trimestre del año pasado, fue así: Tlaxcala 4.4%, Sinaloa 2.4%, Baja California 2.1%, Yucatán 1.8%, Colima 1.6%, Hidalgo 1.6%, Morelos 1.2%, Coahuila 1.1% y San Luis Potosí 1.0%.

Con base en estos datos, quienes sí podían haber presumido buenas noticias el miércoles pasado eran los gobernadores de Tlaxcala, el priista Marco Antonio Mena; de Sinaloa, el priista Quirino Ordaz; el de Baja California, el panista Kiko Vega; el de Yucatán, el panista Mauricio Vila; el de Colima, el priista José Ignacio Peralta; el de Hidalgo, el priista Omar Fayad; el de Morelos, el pesista Cuauhtémoc Blanco; el de Coahuila, el priista Miguel Ángel Riquelme; y el de San Luis Potosí, el priista Juan Manuel Carreras.

El PIB decreció en el primer trimestre en relación al último de 2018 en Aguascalientes -3.9%, Baja California Sur -2.5%, Ciudad de México -1.4%, México -1.4%, Oaxaca -1.2%, Guanajuato -0.8%, Chiapas -0.4%, Jalisco -0.4%, Sonora -0.4%, Zacatecas -0.4%, Chihuahua -0.1%, Quintana Roo -0.1%, y Tabasco -0.1%.

Los 10 estados restantes crecieron entre 0.1% (Nayarit) y 0.8% (Campeche).

Todos estos números los podría haber utilizado antier AMLO para decirnos que 21 de las 32 entidades registraron crecimientos superiores a 0.4% en el primer trimestre, que nueve de ellos crecieron más del 1.0%, que tres lo hicieron en más del 2.0% y uno superó el 4.0%.

Es más, ya encarrerado, podría haber añadido que en el primer trimestre del año en curso 19 estados registraron un aumento del PIB respecto al primer trimestre de 2018. Algunos de ellos crecieron espectacularmente, como Sinaloa (6.1%), Nuevo León (3.3%) y Yucatán (3.1%), otros arriba del 2.0% (Baja California, Baja California Sur, Colima, Chihuahua, Quintana Roo, Tlaxcala y Veracruz.

Andrés Manuel enfrenta el embate cotidiano de quienes se niegan a que muera el viejo régimen de privilegios y clases doradas. La mejor manera para enfrentar esos ataques es demostrando que sí ocurren cosas buenas en México y que sí hay buenas noticias.
 

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Viernes, 02 de Agosto 2019 - 13:00
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Viernes, 02 de Agosto 2019 - 21:45
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Sábado, 03 de Agosto 2019 - 09:00
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¿Futuros Capos o sicarios?

El tema del narcotráfico no es algo nuevo en nuestro país. Hay todavía cosas de las que no se habla, tanto que tienen un mayor impacto en la sociedad. Uno de ellos son las comunidades campesinas, destacándose la participación de los niños que viven en estas zonas marginadas, quienes están expuestos a servir a los capos a fin de obtener beneficios y “salir adelante”. Siempre se habla del narcotráfico, pero, ¿cuándo nos hemos puesto a pensar en los niños que trabajan para éstas organizaciones?

Creciendo entre la maleza

Hoy, Julián (a quién le llamamos así para proteger su identidad) es un chico de 21 años. En su cara se puede ver la dureza de la vida, que a su corta edad conoce lo peor de ella. Es el segundo de cinco hijos en el matrimonio de sus padres. Recuerda que desde niño ha sufrido por falta de recursos y sólo pudo estudiar hasta la primaria. Para poder estudiar más tenía que viajar una hora o caminar hasta dos o tres horas por entre la sierra del estado de Michoacán, lo que implicaba más gasto para sus padres y menos comida para sus hermanos.

Recuerda que de niño le encantaba disfrutar de la compañía de su hermano mayor, con quien coreaba los corridos que escuchaba la mayoría en la región y que además era su cómplice en juegos entre la sierra y los cultivos de maíz de su padre. Desde muy pequeños tuvieron que ayudar para poder incrementar el poco dinero para sobrevivir. Como es de esperarse, lo hicieron crecer desde muy temprana edad; se tenía que hacer responsable de duras tareas para apoyar a su padre; pronto tenía que dejar de jugar, pues era una “pérdida de tiempo”. Ahora tenía que ser un hombre más en la casa.

