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Para los deudos de los policías michoacanos masacrados, ni el pésame

Viernes, 18 de Octubre 2019 - 09:30

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Eduardo Ruíz-Healy

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No es un asunto menor el que 13 policías estatales de Michoacán hayan muerto a balazos, el lunes pasado, en una emboscada tendida por sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación en el centro del poblado de El Aguaje, en el municipio de Aguililla.

Hace algunos años este caso hubiera conmocionado al país. Hoy, cuando hasta el 31 de agosto se han perpetrado 19 648 asesinatos dolosos, lo que ocurrió ya no sorprende.

De acuerdo con la ONG Causa en Común, en lo que va del año 308 policías han muerto violentamente en el país. En Guanajuato suman 39, en Michoacán 37 (incluidos los 13 que murieron el lunes pasado) en Jalisco 23, en Chihuahua 22, en Sonora 21, en Guerreo 20 y en el Estado de México 19. El año pasado fueron 421.

Se ha vuelto tan común que maten a policías que ni las autoridades federales encargadas de nuestra seguridad reaccionaron ante lo ocurrido el lunes.

Hasta ayer, ni en el presidente Andrés Manuel López Obrador, ni los secretarios de Seguridad Pública, Alfonso Durazo; de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval; de Marina, Rafael Ojeda; ni el comandante de la Guardia Nacional, Luis Rodríguez Bucio, en sus cuentas de Twitter @lopezobrador, @AlfonsoDurazo, @Luis_C_Sandoval, @AlmiranteSrio y @Luis_R_Bucio, respectivamente, habían escrito algo sobre la muerte de los 13 policías. Peor aún, ni su pésame les habían enviado a los deudos de los masacrados.

Pareciera que, al no mencionar el asunto, esperan que la mayoría de los mexicanos olviden pronto lo ocurrido. Tal vez tengan razón, lo cual sería muy lamentable.

Afortunadamente, no todos los integrantes del Gabinete de Seguridad mostraron ser insensibles por lo ocurrido. La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, a través de su cuenta de Twitter @M_OlgaSCordero, ayer se refirió así sobre el caso: “Envío mis más sentidas condolencias a los familiares de los policías Luis Ángel Carrillo Rojas; Marco Antonio González Pineda; Gabriel Ángeles Catana; Pablo Sergio Reynel Murillo; Guillén Maurilio Díaz; Nazario Caín de Jesús; Edder Paul Negrete Trejo; Presto Cruz Flores; José Manuel Cervantes Ponce; Arturo Jonathan Lechuga Guerrero; Luis Gerardo Peralta Pérez; Juvenal López Castolo; y Reynaldo Villegas Álvarez, quienes perecieron en el cumplimiento de su deber en Aguililla, Michoacán. Acompaño en su dolor a las esposas, hijos e hijas, hermanos y hermanas, madres y padres, y amigos de estos funcionarios públicos que dieron su vida por México. QEPD”.

Sánchez Cordero hizo bien al enviar sus condolencias a los familiares de los policías, pero mejor hizo al identificarlos, porque ninguno era tan solo un “elemento”, término que sus jefes utilizan para referirse a ellos, sino un ser humano con nombre y apellidos que fue el hijo, padre, esposo o hermano de alguien; un mexicano que formó parte del “pueblo uniformado” y que murió por servir a sus semejantes.

No puede ser que cuando fallece un familiar de un funcionario público de alto nivel, tanto AMLO como los funcionarios antes mencionados le manifiesten vía Twitter su solidaridad por “tan sensible pérdida” y no lo hayan hecho en el caso de los policías michoacanos. Nada lo justifica, a menos que apuesten por el pronto olvido o, de plano, no les importen esos muertos.

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Número 34 - Octubre 2019
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