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moral

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A propósito de micropartículas

Ha sido hasta en fechas recientes, cuando la OMS puso el foco en la concentración de micro plásticos en cuerpos de agua, y los niveles de estos en el líquido vital para consumo humano.  A partir de un reporte preliminar, publicado el pasado mes de agosto, los investigadores reconocen que hay mucho por estudiar. Es muy grande el contraste de niveles de partículas plásticas en varios reportes, sobre todo las menores de 5 milímetros detectadas en el agua para consumo humano.  Atribuyen esta enorme variación al tipo de filtros utilizados para cribar el agua y analizar su sedimento. En fin, no vamos a tocar el tema más allá, solamente cierro este andamiaje introductorio con un aviso importante para las madres embarazadas o con niños recién nacidos. Buena parte de los micro plásticos en cuestión, provienen de biberones y mamilas. Además, claro, del agua utilizada en la preparación de fórmulas en polvo.  Proporcionar lactancia materna exclusiva es un regalo de vida para sus hijos. Una evidencia más para promover esta maravillosa práctica alimentaria.

Parto de lo dicho sobre plásticos para hablar del mexicano y la legalidad.  Los investigadores descubren residuos plásticos en peces, reptiles, mamíferos, aves, y cuanto ser vivo habite en ambientes acuáticos. Los descubren porque los hay, y los hay en grandes cantidades. Por un momento, en un juego de la imaginación, comparé dichos micro residuos, sobre todo los provenientes del consumo de plásticos de un solo uso, con las partículas “amorales” que vamos acumulando los mexicanos en nuestro diario actuar.  De entrada, debo reconocer que el término “moral” me genera cierto escozor, desde que se ha convertido en palabra manida con fines clientelares. Pero, en fin, la expresión existe y ahora la necesito.  Así que, dejando de lado la forma como en ocasiones se utiliza, hago uso de ella para lo siguiente: los mexicanos estamos invadidos por micropartículas amorales que infiltran nuestro modo de pensar y de actuar.  Y así como, si nos hicieran un aspirado del tubo digestivo, encontrarían residuos plásticos provenientes de todo cuanto hemos ingerido, de igual manera, si nos hicieran un “aspirado de conciencia”, habrían de toparse con grandes cantidades de micropartículas amorales.

La doble moral es tan nuestra como la tortilla.  Digo una cosa y hago otra.  Critico lo que hace el vecino, aunque yo actúe de modo similar, desde lo oscurito.  No pasa nada, mientras no me atrapen en la movida. Y aún así, en caso de que me pongan en evidencia a través de material gráfico, puedo alegar una y mil cosas, para desacreditar la imagen que señala que yo hice lo que sostengo que no hice. Para ejemplos tenemos incontables, hasta el absurdo.

Ahora bien, ¿los grandes pillos surgieron por generación espontánea?, ¿nacieron en el seno de una familia ejemplar, y de repente cambiaron?... Más que evocar la figura de Doctor Jekyll y Míster Hyde, podemos decir que a la fecha la corrupción es tan evidente, puesto que es resultado de una acumulación de micropartículas amorales. Estas nos han ido invadiendo las áreas anatómicas que corresponden a la elaboración de juicios de conciencia. Con la plasticidad que le es propia, el sistema nervioso es capaz de activar o de ir bloqueando regiones involucradas en la conducta ética.  A modo de un gran receptor, el cerebro toma y procesa los elementos culturales que hay en derredor suyo, y mediante el sistema de depuración propio, elige qué guarda y qué desecha.  Ese sistema de depuración proviene, inicialmente, de los principios familiares que le fueron inculcados.  No podríamos atribuir de manera exclusiva a la influencia familiar lo que ocurra a futuro, en la vida adulta de un individuo, pero sí podemos considerar que, en la parte inicial, el marco de principios y valores dentro del cual un niño nace y crece, ejerce un papel fundamental.