Cuando se le ocurría hacer travesuras con sus hermanos la felicidad les duraba poco, porque en menos de lo que canta un gallo salía su madre con el lazo que tenía más próximo y con toda la fuerza lo dirigía a la espalda para castigarlo por lo que había hecho. Pero el castigo no terminaba ahí, al enterarse el padre recibía una golpiza de nueva cuenta y había más labores para el día siguiente. Cuenta Julián que eso lo marcó mucho, porque tuvo que crecer y dejar los juegos “pa’ luego”.

Su hermano mayor emigró a Estados Unidos en busca del “sueño americano”. Su padre enfermó, murió y él tuvo que tomar el papel del hombre de la casa a los 14 años. Tenía que ir a sembrar al campo, recolectar, vender y llevar lo necesario a casa para mantener a su madre y sus hermanos; poco a poco el hambre era mayor, la necesidad crecía y el trabajo escaseaba.

Por la zona se empezaba a saber de unos vándalos que habían llegado de Morelia. Los desalmados que se robaban a las chicas, pedían cuotas a los ganaderos y a los productores, se la pasaban extorsionando a quien se les ponía enfrente. Se emborrachaban y viajaban siempre en “camionetotas”, portaban armas, algunos tenían grandes cadenas, no vestían como toda la gente, traían tenis de los buenos –recuerda. La violencia y la carencia se empezaron a apoderar de los pobladores, si demandaban eran asesinados entre ráfagas de armas. El temor era sembrado por un grupo de criminales sangrientos llamados “Zetas”, quienes habían llegado al lugar para apoderarse del territorio, llevándose todo a su paso.

Julián decidió sumarse al grupo de los Zetas, orillado por la necesidad de tener un poco más de dinero para su familia. “Quería vestir bien, comer bien, andar en las camionetas y cantar los corridos”, es así como describe su deseo para ingresar a las filas de los “poderosos”.

Cuenta que para irse ganando los primeros pesos, tenía que andar vigilando, era “halcón” o también llamado “puntero”. Se la pasaba en la plaza, sólo observaba y se memorizaba los movimientos de cada uno de los policías y hasta de los militares. Avisaba de cualquier movimiento raro para alertar a su jefe. Esto parecía fácil, pues ¿quién podría desconfiar de un niño que sólo se la pasaba solitario por el centro? A la vista parecía un indefenso chaval y nada más.

Recuerda que a los punteros es a los que más se les maltrata y los que en la cadena del narco están hasta abajo; sólo son los informantes. Los encargados de avisar cualquier movimiento en el pueblo, quién entra, quién sale y si hay extraños, pero a la primera que fallen se les trata de lo peor “Nos golpean hasta que se cansan y hasta que entiendes que no puede volver a pasar, y a veces sientes que ya no habrá una oportunidad más, no puedes llorar o eres un maricón”. Julián dice estas palabras, él está sentado frente a mí, pero sus ojos tocan aquel recuerdo que debe ser muy doloroso, pues la voz se entrecorta, los ojos se llenan de lágrimas, a pesar de que parece que ya no puede sacar una lágrima más. Un lapso de silencio invade la fría habitación.

Recuerda que en algunas ocasiones rondaban las escuelas en camionetas de lujo, ofrecían regalos a las menores y a base de seducción y engaños las poseían, las secuestraban, en algunas ocasiones luego de pasar muchos días rondando las escuelas. Los fines de semana elegían a las mejores chicas, a las más bonitas y las invitaban a fiestas, las subían a las camionetas. Los punteros cuidaban en la calle por si pasaban los policías o los militares; las drogaban, las violaban y en algún momento de la fiesta los punteros eran requeridos. Los obligaban a drogarse y consumían alcohol para más tarde poseer a las jovencitas, las desaparecían hasta por tres días, luego las abandonaban en la calle.

Cuenta Julián que había ocasiones en las que se metían a la escuela y se robaban a las menores a punta de pistola, y a los primeros padres que quisieron hacer la denuncia fueron asesinados a balazos. Así se ganaron el “respeto” de los otros pobladores quienes ante tantas atrocidades permanecían callados; era lo mejor "o se los cargaba la chingada”.

En estas fiestas fue como Julián empezó a drogarse y a consumir alcohol. Luego llegaron otro tipo de trabajos, le dieron una pistola, ya no sólo se encargaba de dar algunos avisos, empezó a extorsionar, se encargaba de ir a cobrar el dinero o la famosa “renta”, o ir a levantar a alguien que se había pasado de abusado o que simplemente no quería cooperar.

“El primer jalón del gatillo cuando matas a alguien es el más difícil. Algo me decía que no lo hiciera, habíamos levantado a un cabrón que se quiso pasar de listo y no quería entrarle, pero había hablado de más. El jefe dio la instrucción de pasar por él y darle una vuelta. Ya después que valiera madres, era mi turno y esa noche tenía que demostrar que era valiente. Jalé el gatillo directo a la cabeza, era él o yo, así me hicieron hombre”.

Es así como Julián recuerda su primera vez, jalando el gatillo de un arma, que para la edad de 16 años ya era un sicario. Por unos dos mil o tres mil pesos hacían los trabajos que les encargaban. Mientras cuenta el primer jalón del gatillo, se asoma esa desesperación del momento. Hasta las manos se le tensan al recordar el hecho; su frente empieza a sudar frío, sale la segunda lágrima de sus ojos.

“Luego llegaron a la zona un grupo contrario a los Zetas, llegaron con fuerza y protegidos por la gente a la que habíamos hecho daño, nos agarraban desprevenidos, corrió mucha sangre en el estado, se morían muchos amigos, unos se fueron con LFM pa’ salvarse; otros huyeron del estado. Yo me quedé”.

Menciona que de volver el tiempo atrás, jamás se hubiera metido en esas cosas del diablo. Ganó un poco de dinero, pero no pudo disfrutarlo con su madre y sus hermanos. De quienes sólo viven en México él y dos más chicos; los otros se fueron para Estados Unidos y no sabe nada de ellos.

Hasta el día de hoy, Julián no sale a la calle por temor a que la gente busque venganza y lo maten. Cuando llega a salir es sólo a la tienda más cercana y se regresa a casa tan rápido como se puede. Se la pasa el día entero dentro de la casa, casi no come, tiene los nervios a flor de piel y cuando llega la noche llega de nuevo el martirio, no puede dormir hasta que el cansancio lo vence. Algunas veces sueña que llegan por él, llega a sus sueños ese primer jalón del gatillo, pero el que está enfrente es él mismo.

Detrás de ese rostro fuerte, aparentando más edad de la que realmente tiene, esa voz quebrantada por revivir el pasado, se puede entrever el miedo en el que vive. En su mirada de arrepentimiento también muestra a ese niño que podía jugar con sus hermanos y que a pesar de ser pobre, podía vivir tranquilo. Se refleja ese niño que ha quedado encarcelado por la dureza de la vida que le ha tocado vivir y que tuvo que madurar más temprano que cualquier otro infante, es sólo uno más de los miles que han crecido entre la maldad, tachados por una sociedad a la que poco le interesan los niños y su futuro, marginándolos y mostrándoles que lo más importante en esta vida es el dinero y lo material.

Lo más triste y preocupante es que historias como la de Julián hay muchas en el país. Hay algunas que tal vez se le asemejan, pero hay otras tantas que terminaron ya sea en muerte, en tutelares, en niños con problemas de alcoholismo y drogadicción o peor aún, la historia simplemente no ha terminado y esos niños siguen dentro de la delincuencia, reclutando a otros menores, repitiendo y heredando esos estilos de vida.

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Fecha: 
Martes, 05 de Mayo 2015 - 18:30
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La Iglesia en México y el Mundo: Lo que realmente quiso decir…

La entrevista concedida por el Papa Francisco a la periodista Valentina Alazraki requiere de una cuidadosa lectura, que va más allá de los castigos para México por las apariciones guadalupanas. En realidad, la entrevista quiso ser un balance del pontificado de Francisco, pero algunos intereses se cruzaron y el tema de México resultó obligado, generando reacciones encontradas.