El entorno nos bombardea constantemente con partículas amorales milimétricas que llaman a desatender la ley, a actuar por la vía cómoda, sin importar el apego a la honestidad.  Nos llama a sacar ventaja siempre que sea posible, y a ignorar olímpicamente las normas de la comunidad.  Comerciales, series, telenovelas.  Personajes, argumentos, tramas… Me atrevería a decir que poco o nada se salva de esa contaminación “micro amoral” que insta al hedonismo por vía de la racionalización: “Te lo mereces”.  “Si no lo aprovechas tú, alguien más lo hará”, o el clásico “Pero si todo el mundo lo hace”.  Y otro tanto de premisas que nos instalan en la región oscura del “No pasa nada”.

Actuar apegados a lo que debe ser, no por miedo al castigo, no por salir en la foto, no porque me están mirando y debo quedar bien.  Actuar apegados a lo que corresponde por convicción personal, movidos por la certeza de que es lo mejor para todos.  Aplicar la regla de oro. Colocarnos en los sentidos un filtro para atrapar esas micropartículas amorales que nos han llevado hasta donde ahora estamos, en un México indiferente, a ratos violento. Un México donde lo que cuenta pareciera ser la capacidad de controlar a otros, de modo de salirnos siempre con lo que queremos.

La ONU ya se ocupa de los peces y los pelícanos. Mi propuesta es que, cada uno de nosotros, emprenda una descontaminación equivalente, en la formación de esos futuros ciudadanos que hoy tenemos en casa, con los ojos puestos en nosotros, como sus principales modelos a seguir. Del mismo modo en el que tiempo y exposición al plástico alcanzaron el terrible nivel de contaminación que padecemos, hagamos que las pequeñas dosis de ética y moral permeen los pensamientos y las acciones de nuestros niños de hoy, para encauzar a México, hasta llegar a ser el mejor país que puede llegar a ser.

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Fecha: 
Lunes, 07 de Octubre 2019 - 13:35
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Lunes, 07 de Octubre 2019 - 15:50
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Martes, 08 de Octubre 2019 - 04:50
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Cartas a Tora CXXVIII

Querida Tora:

         ¿Ter acuerdas de aquel perro de la vivienda 1, que logró evitar la Tenencia de Mascotas? Pues va a ver lo que pasó con él.

         Ese perro odiaba al portero, y cada vez que éste pasaba cerca, le tiraba mordiscos; pero sólo logró alcanzarlo una vez, y no le rompió nada importante, sólo el pantalón. Pero el portero quería mucho ese pantalón (Regalo de su abuelita, la pobre), y juró que acabaría con él. Y una noche (Por la noche se hacen las  cosas más tenebrosas, como te habrás dado cuenta) citó a todos sus guaruras y les dió dos días de plazo para deshacerse del perro. ¿Cómo? Eso era cosa de ellos.

         Al más se le ocurrió una idea, y todos lo ayudaron a ponerla en práctica. La noche siguiente (Siempre la noche, ¿te das  cuenta?) le arrojaron un pedazo de carne envenenada, que el perro deglutió (No conoces ese verbo, ¿verdad?) con entusiasmo; y cuando cayó exánime, lo tiraron del piso alto a la planta baja. Al caer, el cráneo del perro se abrió y se le salieron los sesos, (Cuando bajaron, todos los guaruras se resbalaron como idiotas; y se fueron riéndose, con los trajes manchados).

         Cuando el señor del 1 descubrió el cadáver, puso el grito en el cielo (¿Te imaginas lo que tuvo que hacer, para llegar tan lejos?), y exigió al portero que encontrara al asesino. El portero dijo que eso no entraba en sus obligaciones; pero vió al señor tan alterado, que dijo que iba a “proceder a la investigación”. Para eso, hizo venir a la enfermera del Seguro Vecinal, y le dijo que le hiciera la autopsia al animal. La enfermera contestó que ella no sabía hacer autopsias, y menos a perros. Pero el portero le dijo que si no la hacía la iba a acusar en su sindicato y que, además, se olvidara de él para esas noches románticas que tanto le gustaban. La mujer tuvo que obedecer, y se puso a trabajar.