El texto revela una profunda reflexión, cuya fineza teológica es ininteligible para quienes no están acostumbrados a un lenguaje de tal naturaleza. Por ello, se entiende el revuelo causado en redes sociales, especialmente en sectores anticlericales, que no entendieron el significado de las palabras de Jorge Mario Bergoglio en lo tocante a México.

La primera pregunta fue por qué no vendrá a México en 2015, a lo que el Papa respondió lo mismo que había dicho con anterioridad: que quería entrar a Estados Unidos desde México, pero que no le había parecido justo no visitar la ciudad de México. Añadió que una visita pastoral implicaría una semana entera.

A la pregunta expresa de Valentina Alazraki sobre qué significaba para el Papa la Virgen de Guadalupe, Francisco comentó sobre el papel de las apariciones guadalupanas en el mestizaje y la evangelización de México y América: definió a la Guadalupana como fuente de unidad cultural y puerta de santidad, en medio del pecado, la injusticia, la explotación y la muerte.

Hasta aquí, todo muy normal. Fueron los siguientes párrafos los que causaron revuelo, en lo que tocó el tema de la migración y el narcotráfico. Con respecto a México, la cita textual es la siguiente:

Volviendo a la migración allí, esa zona, además es una zona de mucha lucha de problemas de narcotráfico ¿no?, es decir. Los Estados Unidos me decían – no quiero tirar estadísticas que después me crean un problema diplomático – pero, me decían, y lo vi en una revista, creo que están entre los primeros consumidores de droga en el mundo y la frontera por la que entra la droga, la principal, es la mexicana. Entonces ahí también se sufre ¿no? Morelia, toda esa zona, es una zona de mucho sufrimiento donde también las organizaciones de traficantes de droga no se van con chiquitas ¿no?, es decir, saben hacer sus trabajos de muerte, ¿no?, son mensajeros de muerte, sea por la droga, o sea por “limpiar”, entre comillas, a aquellos que se oponen a la droga, los 43 estudiantes, de alguna manera están pidiendo que, no digo venganza, justicia, y que se los recuerde.

Del texto se infiere qué es lo que piensa el Papa acerca del narcotráfico en México: uno, existe una fuerte demanda de estupefacientes en Estados Unidos y la principal entrada de la zona productora es la frontera con México; dos, Morelia, refiriéndose a Michoacán, es uno de los escenarios del tráfico de drogas; tres, los narcotraficantes se ocupan de acabar con los que se oponen al tráfico de drogas, como en Ayotzinapa, tema que abordó en los siguientes párrafos; cinco, México siempre ha padecido conflictos y justo esa aseveración generó la indignación de las buenas conciencias liberales y juaristas:

O sea, México pasó momentos de persecución religiosa, donde engendró mártires. Yo pienso que a México el diablo lo castiga con mucha bronca. Por esto. Creo que el diablo no le perdona a México, que Ella haya mostrado ahí a su Hijo. Interpretación mía. O sea, México es privilegiado en el martirio, por haber reconocido, defendido, su Madre. […] Yo creo que el diablo le pasó la boleta histórica a México ¿no? Y por eso todas estas cosas, usted ve que en la historia siempre ha aparecido focos de conflicto grave ¿no?

¿Quién tiene la culpa? ¿El gobierno? Esa es la solución, la respuesta, más superficial. Siempre los gobiernos tienen la culpa. Sí, el gobierno. Todos tenemos de alguna manera la culpa o, al menos, el no hacernos cargo del sufrimiento. [..] Pero la mayoría del pueblo mexicano es solidario. Y esa es una de las virtudes que tienen ustedes ¿no? Y creo que todos tienen que poner el hombro ahí, para resolver esto de alguna manera ¿no?

Yo sé que es muy difícil denunciar a un narcotraficante. Porque le va la vida, es una especie de martirio ¿no? Es duro, pero creo que todos en situaciones así, sea en México o no en México, tenemos que poner el hombro. O sea el echarle la culpa a un solo sector, a una sola persona, a un solo grupo, es infantil.

Ahí viene justo la interpretación teológica. Según la visión de Bergoglio, México siempre ha tenido conflictos, con lo cual, quien quiera que conozca la historia de los últimos 210 años, no podría menos que coincidir. El mal, ejemplificado como el “diablo” siempre ha metido bronca. En este contexto, tomando en consideración que ésta entrevista es un elemento más de la praxis discursiva del Papa, el mal se equipara a la corrupción, a la ambición, a la falta de solidaridad y toda una serie de pecados sociales que tienen que ver con un orden injusto. Ahora, tomando en cuenta que la historia de la humanidad es, desde el punto de vista teológico, la salvación, entonces el mal persigue a México porque en este país la Madre de Dios se dignó a aparecerse, y eso es parte de la salvación misma. Y esto nos remite a dos aspectos estrictamente teológicos: la frase “non fecit talliter omni natione” que hace parte del culto guadalupano -que quiere decir, no lo ha hecho con ninguna otra nación-; y el carácter apocalíptico de la imagen guadalupana, como la mujer resplandeciente que enfrenta al dragón en el Apocalipsis de San Juan.

Si a lo anterior sumamos que fueron justamente los jesuitas quienes propagaron e impulsaron la devoción guadalupana, no resulta en lo más mínimo extraño que el Papa Francisco, un jesuita latinoamericano, considere que México fue bendecido con la aparición guadalupana, distinción que provoca la ira del maligno, y que se ha expresado en persecución religiosa y la consecuente aparición de mártires, situación única en América Latina. Seguro lo dijo pensando en Miguel Agustín Pro, hoy beato y ejecutado por un crimen que no cometió. Segundo, el Papa, de una manera equilibrada, expuso un aspecto real: el gobierno no puede ser culpable de todo, también la sociedad es responsable de lo que ocurre en un determinado contexto. Tercero, sobre Ayotzinapa, no exoneró al gobierno, pero sí responsabilizó a todos los involucrados en el tema, especialmente al crimen organizado.

Con los elementos esbozados, tenemos una explicación mucho más acorde a la inteligencia y sutileza del papa Francisco, quien se caracteriza por llamar a las cosas por su nombre y expresa abiertamente sus opiniones, a lo cual, sin duda, le asiste todo el derecho.

Y nuevamente, surge el tema de la interpretación de sus palabras por la prensa de lo que el Pontífice se ha quejado en reiteradas ocasiones: o no lo entienden o lo descontextualizan o cabecean mal la nota, como en el caso de marras.

Por lo que hace al tema de la mexicanización como concepto y la molestia del gobierno mexicano, el Papa puso el asunto en su lugar y le dio la dimensión que realmente tuvo: la utilización de un concepto sociológico que alude a una situación precisa en una comunicación privada. Con ello, además de la crítica implícita al sistema político mexicano, evidenció que la cultura política suele utilizarse a modo para, incluso, cambiar los focos de atención a temas no relevantes. Tanto, que según una encuesta que le fue proporcionada, el 90 por ciento de los mexicanos ni se inmutó por el término.

Así las cosas. Si la entrevista fue parte de un esfuerzo por demostrar que el papa Francisco está en buenos términos con México y su gobierno, a primera vista fue un éxito. Sin embargo, una detallada de la entrevista revela una situación distinta. Al final, el Papa llevó la entrevista según su voluntad.

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Fecha: 
Lunes, 16 de Marzo 2015 - 18:00
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La Iglesia en México y el Mundo: Un Consistorio para recobrar el Evangelio.

Para Jorge Damián Valencia, in memoriam

El pasado sábado, el Papa Francisco creó veinte nuevos cardenales, entre ellos, al arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda. En estos momentos, la Iglesia en México cuenta con tres electores en el Colegio Cardenalicio, mismos que podrán votar en un eventual cónclave hasta 2019.

Lo particular de este consistorio es que los nuevos cardenales provienen de países tan periféricos para el catolicismo como Vietnam, Etiopía, Tonga, Cabo Verde y Myanmar, o de diócesis que no suelen ser cardenalicias, como Morelia. Pero también provienen de espacios donde la tragedia humana, en sus diversas manifestaciones, se hace presente en la vida cotidiana. Lo mismo Morelia que Agrigento en Sicilia, son iglesias particulares que viven en medio de la violencia.

En estos momentos, el Colegio Cardenalicio cuenta con 125 electores, entre los cuales, aumenta la proporción de no europeos, pero sigue siendo Europa el continente con más representantes, tanto de electores como de cardenales que pasan de los ochenta años, que son 102.