         Se pasó el día entero estudiando al perro de cerca, de lejos,  por arriba y por abajo. Y no decía nada. El chamaco del 18, en cuanto lo vió, dijo: “Lo envenenaron. Por eso tiene espuma en la boca”. La enfermera le dió un puntapié y lo amenazó con ponerle una inyección, y siguió estudiando al animal. El señor del 1 se acercó y le exigió que diera un veredicto (Pero el señor del 1 no es muy instruído, y no sabe lo que es un veredicto). La mujer siguió lo mismo (Haciéndose la tonta, en pocas palabras) hasta que llegó el portero y le preguntó qué había averiguado.

         La enfermera se puso los anteojos, para verse más sabia, y dijo que la espuma en la boca era señal de que el perro había contraído rabia. Y como los perros son animales muy inteligentes, se dio cuenta que pronto empezaría a morder a todos los vecinos; y como los perros también son bondadosos y abnegados, prefirió tirarse al patio para acabar con ese mal, a cosa de su vida.

         El portero se quedó con la boca abierta, al escuchar tanta ciencia. Y no quiso ni oir al chamaco del 18,        que le decía lo del venero; ni que el perro no podía haber saltado al vacío, porque estaba sujeto por una correa, ni que la dicha correa estaba cortada con navaja, ni que los trajes de los guaruras estaban manchados de sesos de perro. El portero ensalzó a la enfermera delante de todos los vecinos, les dijo que debían sentirse honrados de tener a una persona tan inteligente y tan culta atendíendo sus enfermedades y pidió un aplauso para ella.,(Y, aquí, entre nos, ese mismo día le regaló una de esas noches románticas que tanto le gustan) .

         El día siguiente, el portero empezó a hablar otra vez de la Tenencia de Mascotas; pero en cuanto se acercó al 1, oyó el ladrido furioso de un perro Doberman, y salió pitando de allí. Lo que pasa es que el chiquito de la familia aprendió a ladrar como el perro; y en cuanto el portero se acerca, los papás le pican las costillas para que empiece a ladrar.

         Ya te informaré si el portero vuelve a la carga. Aunque yo sé que los vecinos se bañan ahora más seguido, para que no les cobre por los piojos que tengan.

Te quiere

Cocatú

Fecha: 
Viernes, 12 de Abril 2019 - 13:15
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Viernes, 12 de Abril 2019 - 15:30
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Sábado, 13 de Abril 2019 - 04:30
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Un Argumento Moral contra la Guerra contra las Drogas

La Suprema Corte de Justicia de la Nación concedió ayer un amparo a cuatro mexicanos para que siembren mariguana para consumo personal, sin incluir su comercio, suministro o distribución. El proyecto aprobado por cuatro de los cinco ministros que integran la Primera Sala señala, entre otras cosas, que los argumentos contra el consumo de la mariguana “no pueden considerarse como razones válidas para intervenir el derecho al libre desarrollo de la personalidad”.

Al respecto, los días 11, 12 y 13 de noviembre del año pasado transcribí en este espacio el artículo intitulado Un Argumento Moral contra la Guerra de las Drogas, escrito por Julian Savulescu y Bennett Foddy y publicado semanas antes en el blog Practical Ethics de la Universidad de Oxford, Inglaterra. Savulescu es el fundador y director del Centro Uehiro para la Ética Práctica en la Universidad de Oxford, Inglaterra, y antes fue el editor del Journal of Medical Ethics, una de las revistas más influyentes en lo que a la ética médica y aplicada se refiere. Foddy es un investigador en el Jesus College de la Universidad de Oxford, especializado en bioética, ética médica y neuroética.

Esto fue lo que transcribí durante esos tres días:

“El ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso ha argumentado que la guerra contra las drogas ha fracasado y que la mariguana debería despenalizarse globalmente. Escribió en 2009 que el enfoque de línea dura ha traído consecuencias ‘desastrosas’ para América Latina.

“Después de haber regresado de Río, uno debe aceptar la opinión de Cardoso. Uno de nosotros estaba quedándose con un eminente profesor de filosofía. Estábamos regresando a su casa con su hija de 11 años de edad cuando nuestro camino fue bloqueado por policías con ametralladoras. Estaban cazando a un narcotraficante en la favela local — este camino era la única vía de escape y se preparaban para un posible altercado.