La ceremonia, como siempre fue una muestra del esplendor vaticano, acaso con un aire de mayor sencillez aunque con el mismo protocolo. Lo más relevante fueron las palabras del Papa Francisco, quien, siguiendo con lo expresado en diciembre acerca del carrerismo eclesial, advirtió a los nuevos cardenales que el nuevo cargo no es una distinción, sino un compromiso mayor para que sean apoyo y eje en la vida de la Iglesia. Esta aseveración es importante, pues dejó en claro que son obispos -sacerdotes completos, igual que el resto de los obispos y que él mismo-, pero con más responsabilidades, mismas que deben acometer con caridad, bondad y alegría. Por supuesto, y en consonancia con lo dicho acerca de las enfermedades de la Curia, el Papa pidió a los nuevos cardenales dejar de lado el orgullo, la ira, los intereses mundanos y los celos.

El Papa propuso asirse más al Evangelio y menos a los legalismos. Un Evangelio de los marginados que busca imitar a Cristo. Y eso es una bocanada de aire fresco en las estructuras eclesiales que por ritualismo y legalismo, en muchas ocasiones, han perdido contacto con el mensaje de Cristo.

Francisco ha puesto el dedo en la llaga: la Iglesia tiene sentido en tanto comunidad de fieles articulada mediante la fe en Cristo-Jesús; las estructuras inherentes a la Santa Sede deben estar en función de esa comunidad de fieles llamada Iglesia. No al revés. Dicho de otro modo, todo el aparato eclesial, las instituciones jurídicas, la doctrina, las acciones de la Iglesia deben ser consistentes con el mensaje de Jesucristo y servir al Pueblo de Dios, en especial a los marginados. Y eso no gusta a quienes, como modernos fariseos, viven una fe formal y ritualista, añorando los tiempos -no muy lejanos, por cierto- en los que el mensaje evangélico fue eclipsado por la personalidad y la agenda política e ideológica de Juan Pablo II.

A pesar de las innumerables críticas -ya hay quienes entre los tradicionalistas que abiertamente dicen que Jorge Mario Bergoglio fue vetado por el padre Peter Hans Kolvenbach, general de los jesuitas hasta 2008, para ser consagrado obispo debido a “defectos de la personalidad” o quienes consideran que el Papa es sólo discurso con respecto a los abusos sexuales cometidos en Chile, por poner sólo dos ejemplos- Francisco avanza inexorablemente hacia su cometido: devolver el sentido primigenio a la Iglesia, hacer de la caridad el centro de la acción eclesial hacia los marginados, tanto en lo concreto, como en lo espiritual y lo emocional. Y no habla de la caridad en un sentido estrecho, sino en forma amplia, de la caridad como la expresión más alta del amor, la caridad que comprende, que alienta, que no juzga sino que busca integrar a la oveja descarriada desde el corazón, no desde el formalismo.

Por eso, el discurso y las acciones de Jorge Mario Bergoglio escandalizan. Y más escandalizarán cuando se concreten en la práctica.

Pero volvamos al consistorio. Los tradicionalistas sostienen que Benedicto XVI no apoya a su sucesor, ni lo considera doctrinalmente adecuado. El supuesto no parece tener correlato con la realidad, pues Benedicto asistió al consistorio y el lenguaje corporal manifiesta una cercanía entre ambos pontífices. El gesto dijo más que mil palabras y cayó como un rayo fulminante para los conservadores como el cardenal Raymond Burke que dijo que si los divorciados pueden volver a comulgar, él se va a “resistir”. Tendría que ser más explícito en lo que consistirá su “resistencia” ¿se hará lefebvriano o veterocatólico?

Las resistencias son innumerables, especialmente en la Curia, pues es justo ahí donde la defensa de los cotos de poder se exacerba y fue una de las principales razones por las que Benedicto XVI renunció al solio pontificio. Por eso mismo suena ilógico que el Papa emérito y el que está en funciones vivan una situación de enfrentamiento y animosidad mutuas.

El cardenal de Washington, Donald Wüerl, ha explicado la situación de forma sucinta en una entrevista: "El hilo común que unifica a todos los disidentes es que están en contra del Papa, porque el Papa no está de acuerdo con ellos y no sigue sus posiciones". Más claro ni el agua. Los conservadores quieren un Papa funcional a sus intereses y bajo ningún aspecto pretenden ser funcionales a los intereses del Papa…

Por eso mismo, el consistorio fue relevante, pues el Papa tiene poco tiempo, incluso se especula que renunciará al cumplir 80 años y deberá dejar todo el entramado institucional listo para llevar a cabo las reformas. El Colegio Cardenalicio es nodal porque el sucesor de Francisco tendrá que ser alguien con ideas y objetivos semejantes y sólo electores afines podrán ser confiables para dar buen cauce al proceso de reforma. Por lo menos, de los dos consistorios realizados, en los cuales creó 39 cardenales, quedarán 20 electores a partir de 2015. De ellos, habría que descontar a Gerhard Müller uno de los principales rebeldes y que para colmo es el prefecto de la Congregación de la Fe.

Probablemente, el Papa podría realizar dos o tres consistorios más, reemplazando así a los conservadores. El perfil de los nuevos cardenales será menos europeo, más periférico y, sobre todo, menos conservador, pero siempre dentro de los límites de la doctrina. Aún habrá “sorpresas” en este pontificado, pero tendencialmente, la reforma está en marcha, por mucho que les pese a los conservadores. “Casual Frank” como los conservadores norteamericanos le motejan, está a la carga.

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Fecha: 
Lunes, 16 de Febrero 2015 - 18:30
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La ruta de la degradación de México

Tenemos un serio problema en México que amenaza con una ruinosa degradación de la ya deteriorada convivencia cívica. De unlado tenemos la crisis de legitimidad del gobierno (en todos los órdenes) que le constriñe el uso legítimo de la fuerza pública. A esta limitante se añade otra igualmente grave: la ineficiencia (por corrupción, por falta de capacitación, etc.) de los órganos judiciales y de los cuerpos policiacos, incapaces de garantizar la integridad personal y patrimonial. En el otro lado del espectro están las víctimas del sistema político patrimonialista a las que se les cerraron los canales de ascenso y movilidad social. Algunos de estos grupos, aquellos bien organizados, aprendieron que sólo se les escucha cuando se amotinan. Y comprendieron que la ruta para participar de las prebendas que arriba se reparten es el chantaje. Esta relación perversa crea vacíos de poder y espacios para el caos.

Michoacán muestra adónde se llega por esa vía. Los profesores de la CNTE, sección XVIII, vieron que la toma de calles les redituó en mayores recursos. Cuando impedir la circulación por las avenidas de Morelia dejó de rendirles fruto, escalaron la apuesta: ahora cerraron carreteras y les fue bien; después tomaron carreteras, calles y casetas de peaje y lograron más; posteriormente secuestraron camiones de transporte público y de reparto de mercancías de empresas y todavía les fue mejor. El ejemplo cundió y otros grupos se sumaron a la ola de protestas con resultados similares. La impunidad se volvió divisa. Poner en subasta la ley generó grandes vacíos de poder que ocupó el crimen organizado, quien se apropió de las funciones del Estado: al tributo le llamó cobro de piso y el chantaje fue el impuesto por la seguridad, etc.

La protesta no creó las condiciones sociales para que llegara la revolución sino para el dominio de la mafia. La impunidad no es laruta revolucionaria pero sí el reino del más fuerte. A este peligroso juego se ajusta el gobierno federal. La mala conciencia del régimen por su falta de legitimidad lo encierra en un círculo vicioso: como el gobernante no cumple la ley, tampoco es nadie para hacerla cumplir. El resultado es el deterioro de la gobernanza y el desprestigio de la cosa pública: el Estado. Resbalamos por el precipicio de la barbarie. En lugar de comprar tiempo para aplicar la ley mientras pasa este o aquel evento electoral o aquella coyuntura política se favorece el fin de la convivencia civilizada. Urge que los poderes federales se sacudan la culpa y convengan abatircorrupción e impunidad a cambio de un “borrón y cuenta nueva”. El complemento es un pacto para distribuir mejor la riqueza económica.

Fecha: 
Jueves, 12 de Febrero 2015 - 18:00
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