“Cardoso destaca el fracaso práctico del enfoque de cero tolerancia. Un enfoque de cero tolerancia hacia un crimen como el consumo de drogas siempre fracasará, de la misma manera en que siempre fracasará un enfoque de cero tolerancia hacia el alcohol, la prostitución, o el uso de drogas en el deporte. Paradójicamente, lo peor que uno podría hacer a los barones de la droga en Río de Janeiro no es librar una guerra contra ellos, sino despenalizar la cocaína y la mariguana. Estarían fuera del negocio en un solo día. La oferta de ambas drogas podría supervisarse, controlarse y regularse, - el daño a los usuarios y terceros involucraos se reduciría significativamente.

“El argumento para legalizar las drogas ha sido expuesto con frecuencia, más recientemente por Cardoso y por el Ministro de Relaciones Exteriores de Australia, Bob Carr, quien esta semana fue uno de los signatarios de un informe que declara que ha fracasado la guerra contra las drogas. El argumento es presentado casi siempre en términos de las cargas que nos ha impuesto la guerra contra las drogas en términos de delincuencia y salud pública. Y es cierto que estas cosas nos dan buenas razones para abandonar la guerra de Nixon contra las drogas.

“Pero rara vez escuchamos un argumento moral en favor de la liberalización de las leyes que rigen el consumo de las drogas. Esto es un error. Aunque los expertos nos han dicho una y otra vez que las cosas estarían mejor sin la guerra contra las drogas, los políticos han ignorado esta asesoría experta porque los votantes no quieren que se suavicen leyes antidrogas. Y los votantes quieren esto no porque piensan que saben más que los expertos, sino porque tienen objeciones morales al uso de las drogas. Hay un debate moral oculto detrás de la guerra contra las drogas que parece que nunca podemos hacer público.

“Las primeras prohibiciones contra las drogas tenían una justificación moral, en lugar de una razón práctica. Comenzó con la prohibición estadounidense al consumo del opio, la cual fue motivada principalmente por una objeción moral a que la gente blanca fumara en los fumaderos administrados por chinos. Esto comenzó un movimiento a favor de la prohibición en Estados Unidos. En 1913, la mariguana, que era consumida casi exclusivamente por inmigrantes mexicanos e indios, fue prohibida por primera vez por el estado de California.

“Hoy, las nuevas drogas se añaden a la larga lista de sustancias ilegales porque son calificadas como adictivas, no porque sean perjudiciales. La Ley de Sustancias Controladas de Estados Unidos (Controlled Substances Act) ordena que un medicamento sea prohibido si tiene ‘un alto potencial de abuso’ y ‘puede conducir a una severa dependencia psíquica o física’. La droga no tiene que ser perjudicial en cualquier otro sentido. Según estadísticas del gobierno de Estados Unidos, el paracetamol (acetaminofeno) está involucrado en casi cinco veces más visitas a la salas de emergencia que la MDMA (también conocida como M, cristal o éxtasis), y aún así se vende libremente en los supermercados del mundo.

“Así que la principal razón para que drogas como el alcohol y la cafeína sean legales, mientras que la cocaína y la MDMA no lo son, es que éstas últimas son calificadas como ‘adictivas’. Es cierto que la adicción perjudica al adicto, pero la autodestrucción no justifica la prohibición de una substancia. Como célebremente lo expuso [John Stuart] Mill, la única razón legítima para interferir con la libertad de una persona es cuando ésta pone en riesgo a los demás. Y mientras que algunas veces se argumenta que el ‘problema de las drogas’ nos perjudica a todos, la mayoría de los daños en realidad se originan directamente del enfoque de cero tolerancia – el prohibir las drogas daña a otros cuando son robados, golpeados o asesinados por aquellos que controlan el mercado negro de las drogas.

“Las personas de una mentalidad liberal a veces argumentan que las adicciones exigen la interferencia estatal porque vuelven incompetente al adicto, incapaz de tomar una decisión autónoma sobre consumir drogas o no. El adicto se vuelve como un niño que necesita la protección parental, o en este caso, la protección del Estado. Así, la ‘adicción’ se convierte en un concepto moral, no en una forma de daño. Es una condición que nos despoja de nuestro estatus moral.

“En varios artículos hemos sostenido que es falso ver así a la adicción. Las personas que consumen drogas no sufren de una enfermedad y no necesariamente experimentan alguna caída patológica de su fuerza de voluntad. Al consumir drogas pueden ser imprudentes o irracionales pero, a fin de cuentas, todos lo somos cotidianamente cuando consumimos comida que nos perjudica, participamos en deportes riesgosos, fumamos, bebemos alcohol o apostamos.

“Los adictos pueden darle un mayor valor al placer, o a la excitación, o al escapar de la realidad, pero sus adicciones no son muy diferentes a los deseos que todos sentimos por realizar actividades placenteras. Las personas se vuelven ‘adictas’ al juego, a los videojuegos, al Internet, al ejercicio, al sexo, a las zanahorias, al azúcar y al agua. Estas sustancias o actividades no ‘secuestran’ el cerebro — proporcionan placer utilizando los mismos circuitos cerebrales que las drogas. Cada actividad placentera es ‘adictiva’.

“La discusión pública sobre las drogas incluye los temas de la libertad, la salud y delincuencia, pero rara vez incluye el valor que tiene el placer. No tenemos que ser hedonistas para creer que el placer es uno de los bienes importantes en la vida de una persona. Una sociedad liberal debería ser neutral con respecto a los placeres que puede buscar la gente; no debería forzar a la gente a aceptar obligatoriamente una concepción particular de los placeres ‘buenos’ y ‘malos’.

“Pero más importante aún, si cada comportamiento placentero puede ser adictivo no puede haber razón alguna para suponer que los placeres que otorga el consumo de drogas son menos importantes que los placeres que proporcionan el vino y la buena comida, el alpinismo y el futbol, o navegar por la Internet. Cada una de estas cosas es placentera y, por tanto, cada uno es adictivo y cada uno puede ser perjudicial si se hace en exceso. Pero todos tenemos el derecho de satisfacernos con los placeres que consideramos valiosos, aunque cada uno de estos placeres nos ponga en riesgo de sufrir adicciones o problemas similares a las adicciones como son el alcoholismo, el uso patológico de Internet, la adicción sexual, trastorno alimenticio del atracón y muchas otras.

“El derecho a perseguir el placer justifica la legalización de la drogas, mientras que la adicción y autodestrucción no nos dan buenas razones para prohibirlas. Esa es la esencia de un sólido argumento moral contra la guerra contra las drogas.

“Queda una razón por la cual es posible obstaculizar la libertad y mantener la prohibición al consumo de las drogas. Esta razón es el interés público. Si la sociedad fuera a ser gravemente perjudicada por la liberalización de las leyes en torno a las drogas, ésta podría ser un caso extremo que justificara la prohibición al consumo. Pero nuestra experiencia (ciertamente limitada) sugiere lo contrario: Holanda parece haber reducido su problema de drogas, sin aumentar su tasa de consumo de drogas, mediante la promulgación de leyes relativamente liberales para el consumo de drogas ‘blandas’ como la marihuana. Y como Cardoso argumenta, una prohibición completa parece estar firmemente contra el interés público, manteniendo en el negocio a los barones de la droga y al consumidor y otros en una posición de grave vulnerabilidad.

“En el futuro, quizás nos liberemos de nuestros temores sobre las drogas que proporcionan placer. Podríamos utilizar la ciencia farmacológica moderna para seleccionar o incluso diseñar drogas que nos den el placer o las experiencias que buscamos, drogas que sean baratas y que no representen riesgos graves, agudos o crónicos, a la salud.

“Por el momento, la droga que podemos obtener con la mayor libertad es una de las más adictivas, una que contribuye a generar un comportamiento violento, una que produce daños crónicos a la salud, y el peor síndrome de abstinencia de todas las drogas: el alcohol.

“Ha llegado el momento de adoptar un enfoque racional hacia las drogas”.

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Fecha: 
Jueves, 05 de Noviembre 2015 - 12:00
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